Extremoduro enclave 92 Sin sacarla (famosa pintada)

Hubo un tiempo no muy lejano en el que si pronunciabas la palabra “EXTREMODURO” eras un proscrito, podías ir al infierno y en tu casa no te dejarían sentarte a comer hasta que no te hicieras un enjuague bucal con salfumán, como veis todo muy divertido. Eran tiempos convulsos para el grupo y para la gente que seguíamos al grupo.

Yo me escapé del colegio donde estaba interno, un fin de semana con un amigo, para verlos porque me dijo que tocaban en el ya mítico “Estambul”. Había escuchado la cinta (k7) y el primer tema que oí, lo recuerdo perfectamente, era “Romperás” con una frase que me dejó grogui: “Y olvidar, de un tirón, todo el tiempo que pasó esperando tu amor”. Yo de aquellas, estaba perdidamente enamorado de una chica que no me hacía ni puto caso (perdón lector, pero era así de duro) así que era toda una declaración de principios. Subí aquellas escaleras del pub con cierto miedo, lo que me contaban acerca del grupo y sus seguidores no eran cuentos para películas de Walt Disney precisamente y me encontré a gente en casi el mismo estado etílico que el mío y a tres tipos igual o peor que nosotros.

No recuerdo más por tanto, me lo pasé bien (esto es una máxima dentro del mundo del rock). Con el tiempo conocí al grupo, vi las presentaciones de los discos cuando se hacían en Pubs con capacidad para no más de 80 personas como el Pub “Simetría” y después de muchos años, y siendo la voz del grupo Koma Etíliko, tuve la suerte de telonear al grupo en dos ocasiones (aunque para algunas personas lo hayamos hecho cuatro o cinco veces) y de entrevistar para una cadena de televisión local al “Rey de Extremadura” otras dos veces. Vamos, que los he visto en el infierno y en la gloria. Con muy poca gente y con miles. Han ido evolucionando a medida que “el Robe” se ha ido desprendiendo de su particular infierno.

Como genio no voy a descubrirle yo a nadie a estas alturas, que es de los más grandes letristas de rock de este país, pero tiene una parte, que es la que a mí realmente me fascina, más que esa de poeta, la de “Yo hago lo que me sale de las pelotas”. Y triunfa. Y triunfa porque lo mide todo. Lo estudia todo. Lo piensa todo. No deja cabos sueltos. Eso también le hace ser un genio. Con sus manías, fobias (no sé si tendrá ambas), excentricidades (si las tuviese, repito, que no lo sé) y la madre que lo parió (encantadora, por cierto).

Transmite cierto hermetismo, pero aquí en el pueblo pasea tranquilamente y si le pides una foto no creo que decline la oferta, para muestra algunos muros de facebook donde se le ve sonriendo (sí, sonríe) aunque alguno piense que no, además come y caga como todo el mundo. En definitiva, es humano aunque algunos se empeñen en endiosarlo por encima de sus posibilidades. Llegados a este punto te preguntarás, querido lector, que a qué viene todo esto ¿verdad?

Pues bien, el próximo día 15 de agosto Extremoduro actuará en Arenas de San Pedro-Ávila y un servidor, junto a un amigo llamado David, vamos a organizar un autobús para ir a ver el concierto. Sí, porque aquí no toca. Eligió la ciudad de Cáceres y nos hemos quedado con las ganas de verle actuar aquí en el pueblo con su nueva gira. Recuerdo que tuvieron que pasar 12 años para que pisara de nuevo un escenario placentino. Tela marinera. Solo espero que no pasen otros 12 años, aunque siendo así, mis hijos podrían disfrutarle (si les llega a gustar).

Podéis apuntaros para el viaje en el bar El Pajaro Azul regentado por Javi “Genesis,un Master and Commander de la famosa “movida placentina” de los 80 (yo digo que es la sede social de los fans y amigos del grupo). El viaje con la entrada cuesta 45€ y también puedes ir, si quieres solo viajar, por 15€. Como ves, es barato y con el afán de poder llenar un autobús para ir a ver el concierto.

Os voy a contar un secreto: No tengo ningún disco original suyo en mi colección (donde hay confianza da asco) pero me sé todas sus canciones, la que escuché por primera vez sigue así “Me abrirás, con tu luz, duermo todas las noches dentro de un baúl y te irás y, esta vez, romperé mis poemas, quizás pensaré. Tu mirada, ¡qué chorrada! ¿Cómo quieres que cuente estrellas? si hace tiempo me lo invento, soy el amo del firmamento, metido en mi disfraz de hombre normal”… qué grande es el cabrón.

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