Critica a Diario de una tristeza, de Manuel González

Manuel González, es un poeta pegado a la tierra, que no teme sacarse las manos de los bolsillos para coger una manzana, acariciar ese orbe dorado que simboliza el mundo que habitamos y escribir sobre el hambre. Es  un observador de  mirada incisiva, sus poemas se despojan de banalidad,  se centran en el tuétano del hueso, allí donde el dolor es más profundo. Un poeta que lucha contra el olvido, a veces a pesar de su integridad física y espiritual. Sus palabras, suaves/ como el tacto de las gotas de lluvia/ dormidas sobre una flor/, nos introducen en el universo de una persona contemplativa, que mira el patio interior de su tristeza y todos los seres azules que por allí deambulan, personajes que conforman su último poemario Diario de una tristeza.

Sus poemas hablan de felicidad y desdicha, de amor y desamor, de ese amor que, cuando llega/ lo hace a través de valles de ceniza/ luego deja máscaras en la almohada/. En este libro hay días de calendario tachados porque ella no está, páginas en blanco por las horas perdidas que el poeta pasó mirando al sur, esperando que regresara…

Diario de una tristeza, quizás sea la canción que Leonard Cohen no se atrevió a escribir, o el último pensamiento de Alejandra Pizarnik. Tampoco el agua se aventura/ más allá del círculo de piedra/, pero como seres humanos y exploradores de lo desconocido, este poemario es el camino obligatorio que toda persona tiene que transitar, como una experiencia transformadora y civilizadora.

manuel gonzalez ivan sanchezManuel González, nos invita a realizar  un ejercicio de espeleología interna, de bajada a los suburbios de nuestros sentimientos, en los que nada debemos temer, porque el poeta nos acompaña, para poder por fin encontrar la paz, aunque después no sepamos qué hacer con ella.

Por todo esto y más, os invito a habitar el silencio que se esconde entre sus versos, donde las imágenes de la reflexión, toman la forma de un caballo negro, que por las noches galopa en las playas más solitarias de nuestras conciencias, pues así son sus mensajes, cabalgaduras en vena, arrecifes de sombras bañados de agua salada, un rosario huérfano de oraciones.

Quizás, este poeta, sin saberlo, ha escrito, el libro del mundo, / que era de color azul, / comenzaba con la página del presente/ y el dibujo de un puente invisible. Porque ese es el oficio de todo poeta, y que Manuel González, cumple con ferviente devoción, la legislación de lo intangible.

Publicado: 22 de abril de 2015

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