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Los vencejos, volar cansa

Cigüeñas, milanos, gorriones, golondrinas, cernícalos, vencejos… Es un placer detenerse a ver las aves cuando parecen disfrutar de su vuelo. Suponemos que disfrutan, otorgándole características humanas o mejor, sobrehumanas, cuando están en lo alto.

Hay unas aves propias de estas ciudades de clima templado que nos atrapan, son los vencejos. Pájaros comunes que se ven llegar a mediados de mayo y se van en agosto. Podríamos decir que son sobrehumanos porque pasan casi toda su vida volando, comen volando, se aparean volando y hasta duermen volando. Su pico es ancho y corto y mientras vuelan lo mantiene abierto y así puede atrapar los millones de insectos de los que se alimentan. Hasta los materiales que necesita para construir sus nidos los toman del aire cuando estos se desplazan de un lugar a otro. Solo cuando están criando a sus polluelos se posan en el nido, que construyen en los tejados más altos o en los riscos que rodean las ciudades.

Son criaturas monógamas y poéticas que para dormir suben a la mayor altura posible, donde no alcanza nuestra vista, y desde allí se dejan caer mientras descansan. Su instinto y entrenamiento les indican cuándo están cerca del suelo y entonces vuelven a subir para caer de nuevo en los brazos de la noche, dejándose mecer por las corrientes. Cuando un vencejo cae al suelo por accidente es frágil y desvalido, tanto que es casi imposible que pueda remontar el vuelo. Recomiendan que si encontramos un vencejo en el suelo hay que subirlo a un sitio muy alto y desde allí soltarlo para que retome su vida normal, volando.

La vida del vencejo es cautivadora, vivir volando, dormir volando, amar volando.

Tiene que haber algo fascinante en su vuelo, en las alturas, para que la morfología de estas aves se haya adaptado a esta clase de existencia. Algo que desconocemos los humanos. Cuando los vemos volar oscuros, rechonchos, rápidos, dibujando garabatos en el cielo con sus alas de negra luna creciente, nos dejamos llevar por su vuelo sobrehumano. Sin embargo, cuando pisamos tierra, pensamos que la muerte también los atrapará al vuelo. Ya lo decía Pavese, trabajar cansa, así que, como todo lo que hacemos una y mil veces en la vida, volar, también cansa.

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