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Pedroso de Acim, el pueblo del convento más pequeño del mundo

La serenidad reina en Pedroso de Acim, no solo en el Convento del Palancar al que llegan visitantes de los más remotos lugares, sino en la propia localidad, un pueblo de un centenar de habitantes, a medio camino entre Plasencia y Cáceres. Es el lugar que escogió San Pedro de Alcántara para fundar el Convento de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción, conocido como “el conventino” por ser el convento más pequeño del mundo.

Capilla del Conventino, decorada por Magdalena Leroux y con la figura de San Pedro de Alcántara realizada por Enrique Pérez Comendador. Fray Antonio como anfitrión.

Pedroso de Acim, a los pies del convento

Las tierras de Pedroso de Acim fueron hogar y sitio de paso desde tiempos inmemoriales y desde el siglo XIV se conoce porque se establecieron carboneros que trabajaban en la sierra. A pocos kilómetros del pueblo se han encontrado dólmenes y, en las cercanías, antiguas vasijas y restos de una calzada. Sin embargo, su crecimiento está ligado al Convento del Palancar, fundado en 1557 por Juan de Garavito y Vilela de Sanabria, nombre de quien se convertiría en San Pedro de Alcántara.

Iglesia de Santa Marina, del Siglo XVI, en Pedroso de Acim

La población de Pedroso de Acim se multiplica en verano, pero el resto del año, por sus calles tranquilas camina sigilosamente algún gato que se echa al sol a las puertas de una casa. Casas antiguas, con balcones de piedra y viejos llamadores en sus puertas de madera. Entre ellas destaca la Iglesia de Santa Marina, del siglo XVI. En su interior sorprende un gran retablo de madera, con la figura de la santa y en una capilla dos cuadros procedentes de la escuela de Luis de Morales. A la entrada de la iglesia hay una moderna figura en bronce de San Pedro de Alcántara que se alinea con la Torre del Reloj, majestuosa, en la misma plaza. Sobre la torre, la iglesia y el edificio del ayuntamiento han hecho nido varias parejas de cigüeñas que llenan el lugar con su crotoreo.

Antiguos lavaderos, en Pedroso de Acim
Paseo La Fontanita y las “zonas adoptadas” de Pedroso de Acim

Detrás de la iglesia se levantan los antiguos lavaderos, que reciben agua de la fuente de la plaza por cañerías subterráneas. Están formados por dos enormes pilas, una para recoger el agua, que se distribuye por estrechas cañerías a dos líneas de pilas individuales colocadas unas frente a las otras, y otra gran pila para enjuagar. El sitio se llena de un encanto especial, con el campo al fondo y el agua quieta que alguna vez fue testigo de voces y cantos.

Muy cerca de los lavaderos, por un camino entre tapias verduzcas se llega a La Fontanita, un pequeño arroyo que marca el inicio de un paseo que rodea el pueblo por “zonas adoptadas”. Son espacios naturales donde los vecinos han sembrado una variedad de plantas ornamentales. Desde el sendero se ve grandioso el ábside de Santa Marina.

Pedroso de Acim y la Iglesia de Santa Marina desde el paseo de La Fontanita

Paseos por el entorno de Pedroso de Acim

Los alrededores de Pedroso de Acim son ideales para el senderismo, destaca la ruta al Molino del Tío Fabián o rutas por la Sierra de Pedroso. Hay alcornoques, encinas, jaras, pero también pinos en la montaña, la Peña de los Cenizos parece vigilar desde lo alto y la fuente de los Cucharros, abrevadero para el ganado, decora el monte. También se puede subir a la ermita de Santa Bárbara, reconstruida hace pocos años por los vecinos del pueblo y donde luce de nuevo la imagen de la santa que tuvo que guardarse en la iglesia del pueblo durante los años que la ermita estuvo en ruinas. En los alrededores, los muros de piedra marcan los caminos y en el verde intenso del campo crecen árboles enormes.

Imagen de San Pedro de Alcántara y la Torre del Reloj, en la Plaza Mayor de Pedroso de Acim

Casas rurales en medio del pueblo, casas en los árboles y un restaurante con mención Michelín

Pedroso de Acim cuenta con piscinas municipales durante el verano y todo el año con servicio de bar, donde Ángel Mari sirve un café mientras te cuenta las bondades del lugar. El pueblo también tiene un alojamiento rural en el centro, El Caminante, con su propia “Casina Museo” y otro en el camino hacia al convento, Los Canchales, todo un lujo de cabañas en las alturas con asador, piscina y preciosas vistas.

Vistas desde el restaurante El Palancar

También, para comer con los ojos por sus maravillosas vistas hacia el Alagón y la Sierra de Gata, está el restaurante El Palancar, recomendado por la Guía Michelín por su rica cocina extremeña, que se caracteriza por sus carnes a la brasa y sus entrantes de esmerada elaboración. Sus saquitos de patatera, pasas y orejones son un aperitivo inolvidable y sus anfitriones te reciben como en casa, Getulio en las mesas y la chef, Pilar, afanándose en la cocina. En verano, en este restaurante suelen hacer menús degustación en su terraza con vista a las estrellas.

Claustro del Convento del Siglo XVIII que rodea al conventino

El Convento del Palancar

El Convento del Palancar está a escasos dos kilómetros del pueblo. Allí vivió San Pedro de Alcántara acompañado por siete u ocho frailes en un espacio de 72 m2, que es toda una muestra de austeridad. Llama la atención la pequeña celda donde dormía San Pedro, sentado y reclinado sobre una pieza de madera. El mínimo claustro, los techos entramados en madera, la cocina de escasas dimensiones donde un fregadero de piedra tiene su desagüe dirigido al huerto.

Iglesia del Convento del Palancar, del siglo XVIII

El refectorio, también mínimo, consiste en dos bancos continuos de piedra y una pequeña alacena en el fondo. Sorprende, eso sí, la belleza de la capilla. Ampliada brevemente luego de la santificación del fundador, destaca en medio su figura en madera, obra del artista extremeño Pérez Comendador, que es igual a la que se encuentra a las puertas de la Concatedral de Cáceres. La decoración de la capilla, realizada por Magdalena Leroux, es de una delicada belleza, un mosaico de azulejos donde emergen pájaros, piedras, flores, ángeles y la figura de San Pedro abrazando a San Francisco de Borja, que lo visitó en el conventino. Llena de simbolismo, la habitación refleja el color azul en representación de la Inmaculada Concepción que da nombre al lugar.

Cocina del conventino

El pequeño convento del siglo XVI está rodeado por uno mayor, del XVIII, donde viven actualmente los frailes que te muestran el lugar. Tiene un claustro abovedado y una amplia iglesia, donde destaca el crucifijo sevillano, así como la figura de San Pedro de Alcántara, original de un convento de Brozas y una figura de San Antonio, sosteniendo al Niño Dios con un gesto amable.

Caminar por el huerto y los jardines del convento es una experiencia apaciguadora. A lo lejos se alzan las montañas, se ve el embalse de Torrejoncillo y los pueblos del Alagón se distribuyen por el horizonte. Un cartel indica que es un “lugar de silencio y oración”, un sitio con esa serenidad que reina en Pedroso de Acim y que tanto reconforta.

En la fotografía superior se puede ver el claustro del “convento más pequeño del mundo”.

Pedroso de Acim, a aldeia com o convento mais pequeno do mundo

Fotografía: PlanVE

Publicado en enero de 2024

© Planveando Comunicaciones SL

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