Bitacora verata

Navidad en casa, cerca de la brasa

Aún resuenan en la despensa de la memoria aquellas tradicionales fiestas de Navidad de nuestra infancia, cuando los guitarreros con su blusa azul y las mozas vestidas con el traje típico, acompañadas de pandereta, almirez, zambomba y castañuelas recorrían las calles de nuestros pueblos cantando villancicos y solicitando el aguinaldo.

En el aire callejero se palpaba el tufo de los braseros puestos a encender por las calles, la neblina de diciembre y el frío que combatían el calor de las chimeneas con sus trébedes y llares donde bullían calderos, cazuelas, ollas y sartenes donde las abuelas cocinaban el condumio…

Los niños celebrábamos sobre todo la confección de aquellos   dulces típicos navideños… Y entre estos, por poner un ejemplo, destacan en mi memoria las típicas “sopas dulces”, todo un mundo de sabiduría culinaria, digno de los mejores recetarios de la época, que ya quisieran para sí los modernos fogones de los “tíos” esos de la tele, lo bien que se lo han montado… Y para que mis lectores no se queden, “con las miel en los labios”, o el regusto a flor de boca, apunto que estas sopas se elaboran con productos tan humildes pero sabrosos como el pan en rebanadas gruesas, almendras y nueces molidas, canela, azúcar, piñones, aceite y un poco de agua, todo cocinado y puesto al horno… puro mazapán casero.

También se hacían otros dulces como las rosas o floretas, huesillos, rosquillas, bollas, buñuelos…Y por dar una estampa completa, no faltaban las dulzainas que se solían adquirir: como los turrones, pastas de almendra o los mazapanes que se vendían en cajas redondas de dorados y apetitosos peces enroscados o en figuras…

Una estampa que también flota en recuerdo es la lotería de Navidad y el “gordo” festejado a su aire que sonaba en la radio con la cantarina voz de los niños del colegio de San Ildefonso…

Y aquel ambiente tradicional de los villancicos en torno al belén familiar, más o menos grande con sus figuritas, sus ríos de plata, sus montañas de cartón y valles de musgo, el cielo estrellado, el palacio de Herodes y los Magos de Oriente que cada día íbamos acercando a la cueva o al destartalado portal de Belén donde San José, la Virgen y el Niño, acompañados del buey y la mula, esperaban a los pastores, parte de los cuales ya permanecían a los pies del pesebre, tras el anuncio de paz del ángel…

En fin para qué contar más sobre estos entrañables recuerdos, aquellas felices fiestas de Navidad con buen sabor entre los nuestros. Ya saben lo del refrán: “la Navidad en casa, cerca de la brasa”.

Felices fiestas.

Publicado el 11 de diciembre de 2018

Texto de José V. Serradilla Muñoz para su columna Bitácora Verata 

 

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