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Ciertos raros y turbios caracteres

La vertiginosa sensación que a ratos tienes cuando hablas con Ángel Borreguero es la de que el tipo (que nació, por cierto, antes de ayer, en Badajoz en 1996) lo ha leído todo, de que incluso te ha leído a ti, hasta esos libros que piensas que no conoce apenas nadie, y no en una lectura superficial, sino profunda, sustanciosa, con la que ha calado en el texto, con la que te ha calado, vamos. Esa profundidad, esa amplitud de lecturas, esa cultura, en definitiva, es la que destaca Luis Antonio de Villena (“Ángel es de veras culto y ello es desdichadamente extraño en estos días sombríos”, dice el poeta) en el prólogo de Putitos, el primer libro de Borreguero, recién publicado por la editorial El sastre de Apollinaire. El volumen contiene una suerte de catálogo de seres de la noche, una colección de (utilizando de nuevo las palabras de Villena) “ciertos aromas raros y turbios” que podría recordar, por lo potente, y por el tono crudo y sarcástico, a los célebres caracteres del El testigo oidor de  Elias Canetti, salvo por que en el fondo, a pesar de lo ácido, parece latir a menudo la ternura. Más de uno que lea (no como hace Ángel) el libro a vuelapluma acabará, tal vez, escandalizado, pues el autor es deliberadamente explícito (a veces uno diría que recreándose, pues quizá el escándalo no sea del todo ajeno a sus propósitos) cuando se trata de hablar de carne, de sexo, de heces, pero quien lea Putitos así, quedándose en la superficie (que tampoco está, por cierto, nada mal), seguramente se pierda lo mejor, que tiene que ver, más bien, con eso de lo que he empezado hablando, con sus excentes lecturas, con su indudable cultura y, sobre todo (porque no siempre una cosa conlleva la otra), con una capacidad extraordinaria para escribir, para construir imágenes sugerentes, inesperadas, impactantes, muy ricas, aunque se trate, en más de un caso, de una suerte de riqueza hedionda, que casi hace daño en los ojos. Uno lee Putitos y se le vienen a la cabeza el ya mencionado Canetti, pero también Gómez de la Serna, Céline, Cela, Umbral o el propio Villena, se le viene a la cabeza el expresionismo, pero también el cubismo o el surrealismo algunos ratos, se le vienen a la cabeza George Grosz, Francis Bacon o Lucien Freud, como si esos textos breves de Ángel, aparentemente rápidos, como tomados del natural, condensasen todas esas expresiones artísticas, como si fuesen un resumen y puesta al día de todos esos elementos, configurando una nueva vanguardia, una vanguardia descarada, provocativa y salaz, como corresponde. Y, sobre todo, lo que intuye, con esa habilidad del autor para definir personajes, ambientes o situaciones con apenas unos brochazos, con un puñazo de palabras bien puestas, es que por detrás hay alguien que no ha hecho más que empezar, que puede llegar a dar mucho de sí, que puede dar el salto cuando quiera de estas breves piezas de prosa poética o poesía narrativa y sorprendernos con una novela o con un nuevo y aún más impactante poemario. O, por lo poco que conozco a Ángel, tal vez no y no le dé la gana escribir más. Por eso, por si acaso, mejor leer, de momento, Putitos.

Putitos

Ángel Borreguero

El sastre de Apollinaire

13,00 euros

Texto de Juan Ramón Santos para su columna Con VE de libro

Publicado el 18 de agosto de 2023

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