El Morcillu Don Pericu revivió para encabezar el Carnaval Jurdanu

El relato legendario lo oímos contar docenas de veces.  Siempre se remontan los informantes jurdanos a los tiempos brumosos e imprecisos de cuando, en Las Hurdes, reinaba el Rey Batuecu. Por la cuenta, un día estalló una gran guerra más allá de las fronteras del territorio jurdano y mozuelillos, mozos y hombres, hasta los que estaban tullidos, tuvieron que alistarse a la fuerza.  Las Regorbas, otros personajes míticos de estas tierras y que eran medio hechiceras, videntes y consejeras áulicas de los reyes y otros personajes influyentes, decidieron que era obligatorio participar en aquella guerra, a fin de evitar males mayores.  Pero pasó un año, y otro, y otros más, y ningún varón regresaba.  SIG TopografíaY, claro, las mujeres echaban de menos el calor y la compañía de un hombre en la cama y fueron a pedir consejo al Zajuril, el emblemático personaje, ya entrado en años y que, con su piel de lobo sobre las espaldas, recorría los lugares y aldeas de la comarca, siempre arreglando pleitos, reforzando acuerdos, aviniendo al personal, remediando males con sus hierbas y otras sustancias medicinales y transmitiendo las leyes consuetudinarias y toda la cultura tradicional del territorio jurdano.  Nadie podía cerrarle las puertas y tenían que darle lecho, techo y comida.

Felix Barroso
“Don Pericu” es transportado por “El Morcilleru” y va camino de la hoguera, en el “Carnaval Jurdanu” de La Rebollosa-Riomalo de Abajo. (Foto: Extremadura Virtual Net).
Felix Barroso Las Hurdes Norte de Extremadura
Vista del pueblo de Pedro Muñoz (en jurdanu, Peroti), donde toca este año celebrar la 30 edición del “Carnaval Jurdanu”. (Foto: “Peroteru”)

Las mujeres jurdanas se plantaron ante él y le dijeron: –Mirá, señó Zajuril, jaci ya ni se sabi el tiempo que luh nuéhtruh jómbrih marchorin a la guerra y ni sabémuh si ehtán muértuh o vívuh.  Y nusótrah, cumu voh comprenderéih, sémuh cumu la tierra, que si éhta quieri simienti, nusótrah lo mehmu, que eh de necesiá tené dehcendencia pa que no se moh derroti la jacienda.  Y el Zajuril se percató que la única solución era ir en busca de aquel fauno o silvano, mitad macho cabrío y mitad hombre, con grandes atributos sexuales, al que unos le decían El Mingorru; otros, Pericón el Galicianu, pero que, más tarde, devino en El Morcillu o Don Pericu a secas.  Llegaron al acuerdo que este gigantesco personaje debería acostarse cada noche con una mujer de Las Hurdes.  Y, según refieren, cuando entraba en el cuarto, se convertía en un hermoso galán, satisfaciendo largamente a la compañera.  Pero he aquí que cierto día regresaron los hombres de la guerra y se enteraron del asunto.  Rápidamente, se organizaron, lo buscaron por lo más agrio de las sierras y lo capturaron.  Lo bajaron al pueblo y lo condenaron a ser escarnecido y apaleado por las calles y, luego, ahorcado y quemado, para que no quedara ni huella de él.

Confección de El Morcillu

Felix Barroso Las Hurdes norte de Extremadura
Manuel Roncero Domínguez, antes de meterse en su papel de “Zajuril”, calibrando el falo de “Don Pericu”, en el “Carnaval Jurdanu” de Azabal. (Foto: Vicente Martín Martín)

El gran pelele, conocido comúnmente como El Morcillu o Don Pericu, deben confeccionarlo cada año los vecinos de la alquería (aldea) donde toca celebrarse, de manera rotativa y rigurosa.  Por ello, los vecinos del pueblo de Pedro Muñoz (en jurdanu, Peroti) ya lo tienen a punto de caramelo.  El Morcilleru, que es otro personaje vestido estrafalariamente, con el rostro y las manos totalmente tiznadas y una buena colección de campanillos a la cintura, es el encargado de pasear al Morcillu por todo el pueblo. Siempre va encabezando el cortejo carnavalesco, cuyos componentes ya hicieron de las suyas a lo largo de toda la ajetreada mañana, durante la comida y continuaron después con sus rejuíjuh (cuadros escénicos de las carnestolendas, que están en el polo opuesto de ese Carnaval de plástico, burgués, desarraigado, apócrifo y espurio y que, desde hace una gavilla de años, se está apoderando de aquellos pueblos cuya identidad comunal hace aguas a babor y estribor.  Algo así como el maldito Halloween respecto a la Carvochá jurdana).  Al caer la tarde del próximo día 22 de febrero, Sábadu Gordu del Entrueju, en cuanto se ponga el sol, el cortejo se dirigirá hacia el lugar donde lo ahorcarán y lo quemarán.  Las mujeres van por una parte de la calle, y los hombres por la otra parte contraria.  Los hombres, furiosos, maldiciendo y apaleando al pobre Don Pericu, y las mujeres pegando grandes gritos de dolor y llorando a moco tendido, intentando, en ocasiones, arrebatarle el pelele a los varones.  Se lanzan cantos de reto, que son auténticas puyas, unos contra los otros: Mujeres: El Morcillu ehtá malu,/ la culpa eh vuehtra,/ que lo vaih a ajorcal/ con una cuerda.  Hombres: Lo ajorcámuh con guhtu,/ bien lo mereci;/ aluegu lo quemarémuh/ cumu a un peleli.  Mujeres: El Morcillu ehtá malu,/ ¡ay loh canállah,/ que lo ehtán baldandu/ con una ehtaca.  Hombres:  Claru que lo baldámuh,/ bien lo mereci,/ pol putón y verracu/ con lah mujérih…   Y así sucesivamente se prolongan los cánticos hasta que llegan a una de las antiguas eras de lanchas de pizarra, donde se trillaba en tiempos.  Y si ya no quedan eras (lamentablemente, se han destrozado en muchos parajes, como tantas otras reliquias de la arquitectura tradicional jurdana), pues en el sitio dispuesto para el ahorcamiento. Entonces, las mujeres se lanzan sobre los hombres, para evitar que ahorquen a su adorado Morcillu, pero no lo logran y es ajusticiado y quemado en la hoguera.  Los lamentos y llantinas de las jurdanas suben hasta lo más cimero de los picos más altos de las serranías de Las Hurdes.  Pero, al pronto, comienzan a aporrear sus tamboriles y a tañer sus gaitas los tamborileros, y todo el mundo, en alocada y desenfadada algazara, acude a la cuba del ponchi jurdanu, que, como bien decían los antiguos habitantes de estas serranías, non hay mejol remediu pa quital lah pénah que empinal la jarra de la polienta (vino casero) de la parra tuerta.

Felix Barroso Las Hurdes norte de Extremadura
argando a cuestas con el cadáver de “El Morcillu” o “Don Pericu”. (Foto: Vicente Martín Martín).

Entre cantos, bailes, brincos, rejínchuh, acuquéuh, compadreos y comadreos. la gente carnavalera se irá acercando hacia el lugar de donde vienen los olores de los asados, porque ya andarán liados los rancheros de turno con la magna borrajá de patatas y las parrilladas de las carnes de la matanza, todo ello bien regado por los caldos de la tierra.  Y bien repleta la andorga, pues se vuelve a encender la fiesta y los cuerpos serranos aguantarán lo que les echen.  Es posible que, cuando los rayos del sol pugnen por salir, en el alborear, todavía haya mozos cantando aquello de:

Ya se van luh carnaválih, ¡pirulí!,

cosa güena pocu dura,

y el Miérculih de ceniza, ¡pirulí!,

ya m,entró la calentura.

 

Ya se van luh carnaválih, ¡pirulí!,

y ya llega la Cuarehma.

¡Qué pocu dura lo güenu, pirulí,

y cuántu la penitencia!

Azulejos ROMU Plasencia

Texto de Félix Barroso para su columna A Cuerpo Gentil.  Las opiniones y fotografías publicadas en esta columna son responsabilidad de su autor.

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Publicado. 18 de febrero de 2020

 

 

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