El eterno retorno

El que describe el escritor Juan Soto Ivars en su última novela, Crímenes del futuro, publicada el pasado año por Candaya, no es un futuro apocalíptico. Es algo mucho peor, porque, después de todo, en el apocalipsis hay, tal y como siempre nos lo han contado, un discreto resquicio de esperanza, pues, sumido en el mostruoso caos del final de los tiempos, al menos uno sabe que el horror está a punto de acabar, que todo enseguida se termina y que pronto podrá descansar al fin en paz. Por el contrario, lo que Soto Ivars nos plantea en su libro se parece más a mitos como el de Sísifo o el del eterno retorno o al del castigo de Prometeo, ya que el futuro en el que nos sitúa es un futuro distópico en el que España –pero también el mundo– “se parece –según dice el texto de la contraportada– más a los turbulentos y miserables años 40 que a lo que desearíamos que fuera el siglo XXI” y en el que todo, especialmente todo lo malo, parece indefectiblemente repetirse.

Dividida en tres partes (“Los decapitados”, “El diluvio universal” y “La salud en los ojos”) que casi podrían funcionar como tres nouvelles independientes, Crímenes del futuro está protagonizada por tres mujeres, Julia, una muchacha humilde que acude con una mísera beca para estudiar Derecho en un Madrid dividido y que, enamorada, acaba envuelta en el grupúsculo que capitaneará la enésima revolución; Margarita, una supermodelo que vive una experiencia radical -casi podríamos decir atávica– con su novio, un fotógrafo, en una isla desierta; y Pálida, una mujer lúcida, aferrada a su ceguera, que sobrevive a la revolución, la guerra, la cárcel y la oscuridad y de la que prefiero no decir más por miedo a hacer spoiler.

En sus relatos, en su novela, Soto Ivars nos habla de la fatalidad del amor, del permanente fracaso de la utopía, de su deriva destructora, del cíclico, inevitable regreso de la miseria; narra un fantástico viaje al paraíso que acaba convirtiéndose en un crudo regreso a lo salvaje, en un conflicto entre lo que entendemos por civilización y nuestras pulsiones más primitivas; y nos hace ver lo doloroso que puede llegar a ser abrir los ojos al mundo para quien en realidad no quiere ver -“Todo duele más con los ojos abiertos, incluso los recuerdos cuando pueden contemplarse en soledad”-, en una última parte que es, también, quizá, una metáfora del empeño que muchos tienen en hacernos ver las cosas como ellos, y no nosotros, quieren.

En definitiva, tres mujeres, tres relatos que acaban siendo mucho más de lo que cuentan en un libro escrito con rigor, sin contemplaciones, tremendamente rico en intertextualidad cultural y en referentes literarios, que nos asoma a un porvenir nada esperanzador, en el que, más que crímenes del futuro, sufrimos la expiación de los pecados del presente y del pasado, y sobre el que podrán saber mucho más si nos acompañan, el viernes 25 de enero, a las ocho de la tarde, en su presentación en La Puerta de Tannhäuser.

 

 

Crímenes del futuro

Juan Soto Ivars

Candaya

18 euros

 

Texto de Juan Ramón Santos para su columna Con VE de libro 

Con VE de libro columna de Juan RAmón Santos en planVE

 

 

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