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Peonías en el lecho del fauno, de Tente Garrido

Tente Garrido ha publicado recientemente en la editorial gijonesa BajAmar Peonías en el lecho del Fauno, un libro de poemas que se presenta en una singular edición bilingüe castellano y «valverdeiru», una de las variantes de la lengua del valle de Jálama, «a Fala». La traducción la ha realizado la filóloga Alicia Manso. Tente Garrido, que es autor de los poemarios Glory hole (Ediciones Vitruvio, 2021) —seleccionado entre los mejores libros de poesía del año 2021 por la Asociación de Editores de Poesía (AEP)—, Temperamentos básicos (Editora Regional de Extremadura, 2022) y Santuarios (Editorial Averso, 2025), ha escrito un libro que, como en los anteriores, no hace concesiones a la complacencia, enmarcándose en una estética insumisa frente a lo comúnmente aceptado.

Los versos rítmicos y las metáforas arriesgadas son la tarjeta de presentación de Peonías en el lecho del Fauno, que, como en el resto de su obra, le echa un pulso a la realidad y a nuestras contradicciones vitales. En la misma línea existe también en este libro, de título mallarmeano, un ejercicio desmitificador, un cuestionamiento de las certezas de los relatos establecidos (históricos y políticos), como en el poema TRA(NS)ICIÓN, título claramente dilógico:

Al pretil del hoyo se asoman los héroes,

los héroes ficticios que nunca lo fueron

pero empuñaron las armas

y escribieron los libros,

relegando a los vencidos

a un miserable pie de páginaborroso y famélico

Esta voluntad desmitificadora, a veces iconoclasta, siempre está presente de una u otra forma en Tente Garrido, sea en los poemas que hablan sobre el amor, la infancia, la cotidianidad o la memoria, territorios habituales de su poesía. Otro rasgo diferencial que le caracteriza es la vivencia extrema del propio cuerpo, una propiocepción que resulta nada hedonista:

Hierve bajo mi piel

un fulgor descarnado

(…)

Soy el caudal de este llanto

lúcido y amargo

que precede a la aurora.

Bernal Carnicerías

Estos versos, que extraigo del poema NOCHE TRAS NOCHE, indican que esa naturaleza del cuerpo se torna fuerza reflexiva y creativa; que bajo la piel se contiene una energía poética que quiere salir afuera, desbordarse, romper las fronteras de la psique.

En este nuevo libro, sin embargo, hay elementos temáticos y formales novedosos, que hacen evolucionar los ejes sobre los que pivotaban los libros anteriores. Lo detecto en un poema como BESARTE, que se plantea al principio como un manual técnico o administrativo —con un toque de humor— y que se resuelve en una metamorfosis emocional, convertida en esperanza, que asume las renuncias del día en cualquier relación equilibrada. Me gusta este poema, que les pongo a continuación:

BESARTE

A continuación, paso a desarrollar,

prescindiendo de principios y estrategias,

el proceso de elaboración y coordinación del reglamento

que concreta el marco que establece

las normas de accesibilidad universal a tu sonrisa:

Comenzar cogiendo maneras,

distintos ademanes.

Caminar siguiendo la línea

dibujada en tus labios

y al llegar a la comisura perderme

como un rebaño disperso

a ambos lados de la carretera.

Retoñar en las jardineras del balcón

aun siendo semilla seca de supermercado,

escurrir por la barandilla

y mojar gota a gota la ropa del vecino de abajo.

Volver silbando de la derrota.

Venir firmando en el aire

la rendición de un juramento,

la esperanza de los días que vendrán.

La otra novedad, muy sugestiva, es que en los poemas que hacen de presentación del libro, la sección titulada DIVERTIMENTO DE LOS DIOSES, la poesía de Tente Garrido se hace eco de un territorio, un lugar que, por coincidencias biográficas, reconozco familiar y gratamente. Y hablo de la Sierra de Gata, de la Raia (que él escribe así, en portugués) y del paisaje de esta comarca. Se titula, sin embargo, el primer poema del libro DESLOCALIZACIÓN, y escribe en una estrofa:

En los ojos la ilusión

de un perro recién adoptado

que no ha perdido la costumbre

de dejar tras de sí migas de pan

enmohecido en la desconfianza.

Alguna vez he tenido la ocasión de hablar con el autor sobre una cuestión que me parece muy interesante: escribir desde Valverde del Fresno, un lugar periférico, lejos en kilómetros a los circuitos culturales capitalinos, y si esas circunstancias determinan de algún modo su escritura. Aún reconociendo los pros y los contras, Tente Garrido, que es plurilingüe, ácrata de corazón y cosmopolita, se sacude con desparpajo cualquier atisbo de trauma, se deslocaliza. Se siente en casa, siendo su casa creativa cualquier sitio.

Con este libro, sin embargo, ha realizado, quieras que no, un doble acto de pertenencia. El primero, reivindicando el arraigo, reconociendo el lugar en el que habita y en el que trabaja como maestro, en contacto diario, social y afable con la gente, y en especial con los pequeños. Y haciéndolo desde la libertad y el extrañamiento poético, fiel a su camino literario. Y el segundo acto viene de la traducción de sus poemas a “a fala”, Peonías no leitu du fauno, reconociendo una convivencia natural con una lengua vernácula distinta a la suya.

Creo que es el primer libro de poemas no costumbrista -no sé si me equivoco- que se traduce a la lengua de Jálama, lo que tiene algo de fundacional, de abrir una camino para que la expresión poética o cualquier otra forma literaria pueda verterse al venero del mañegu/lagarteiru/valverdeiru y que, en el futuro, esto aliente la vocación creadora de jóvenes escritores. La literatura se hace de cruces inesperados, de influencias y de atravesar fronteras libres de equipajes.

La traductora, Alicia Manso Flores, ha hecho un excelente trabajo. Se notan sus conocimientos literarios y el cariño que ha empleado en la traducción que ha realizado de los poemas de Tente Garrido, que son más que una versión, casi diría que son un texto autónomo que se balancea con naturalidad en la musicalidad de “a Fala”. Del mismo poema DESLOCALIZACIÓN les propongo un fragmento, en castellano:

Una puñalada en el vientre.

La resaca del mar

se llevó mis recuerdos

y lavó mi cabeza,

borró mis pasos

y ahora no sé volver.

Ese mar ya no puede tocarnos,

su sal no era el antídoto que necesitábamos.

Ahora soy un torpe centinela despistado,

una soga podrida

que se aferra

a los restos del naufragio.

El mar y la muerte…

la muerte del mar

en mis ojos de niño inocente.

La muerte del hombre

ahogado en su copa verde

de llanto cristalizado.

Y en valverdeiru:

Unha puñalá nu ventri.

A resaca du mar

se llevó us meis recordus

y lavó a miña cabeza,

borró us meis pasus

y agora nun sé volver.

Esi mar ya nun poi tocarnus,

u sei sal nun era u contravenenu que necesitában

Agora soy un torpi guarda despistau,

unha soga pudría

que se aferra

aus restus du naufragiu.

U mar y a morti…

a morti du mar

nus meis ollus de mininu inocenti.

A morti du homi

afogau na súa copa verdide choru cristalizau.

En el término municipal de Valverde del Fresno se encuentra Salvaleón, una antigua villa abandonada que se levanta sobre un cerro en la confluencia de la Ribeira de Basádiga y el río Eljas. En este lugar, perfumado por las jaras, crecen cada primavera, entre los muros derrumbados, las peonías o rosas de Alejandría. Desde allí, en dirección norte, todo el norte que abarcan nuestros ojos, se extienden la sierra de Gata y la “serra de la Malcata”, como un gran lecho mullido y verde. Las flores rosadas, de pétalos aterciopelados, son las sílabas contadas de una lengua telúrica y orgánica que un fauno irreverente silba con un caramillo. Son flores frágiles, y el fauno lo sabe y por eso las acaricia con los dedos mientras el sol se eleva poseyendo la tierra toda, y abre la boca y dice:

Aquí farián a nosa casa,

aquí ondi u sol sai y se pon.

Texto de Felipe Rodríguez Pérez

Publicado en marzo de 2026

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