Bitacora verata

El intrépido Jeromín y Carlos V

Si usted siente pereza y quiere estirar las piernas en el mes de enero, una excelente oferta es visitar La Vera, con el abanico de los variopintos colores del invierno, bien sea visitando poblaciones con sus mesones y “tabernas”, realizar una ruta gastronómica por sus restaurantes o rememorar la historia en algunos de sus aspectos, esa mirada cultural al pasado…

La Cruz del Humilladero, labrada en piedra, cubierta de líquenes, como si fuera un tronco más de roble del bosque junto al cual se encuentra, casi enfrente del Cementerio Militar Alemán,  se alza sobre una pequeña explanada, en un recodo, como peldaño o vigía del último tramo de carretera, unos doscientos metros, antes de llegar al recinto monacal e imperial de Yuste.

Cuenta la tradición sobre esta cruz de piedra, ignoramos si por esta razón u otra de sesgo religioso, que el pequeño  Jeromín, que más tarde pasaría a llamarse D. Juan de Austria, como hijo natural del Emperador, con apenas doce años, se batió en este lugar con el capitán de los Tercios Españoles, al frente de la Guardia de Carlos V, hiriéndole.

Presentación de Don Juan de Austria al Emperador Carlos V, en la obra de Eduardo Rosales Gallina (1836-1873)

Presentación de Don Juan de Austria al Emperador Carlos V, en la obra de Eduardo Rosales Gallina (1836-1873)

La presencia de Jeromín en Yuste había sido requerida por el Emperador, con el fin de conocerle personalmente. De ello se encarga su mayordomo, D. Luis Méndez de Quijada, casado con doña Magdalena de Ulloa, que desconoce la ascendencia del pequeño, como la mayor parte del séquito y sociedad española de aquel tiempo.

Apenas a unos metros de la Ex–203, eje de la comarca de la Vera, se encuentra, (hoy sede de la Comunidad de Municipios de la Vera) dentro del casco urbano de Cuacos, el caserón, dividido en dos plantas y bodega, en el que vivió cerca de medio año nuestro pequeño protagonista, junto con Doña Magdalena de Ulloa, esposa del mayordomo de Su Majestad, Luis Méndez de Quijada, un matrimonio sin familia, que se dedica a Jeromín en cuerpo y alma como tutores suyos en aquellos últimos años de su vida infantil.

Doña Magdalena, que desconocía la procedencia del niño, era una mujer hierática pero muy religiosa que desempeñó diversas actividades caritativas y llegó a fundar en Valladolid la institución de Las Arrepentidas de Santa Magdalena, para mujeres “alegres” que deseaban abandonar la vida “pecaminosa”, y contó para ello con la ayuda de Carlos V y después de Felipe II, por lo que la citada institución vino a denominarse posteriormente San Felipe de la Penitencia.

Apenas llegar a Yuste, Doña Magdalena acompaña a Jeromín para que conozca al viejo y legendario Emperador, dueño de medio mundo. Como disculpa, traen al goloso Carlos V una bandeja de dulces típicos de la zona. Tras las presentaciones y saludos, Carlos V se queda a solas con su hijo natural. Las crónicas nada cuentan de esta conversación de padre e hijo en aquella primera entrevista. Pero, lo cierto es que, muy al contrario de lo que le ocurrió al Emperador al conocer a su nieto, de la misma edad que Jeromín: el cruel y consentido D. Carlos, hijo de Felipe II y de su primera esposa, Doña Manuela de Portugal, que le defraudó, con su hijo natural queda satisfecho.

Tampoco lo dicen las crónicas pero a aquella primera visita debieron seguir algunas más que sirvieron para apaciguar la inquietud postrera del Emperador respecto a la sucesión, si hubiera hecho falta. Y aquí, en la Vera, don Juan de Austria, dejó su huella.

4 de enero de 2015

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