La exposición de Virginia Rivas en el Museo Textil Pérez Enciso de Plasencia nos reafirma que la razón de ser de un museo no es la de convertirse en un mausoleo donde las obras expuestas se exhiben y el visitante las observa desde la distancia del tiempo. El museo nace para ser un lugar móvil y vivo donde existe un diálogo entre la obra y los espectadores. La fórmula ideal sería un museo sin paredes, abierto a otros espacios de la ciudad. Sirvan de ejemplo, en el ámbito del arte contemporáneo, las Bienales de Münster, Lyon o Helsinki.
Daniel G. Andújar publicó recientemente en su web que el museo atraviesa una crisis profunda y necesita una transformación de fondo. “El museo ha organizado la memoria, el saber y el placer estético guardando todo nuestro pasado”. Pero este legado que debemos conservar convive con un presente convulso, acelerado y artificial.

El Museo Textil Pérez-Enciso de Plasencia es un museo del pueblo donde los saberes ancestrales de nuestros abuelos y bisabuelos tienen su lugar. Pero también es un museo abierto y cercano a propuestas tan interesantes como la que nos presenta Virginia Rivas con la exposición Herencia y diálogo. Color e historia.

Virginia investiga desde hace tiempo con los límites del color y ha creado una paleta propia y reconocible en toda su larga trayectoria. Nos propone una mirada contemporánea del uso de los pigmentos y aglutinantes desde el rigor y la autenticidad de su trabajo.
Su propuesta es un diálogo intenso y explícito con las piezas del museo. En cada vitrina hay un bodegón tradicional del que se inspira. Cada una de ellas asemeja una ventana abierta al gesto, la fuerza cromática, la seguridad del trazo y la dulzura en el hacer de sus papeles pintados. Trazo, medida y ejecución son las pautas de su trabajo, el ritmo lo pone el color.

El azul añil de las medias, los zapatos bordados y el volumen de los pliegues de las faldas así dispuestos me recuerdan a la pintura de Zurbarán contenida en unos pocos elementos. Un pañuelo de hombros amarillo, rosa y verde nos anuncia que el gesto es también un impulso vital. La masa amarilla del guardapiés decorada con siete lorzas y rematada con una cortapisa verde compensa el equilibrio compositivo de la escena.
Morado, rojo, negro, amarillo, azul y beige forman la gama cromática de Virginia, que pone el acento en señalar que nuestros antepasados eran capaces de vestir con prendas alegres y llenas de color sin importar las horas de sudor o esfuerzo físico. Prendas realizadas todas a mano, como el propio oficio de pintar.

La exposición comienza en una vitrina con pequeñas telas pintadas y algunas fotografías que provienen del taller que la artista impartió hace unas semanas, en el que propuso a los asistentes repensar o interpretar un detalle o pieza expuesta en el museo y traducida en pinturas de pequeño formato sobre lienzos.
El arte contemporáneo nos abre los ojos, nos plantea preguntas o nos interpela desde lo más profundo del ser humano. La pintora Virgina Rivas ahonda en esta manera de entender el museo como un espacio de cultura vivo y participativo y nos enseña a los espectadores como los procesos creativos son tan importantes para entender el legado de nuestros antepasados.
Hasta el mes de abril podréis disfrutar de esta exposición en el Museo Etnográfico Textil Pérez Enciso de Plasencia
Museo Etnográfico Textil Pérez Enciso de Plasencia
Plaza Marqués de la Puebla s/n
Horarios: Domingos: 10:00-14:00
Lunes y martes cerrado
Miércoles, jueves, viernes y sábados :11:00–14:00, 17:00–20:00
Entrada libre




