estrecho-peña-amarilla

Estrecho de la Peña Amarilla, un geositio de lujo

El estrecho de la Peña Amarilla del Geoparque Villuercas Ibores Jara es un lugar para perder la vista, oxigenarse y descansar la mente.  Hay vecinos de la zona que lo visitan para meditar por la inmensidad del paisaje y su tranquilidad,  al no ser el geositio más visitado.

Hasta este desfiladero fluvial se llega por la EX 102 que une Guadalupe con Alía. Se encuentra a unos tres kilómetros de esta última localidad, en el punto kilométrico 92,500 de una carretera de montaña sinuosa que gusta a los aficionados a la moto. A gente como Carmen Gómez Salas, de COPE Cáceres, que cada vez que puede se pierde por estos lares que son como su segunda casa.

Recorrerla hasta alcanzar el aparcamiento y el mirador del estrecho de la Peña Amarilla merece la pena por su valor paisajístico, interés paleontológico y ornitológico.

“Es de parada obligada para quiénes vienen de Madrid a Guadalupe por la EX 102. De repente te topas con este lugar y no puedes dejar de hacer fotos”, dice Carlos de Rodrigo, periodista y autor del blog MyGeopark.

Bara Dynamics

No te olvides los prismáticos

En el estrecho de la Peña Amarilla llaman la atención los líquenes crustáceos amarillos de su pared. Es de ellos de los que toma el nombre.

También la cueva abierta en el muro cuarcítico donde tienen su casa infinidad de aves, desde buitres leonados hasta la cigüeña negra. Alimoches, águilas y prácticamente todas las grandes rapaces se pueden ver en el estrecho de la Peña Amarilla en cuyos farallones verticales hacen sus nidos.

Es uno de los principales punto de interés ornitológico del Geoparque de manera que quien tenga prismáticos, que los meta en la mochila para sacar el mayor partido a la experiencia.

Un camino regio

El estrecho de la Peña Amarilla fue zona de paso de Alfonso VII en el año 1133. El rey que venía con su ejército desde Sevilla atravesó el camino romano que cruza el desfiladero de la Peña Amarilla hacia Talavera, al acabar la campaña contra los árabes. Desde entonces se llama a ese sendero el camino sevillano de Talavera y fue por donde los primeros colonos cristianos entraron en la comarca de Villuercas Ibores Jara durante la Reconquista.

Desde este estrecho singular al fantástico valle del Guadarranque hay tres kilómetros que merece la pena salvar para disfrutar de otro escenario de naturaleza impactante en Extremadura.

Foto de Carlos de Rodrigo

Publicado en enero de 2021

© Planveando Comunicaciones SL

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.