La jota va a volver

Dos son las razones que me han llevado a inaugurar este espacio con el texto que escribí para la presentación de la última novela de la escritora Belén Gopegui, que tuvo lugar en los Estudios Auriga de Hervás el pasado 18 de julio y de la que se hizo eco esta que ahora es mi casa.

Por un lado, han sido varias las personas que no pudieron asistir ese día y que, a lo largo de estos meses, me han preguntado si podían leer esas notas en alguna parte. Por otro, creo que al compartir esta introducción el lector podrá hacerse una idea del tipo de asuntos que se abordarán aquí cada mes.

El nombre de la sección pertenece a un verso de Nueva Vulcano. Me parece que en el contexto de esta guía opera como un guiño hacia la nueva cultura popular responsable de la efervescencia del norte cacereño, a la que no perderemos de vista de hoy en adelante.

Beleěn y Urbano

El comité de la noche

La novela que vamos a presentar esta mañana surgió a partir del siguiente titular publicado por la agencia Europa Press el 17 de abril de 2012:

“Una multinacional farmacéutica plantea pagar setenta euros semanales a los parados que donen sangre.”

A partir de este dato Belén Gopegui (Madrid, 1963) confecciona y libera dos textos asociados a las vidas de dos mujeres, Alex y Carla, que operan en un grupo clandestino -con conexiones fuera de España- centrado en la defensa de la sanidad pública.

Para introducirles en el libro y señalar algunos de sus ejes principales voy a emplear otro titular. No revelaré por el momento el medio del que procede. Dice así:

“Analizarán la sangre de los autónomos para investigar por qué nunca enferman”.

El asunto de ambos titulares es el mismo: la sangre, es decir, ese líquido, de color rojo en los vertebrados que, impulsado por el corazón, circula por los vasos sanguíneos del cuerpo de las personas y los animales, transportando oxígeno, alimentos y productos de desecho.

Un segundo aspecto los conecta: no hablan de la sangre de todos los seres humanos, sino solo de la sangre de dos grupos sociales muy concretos: la sangre del parado y la sangre del autónomo. El paralelismo nos sitúa ante el tipo de personajes con los que suele trabajar Belén. En una de las conversaciones que mantiene con su escribiente, Carla -una de las dos protagonistas de la novela- afirma: “Escribir es traer de vuelta a los expulsados del presente”. Dicha máxima es el motor que alimenta en buena medida toda la obra narrativa de Belén. Basta con pensar por ejemplo en el coro de asalariados de Lo real (2001), en el repartidor ecuatoriano de El padre de Blancanieves (2007) o en los padres de la adolescente Martina de Deseo de ser punk (2009).

Las protagonistas de El comité de la noche se nos presentan así: Alex -según cuenta ella misma- es una “hematóloga desperdiciada, poeta en clausura, médica que iba a descubrir la causa de algunas enfermedades raras y sólo trabajó en un hospital cuando se formaba, después suplencias, después el paro y más suplencias (…)”

A Carla, por su parte, “tras el segundo ERE que le tocó vivir con veintiocho años terminó buscando trabajo fuera de España”.

Les leo ahora parte de la noticia que seguía al titular que les avanzaba más arriba:

“Los científicos creen que, si se descubren las claves que permiten a los autónomos vivir en la permanente inestabilidad, resistiendo altas presiones durante horas, el resto de los seres humanos podría superar multitud de enfermedades y dejar de necesitar periodos de descanso que lastran su productividad en entornos laborales”.

Si analizamos detenidamente el párrafo, lo que en un principio parece una investigación por el bien común, va virando poco a poco hacia un objetivo muy concreto: el aumento de la productividad y, por tanto, del beneficio económico.

Nueva conexión con El comité de la noche cuya trama –una trama, por otra parte, muy entretenida- pone de manifiesto que quien tiene el dinero decide qué se investiga y cómo y que, en muchos casos, el interés económico se impone por encima de todo. “(…) quienes nos atacan –son palabras de Álex-: ellos y ellas no retroceden, como mucho se detienen un tiempo cuando les cercamos, pero enseguida vuelven a avanzar. Y van cayendo los hospitales, primero los servicios de lavandería, luego la gestión de datos, laboratorios, quirófanos, equipos clínicos que son mermados y divididos, infraestructuras, y se promulgan leyes que premian a quien se hizo fuerte a costa de otros y castigan la inocencia, el desamparo. Mientras tanto, los procedimientos con que el capital asfixia el trabajo no se tocan”.

Publico Beleìn

La historia que se nos cuenta en este libro también pone de manifiesto que se pueden dar pasos frente a esos intereses individuales desmesurados. El otro día estuve viendo en Youtube la intervención de Belén en la última edición del Festival Zemos98. Al principio de la misma reconocía que le encantan las películas bonitas entendidas como historias de “esfuerzo y de dignidad colectiva” y hablaba también de un “género que mezcle cómo las cosas son y cómo podrían ser o cómo sería precioso que existieran”. El adjetivo “bonito”, entendido como la capacidad de imaginar otros mundos posibles, puede aplicarse perfectamente a su libro. Podemos entonces decir, sin temor a equivocarnos, que esta es una novela bonita. Me consta, no solo por lo que me dicen sus libros sino por lo que ella ha repetido en entrevistas, que las novelas de Belén anhelan que, tras la lectura, nos apetezca por un instante imaginar esos mundos mejores. Hay realidad y realismo y, sin embargo, no me parece descabellado vincular esta obra, como hace Monty Montbrulant en el blog Otra Ginebra, con la literatura fantástica (“novela social de fantasmas”, dice Monty. En efecto, El comité es también una guija. Escribir sería entonces también traer de vuelta a los expulsados de la vida).

Si todavía hay alguien que no ha averiguado la procedencia de la seudo-noticia de la sangre de los autónomos que me ha servido de hilo conductor, daré una pista más. El lema de este medio es “la actualidad del mañana”, lema que, por otra parte, tampoco desentona con las ficciones de Belén.

Voy terminando. La noticia procedía del diario satírico online El Mundo Today (la parodia es otro procedimiento que se sirve de partes del mundo real y partes de mundos posibles). Estos días he revisado la web de este diario y me gustaría destacar un par de aspectos -de cara a la conversación: el primero es que varias de las Noticias Relacionadas hacían alusión al precariado internacional, al pobresional y a la marcha al extranjero de titulados (‘Becario no remunerado muere por sobredosis de prestigio’ y ‘Científicos españoles llegan a EEUU a bordo de una patera’), coyuntura que Belén utiliza de forma muy inteligente pese a la proximidad temporal.

El segundo dato que me parece relevante, al menos para introducir la cuestión del papel de Internet en la movilización social, sobre la que también reflexiona Belén en esta novela, es el siguiente: la noticia de El Mundo Today recibió un total de 157 comentarios, es decir, que en torno al problema de las condiciones del trabajo en España se generó un foro de lo más animado.

Les dejo con la autora de El comité de la noche. Bienvenida, Belén.

urbano pérez

Publicado: 1 de enero 2016