Fenómenos migratorios

El ser humano sufre un fenómeno migratorio al igual que los animales, pero lo realiza de manera diferente, lo realiza por ocio, por placer, por el hecho de volver a la tierra que años atrás tuvo que abandonar.

Hace unos años, alrededor de 1970, muchos extremeños tuvieron que abandonar su tierra, Extremadura, en busca de una vida más “prospera”. Gran parte de la población viajó a Cataluña, Euskadi, Madrid, etc. en busca de aquellos lugares donde las fábricas se encontraban. La revolución industrial llegaba a España y el mundo rural dejaba de ser productivos en términos económicos, y en consecuencia, con el éxodo, también lo dejaba de ser en términos culturales. Ya que la cultura trasmitida de manera oral se iba y se perdía entre los engranajes de las fábricas.

No era un éxodo por placer, era un éxodo por necesidad. Necesidad económica, claramente. De repente las zonas industriales se comenzaban a poblar de extremeños. Se formaban grandes barriadas completas con extremeños en Madrid, como por ejemplo Aluche, Leganes, etc. E incluso algún que otro pueblo del extrarradio de Barcelona se transformaban en pueblos extremeños, como Vilanova i la Geltru o El Prat de Llobregat.

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Durante el mes de agosto es cuando más se puede observar cuantitativamente este tipo de sucesos. Es en este mes, cuando casi todas las festividades de los pueblos se celebran, es cuando todo el mundo que en su día tuvo que emigrar vuelve al pueblo y dejan que de nuevo entre la luz en el interior de las casas. Es en este mes cuando se producen los encuentros entre las antiguas amistades y cuando más historias del “abuelo cebolleta” se escuchan. Padres y madres relatando antiguas vivencias y contándoselas a sus hijos. Las terrazas de las plazas llenas. Los abuelos con las sillas sentados a la puerta de casa. Los Extremeños migran en agosto de la ciudad al campo.

Hoy en día, muchos de los hijos de los extremeños que emigraron siguen reconociendo el lugar de origen de sus padres como su tierra, como lugar de origen. Ya que es lo que siempre escuchan hablar, sobre Extremadura, y también es el lugar en el que veranean, tienen los primeros amores, y disfrutan de sus primeras vacaciones.

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Esto me ocurríó hace unos días durante las fiestas de la virgen en Serrejón, una localidad cercana al Parque Nacional de Monfragüe. Un grupo de folclore extremeño -Alborá Folk- actuaba en la plaza del pueblo, y ellos mismos hablaban de esto, solo un componente del grupo era nacido en Extremadura, el resto eran hijos de extremeños, que habían decidido continuar con la tradición del folclore que sus padres y abuelos habían escuchado de pequeños durante las tareas cotidianas. Grupo formado en el Hogar Extremeño de Móstoles.

Yo no puedo evitar, año tras año, la necesidad de, durante el mes de agosto, pasar al menos una semana en mi pueblo -Aldeanueva del Camino-, porque es cuando todas las amistades de verano vuelven, cuando se producen los reencuentros y los resúmenes de “¿cómo te va la vida?” fugaces para empezar a disfrutar de los 31 días que tiene este mes al máximo, para que al final del mes se vuelvan a producir las despedidas y al año siguiente de nuevo el reencuentro.

Extremadura es tierra de emigrantes, pero definitivamente este es uno de los sucesos que nos enriquece y nos permite tener el entremezclado de culturas que hoy en día hemos llegado a tener.

Publicado: 21 agosto 2014