Los 3 Amigos Majos. Cuento de Navidad (II)

Una vez que se hubieran agarrado a las aletas de aquellos grandes peces, pudieron mirarse  asombrados y felices por lo que se ofrecía ante su vista. La inmensidad del mar se deslizaba bajo sus pies sin que ellos sintieran temor ni el agua les mojara. Pequeños peces saltaban del agua para meterse dentro de sus mochilas sin que se dieran cuenta. Vieron ballenas que, dando vueltas a su alrededor, les saludaban con grandes resoplidos y agudos cantos. Eran gigantescas fuentes que adornaban el mar con altísimos surtidores que lanzaban desde sus negros y enormes cuerpos. Muchos peces pequeños, de distintas formas, tamaños y colores, nadaban veloces al lado de ellos escoltándoles alegremente hacia un destino desconocido.

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De repente apareció una tormenta que tiñendo el cielo de negro que amenazaba con descargar rayos sobre sus cabezas, empaparlos con su intensa lluvia y tumbarlos en el mar con el viento de un fuerte huracán. No tuvieron tiempo para el miedo porque pronto observaron cómo grandes olas venían hacia ellos cubriéndolos y formando largos túneles de agua azul que les protegían. Lejos, en el horizonte, se divisaba una gran playa recortada contra el fondo de una  verde y frondosa selva.

Los grandes delfines, frenando suavemente su navegación, depositaron a los chicos al borde de la playa despidiéndose de ellos con divertidos aleteos y simpáticos gruñidos. Manuel, Pedro y Juan se dieron cuenta entonces que sus mochilas empezaban a pesar. Descansando sobre la arena y mirando su contenido, observaron que allí dentro había minerales preciosos, plantas exóticas y abundancia de víveres. No sentían hambre ni frío y sus ropas estaban secas. Decidieron conservar todo lo que se encontraba dentro de sus mochilas pensando que aquello quizá les sería de utilidad en algún momento. Avanzaron hacia la selva y adentrándose en ella escucharon una sinfonía de cantos y trinos de pájaros, un concierto de sonidos que parecía darles una armoniosa bienvenida.

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Durante un largo trecho no siguieron un camino que ya estuviera trazado, únicamente avanzaban guiados por un misterioso instinto hasta que se encontraron en un claro donde los rayos del sol brillaban iluminando los cuerpos de tres animales que, cómodamente sentados, les miraban amigablemente. Eran parecidos a los avestruces, aunque sus cuerpos, recubiertos de un precioso plumaje dorado y cuellos cortos, les daban un aspecto muy distinto. Tenían cabezas que no eran ni grandes ni pequeñas, no tenían pico pero si una amplia boca similar a la de los patos, grandes ojos y divertidas orejas puntiagudas. Moviendo sus cabezas hicieron gestos a los chicos para que se acercaran sin temor. Cuando se encontraron a su lado, los animales desplegaron de los costados unas pequeñas pero musculosas alas para que los chavales pudieran usarlas para subirse a sus cuerpos.

Una vez arriba, se admiraron cuando vieron como los tres animales se incorporaban lentamente mostrando unas potentes y largas patas que hasta entonces habían permanecido ocultas bajo sus cuerpos. Sentados en ellos, sintieron como ascendían a hasta llegar a tener una amplia y alta visión de su entorno. Agarrados a los cuellos de sus porteadores, empezaron a disfrutar de los elementos que les rodeaban. Ahora ya no veían tan altas las plantas y la maleza, incluso los árboles habían empequeñecido ante su mirada. Los animales se desplazaban a lentas pero grandes zancadas, permitiéndoles apreciar con detalle toda la naturaleza selvática. Se sorprendieron cuando desde lo alto de los árboles, monos y chimpancés les lanzaban frutos de diversas clases y de aspecto sabroso que caían dentro de sus abultadas mochilas. A lo largo de su fantástico viaje, animales de diversas procedencias les estaban aprovisionando de riquezas y alimentos con algún fin que ellos no acertaban a adivinar.

A medida que avanzaban subidos en aquellos grandes zancudos, la selva se hacía más intrincada y espesa, sin embargo los obstáculos se apartaban y se allanaban a su paso.

Segundo capítulo de este cuento de Navidad original de Alfonso Trulls, al que seguirá una tercera entrega. Puedes leer aquí el primer capítulo.

Publicado el 30 de diciembre de 2019

© Planveando Comunicaciones SL

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