La caligrafía del agua

El Norte de Extremadura alberga todo un mosaico de paisajes. Un singular puzzle de hábitats donde la naturaleza se ha quedado vivir. Emplazamientos amables repletos de vida, lugares bellos escritos con las letras de las rocas, de los árboles, del agua… Espacios inmensos que siguen siendo el boceto de un medio ambiente original y extraordinariamente evocador. Lugares para atalantarse y disfrutar con los sentidos.

Esta región, en su inmensa amplitud y variada geografía, configura un territorio donde es fácil observar diferentes paisajes que arropan una increíble biodiversidad. El Norte de Extremadura es dehesa, es llanura, es montaña, es pueblo…y sobre todo es agua.

Embalse Extremadura Andrés Bernal

Es precisamente el agua el nexo de unión de los paisajes extremeños; deambulando por ellos con originales apariencias. Escribiendo, sobre el terreno, la peculiar caligrafía del agua: precipitándose por zonas de montaña, galopando sinuosa entre los inabarcables bosques mediterráneos, encharcándose entre aclaradas dehesas, o abriéndose en “océanos interiores”  junto a las extensas llanuras.

La caligrafía del agua comienza con una cierta timidez, escribiéndose despacio, fluyendo el líquido elemento entre las cimas de las montañas. Surgen los nacientes enmarcados entre los feudos del viento, de la lluvia y del frío; al abrigo de valles por donde manan aguas con vocación de nómadas. Como es el nacimiento del río Jerte, en las sierras de Tornavacas, en el desván del Valle.

Pausadamente van a ir invadiendo el espacio natural con su presencia. Los orígenes son modestos, al inicio sólo son hebras acuosas, pero pronto irán despertando. Es aquí, en el Norte, donde habitan las guarderías de los ríos. Lugares repletos de sonoridad y donde los regatos comienzan a mostrar un claro ímpetu juvenil y rebelde transformándose en torrentes, abalanzándose al vacío en busca de emociones.

Aguas sin vértigo que configuran cascadas. Cubriendo de velos blancos toda la roca. Aguas sin miedo e impetuosas que se deslizan poco a poco por estos preámbulos de su existencia. Saltos de agua como los que nos ofrece la del “Caozo” cercana a Valdastillas, o los variadas cascadas que nos ofrece “la Garganta de las Nogaleas”     en el Valle del Jerte. Mención también  para“el Chorro de los Ángeles” próxima a Ovejuela en las Hurdes.  Pronto estos aprendices de ríos, que son las gargantas y arroyos, se lanzarán a recorrer un camino líquido con inusitada premura.

Es entonces cuando delicados cauces de agua se precipitan sinuosos por muchas de las sierras del Norte. Alargados hilos acuosos repletos de atractivos visuales.

Estirados por el agua, los cauces, comienzan a generar corredores verdes, por todos los lugares por donde fluyen. Trazando cauces por inseparables laderas de montaña. En sus márgenes, en los cursos altos, apenas hay tiempo para que muchas especies sean capaces de enraizar en sus riberas, es como si el río quisiera ser el único espectador de su nacimiento.  Es aquí, en estos cursos limpios, donde el agua diáfana, permite que los peces y los anfibios sean los habitantes y bioindicadores de estas aguas limpias. Visitadas ocasionalmente  por mamíferos curiosos y aves enamoradas de estos biotopos.

El ímpetu de las aguas se concentra en su fuerza, erosionando y puliendo las rocas, esculpiendo obras de arte  Escultor ocasional de pilones y pozas como los de “la Garganta de los Infiernos” en el Valle dl Jerte. Tramos donde el agua se convierte en orquesta, y el sonido que genera en toda una sinfonía.

Cuando el agua se calma empieza a ensancharse, configurando pequeños ríos donde la vegetación le gusta asentarse, no será muy difícil ver los hermosos bosques de galerías, con sus paisajes alargados. Árboles de ribera que les gusta empapar sus raíces del líquido elemento, agarrando con fuerza el suelo.  A su paso los colores se inventan una y otra vez. Las aguas filtran y reflejan la luz pintando paisajes de vida.

El agotamiento arrecia, el agua se cansa, el cauce se ensancha y el caudal engorda. Los ríos empiezan a ser mayores. Cuencas tranquilas que pausadamente van escribiendo, en las tierras del Norte, ríos con nombre y vida propia.

Aguas que deambulan por bosques de encinas y alcornoques. Aliviando el clima a su paso. Pasajero errante, el río, que observa la dehesa repleta de vida. Favoreciendo cen sus orillas la unión de dos mundos, de dos naturalezas diferentes. Los ríos no son fronteras, son espejos de una misma tierra.

Los ríos apostillan con su presencia la importancia cultural de sus aguas, sobre todo por los pueblos y ciudades por donde “caminan”. Son estos cursos de agua los que han propiciado el asentamiento humano, el origen de muchos núcleos urbanos, en definitiva la vida. Aunque a veces, no hemos sabido ni conservarlos, ni otorgarles el verdadero valor que poseen.

En el zaguán de estos poderosos ríos existen, a veces, canchales o roquedos fluviales convertidos en verticales monumentos como “los Canchos de Ramiro” sobre el río Alagón y su confluencia con el río Árrago cercano a Cachorrilla, o sin duda “el Salto del Gitano” sobre el Tajo en Monfragüe”; lugares perfectos para disfrutar del vuelo de los señores del viento, como por ejemplo las grandes rapaces. Es aquí donde el río se convierte en espectador  y en espectáculo. En testigo tácito de todos esos secretos que acontecen en su entorno.

Los ríos, ya adultos, fluyen sosegados. Sólo se agitan con inesperados meandros que les activan por momentos, como “el del Melero” en el Alagón cercano a  Riomalo de Abajo, o los menos conocidos meandros del río Malvellido en las Hurdes.

Agua Extremadura Andrés Bernal

L as aguas de muchos ríos desembocarán inicialmente en inmensos

mares . Es aquí donde se domestica el agua, sujetándola entre embalses o mal llamados pantanos. Tiñendo de humedales la geografía del Norte. Océanos azules que se convierten en lugares para apaciguar los sentidos como el embalse “de Gabriel y Galán” o “el del Borbollón”. Paisajes atiborrados de vida. Dormideros increíbles de las aves del frío. Residencia invernal de vuelos constantes. Punto de encuentro para cortejos nupciales. En definitiva un lugar de vida.

Es obvio que aquí no acaba la historia de nuestros ríos, los caudales ecológicos siguen desde su curso medio al bajo; pronto algunos serán afluentes de otros hermanos mayores. Algunos confluirán  en un punto, con uno o más ríos. En síntesis todos son las mismas aguas y los mismo cauces que desembocarán en verdaderos mares.

Una pausa entretiene a los ecosistemas acuáticos, que se dispersan por la región dibujando otra escritura del agua que son  las charcas, o lagunas. Lugares añiles donde la biodiversidad se congrega, para en unos casos puedan invernar y en otros amar. Biodiversidad que dinamiza la quietud de estas aguas y de sus orillas. Oasis perfectos ubicados entre los paisajes del horizonte, que son las llanuras.  Espacios sonoros, sobre todo en el ocaso, cuando la ópera comienza y las ranas comienzan sus actos cantando o croando.

En la geografía extremeña la abundante agua escribe, con una caligrafía sinuosa, los nombres de los diferentes ecosistemas de la región. Subrayando por donde fluye, que aquí, la naturaleza se ha quedado a vivir.