Los “canchaléruh” preparados para festejar a Santa Marina

Óscar Clemente Pérez es un simpático y amable conserje en el instituto de secundaria “Gabriel y Galán”, de Montehermoso, donde este heterodoxo menda ejerce sus tareas educativas. Hace cuatro días, como quien dice, me encareció que no faltara a las fiestas de Santa Marina, para compadrear un rato y meternos entre pecho y espaldas lo que se terciara. Y hermano de Óscar es Josafat, el alcalde rojillo de Aceituna, el cual, haciendo honor al sentido ancestral de la hospitalidad de sus paisanos, invita a tirios y troyanos, a carlistas y liberales, a rojos y azules… a las divertidas fiestas de Santa Marina, excelsa patrona del pueblo.

Santa Marina

Echando la bandera (Foto: Arciprestazgo Valle del Alagón)

Los “canchaléruh”, que así son motejados cariñosamente los vecinos de Aceituna, tienen fama por todos los territorios del septentrión cacereño de ser los más farristas en veinte leguas a la redonda. Duros y sufridos como las moles canchaleras, incansables trabajadores pero también infatigables a la hora de cantar y bailar bajo los sones del tamboril y la flauta del Tío Vicente o de los acordes charangueros. Pueblo de afamados tamborileros en el pasado, como Tío José García Domínguez y Martín Pérez Pérez, y la única población en Extremadura que le tiene dedicada una plaza y una estatua a la egregia figura de tales músicos populares.

Este año las fiestas darán comienzo el día 17 de julio, cuando a las 10,00 horas den comienzo toda una serie de actividades infantiles, organizadas por la Mancomunidad “Valle del Alagón” y la AMPA de Aceituna. Cuando la noche eche su cremallera, a punto de ser “lah tóah” (las veinticuatro horas), se lanzará el pregón de las fiestas y el chupinazo reventará en lo alto, saliendo en tromba, acto seguido, el personal para asistir al concierto de “Tributo a Triana”. Sobre las dos de la madrugada, se pondrá en marcha la disco-móvil, dirigiendo la batuta el D.J. Víctor Montero, sin que pueda faltar la animación de las rítmicas gogós.

La bandera

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Paellada en una edición anterior (Foto: José Ángel)

El día 18, sábado, es el destinado a entronizar a Santa Marina, transportada en sus andas por todo el pueblo en solemne procesión. De vez en vez, se hace una parada y el tamborilero toca el son de “Echal la bandera”, ritual muy arcaico en el que vecinos voluntarios, rodilla en tierra, flamean una bandera carmesí delante de la imagen de la patrona, procurando que el pendón ondee con garbo y no se arrugue. Después del mucho confraternizar a lo largo de la jornada, llegará por la noche la primera verbena de las fiestas, celebrada en la plaza de “Los Llanos” y amenizada por la orquesta “Diamantes”. Yendo la noche ya avanzada, irrumpirá por las calles la “Charanga del amanecer” (“Selena”), manteniendo al pueblo alerta hasta que toquen las campanas de la parroquia al día siguiente, domingo, cuando después de otros actos religiosos, parques infantiles y fiestas de la espuma, llegue la segunda verbena en la plaza del Parque, a cargo de la orquesta “Sonital”.

El remate llegará el lunes, día 20, con el bullicioso recorrido de la charanga “La Clave” por calles y plazuelas. Correrá la sangría, preparada por las amas de casa, a raudales y todos, chicos y grandes, continuarán brincando y danzando tras los músicos charangueros. Finalmente, a eso de las 22,30 horas, resonarán los ecos de Natalia Mellado, desgranando las notas de la canción española. Y todavía habrá muchos que aguantarán de pie o de medio lado a que amanezca el martes para buscar el catre y entregarse al descanso del guerrero.

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Iglesia parroquial de Aceituna y término municipal bajo la nieve, en enero de 2010 (Foto: C. Pachi).

 

Publicado: 11 de julio de 2015