La espera

Junto con obras como El castillo de Kafka o El desierto de los tártaros de Dino Buzzati (y quizá también La montaña mágica de Thomas Mann), Zama, de Antonio di Benedetto, publicada por primera vez en 1956 y recientemente llevada al cine por la directora argentina Lucrecia Martel, forma parte de un subgénero que podríamos llamar novelas de la espera, historias protagonizadas por individuos que esperan y desesperan en vano, aguardando el momento en que les den el alta, les concedan un ascenso o les dejen penetrar en un castillo inaccesible, encerrados todos en un tiempo que es una suerte de no-tiempo y que va consumiendo sus vidas. Sin embargo, a diferencia del agrimensor o del teniente Drogo, que viven sus angustiosas esperas en un lugar y un tiempo fantásticos, cuyos contornos uno puede imaginar pero que tienden a desdibujarse, la peripecia de Diego de Zama tiene lugar en un espacio y un tiempo definidos, en una ciudad río arriba del Río de la Plata, alejada de la civilización y de centros de poder como Buenos Aires o Santiago de Chile, en los últimos años del siglo XVIII, durante los últimos coletazos del dominio español de aquellas tierras. Sin embargo, eso no la convierte en una novela histórica, si por tal entendemos la novela que, con la excusa de una trama más o menos imaginaria, más o menos intrigante, más o menos divertida, nos muestra las formas de vida de tiempos remotos. Zama no nos muestra cómo era la vida de un funcionario menor de la administración española en un lugar perdido entre Argentina y Paraguay a finales del XVIII, Zama nos sumerge, directamente, en ese tiempo y en esa circunstancia; no nos cuenta cómo funcionaba el moroso, rancio, menesteroso aparato burocrático de aquel tiempo, lo sentimos directamente a través del personaje, que sufre el olvido y la desidia y espera ansioso un traslado que le devuelva con su mujer, Marta, y con sus hijos. Y si Zama tiene ese poder de traslación, si es capaz de levantar la historia tan nítida ante nuestros ojos lectores, es por el personaje que la protagoniza y por la forma en que está contada. La novela está narrada en primera persona del singular y hace recuento de unos hechos vividos años atrás por su protagonista, Diego de Zama, un personaje extraordinario, más redondo y –permítanme el exceso– más real que muchos individuos que nos cruzamos cada día por la calle, un tipo lleno de contradicciones, capaz de ser ruin y traidor con tal de alcanzar su objetivo, pero con el que no podemos dejar de sentirnos solidarios quizá por su dolida sinceridad, y porque lo que en definitiva nos cuenta –desde no sabemos del todo bien dónde hace más de doscientos años atrás– es nuestra propia aventura cotidiana, marcada por una absurda espera, la de sueños que, por lo general, jamás llegan a concretarse. Zama no es –al menos que sepamos– un personaje histórico, mucho menos un hombre de carne y hueso. Es un tipo hecho de palabras, y su potencia y su vitalidad tienen su fundamento, claro, en esas palabras, las del escritor Antonio di Benedetto, que no cayó en la tentación de reconstruir, con caprichosos arcaísmos, un lenguaje lejano, burocrático, de asesor letrado del siglo de las luces, sino que optó por un lenguaje cercano y directo pero plagado de giros y expresiones que provocan extrañeza en el lector y que tienden una verosímil distancia entre ellos y quien los habla, un lenguaje propio, no sabemos si arcaico o moderno pero propio, el de Diego de Zama, su fantástico protagonista, que sufre las inclemencias de la soledad, el olvido, la tentación carnal y la pobreza. Señala la contraportada del libro que, según el premio nóbel J. M. Coetzee, “Zama es la gran novela americana”. Diciéndolo Coetzee, supongo que será así, pero de lo que no tengo duda es que Zama, esta magnífico y desesperante relato sobre la espera, es un clásico con méritos para estar en los mejores clásicos.

 

Zama

Antonio di Benedetto

Adriana Hidalgo editores

17,00 euros

 

Publicado el 6 de abril de 2018

Texto de Juan Ramón Santos para su columna Con VE de libro

Con VE de libro columna de Juan RAmón Santos en planVE

planVE

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