Torre de Don Miguel en Fitur 2026 lucirá una joya comestible única: galletas en forma de capacetas con escamas de oro. Quien las prueba, sentirá los matices del AOVE de la manzanilla cacereña, el oro líquido de la Sierra de Gata donde se han utilizado toda la vida estas piezas icónicas en los molinos para molturar las aceitunas.
Torre de Don Miguel, en la Ruta del Aceite, da un paso más para llevar su rica tradición aceitera a la gastronomía de autor y ha creado una edición exclusiva para degustar en el espacio gastronómico de Extremadura en Fitur 2026. La cita es el viernes 23 a las 15.30 en el stand de la Junta de Extremadura situado en el pabellón 7.
Capacheta ha llamado a esta elaboración artesanal y sostenible que eleva la gastronomía a la categoría de joya. Los asistentes se podrán llevar a casa una pieza única y limitada de Capacheta Gold Edition. Dentro se encuentra el relato de este viaje gastronómico y un QR con las otras joyas turísticas de Torre de Don Miguel.
Esta innovadora propuesta culinaria cargada de simbolismo y memoria es fruto de la colaboración público-privada entre el Centro de Interpretación de Sierra de Gata que pertenece a la red de centros de la Diputación de Cáceres, el Ayuntamiento de Torre de Don Miguel y las empresas As Pontis y Cookiness Oficina Gastronómica.
Su apuesta va más allá de una degustación, es el relato de un pueblo olivarero con un rico patrimonio material e inmaterial contado a través de la gastronomía innovadora, sostenible y excelente.
Torre de Don Miguel presenta en Fitur 2026 su rico torenyo
No será la única experiencia gastronómica de Torre de Don Miguel en el expositor de Extremadura en Fitur 2026. También será el momento de degustar el torenyo, que es una reinterpretación del pan tostado impregnado de aceite de oliva virgen extra caliente y zumo de naranja que se ha comido desde siempre en los molinos.
Su nombre viene de la fusión de Torre, como le dicen los vecinos al pueblo, y de las toronjinas, como llaman a las naranjas que se producen también en sus campos. Su bocado evoca al tradicional sopetón de Torre de Don Miguel, a los naranjos y al AOVE. De nuevo la gastronomía se vuelve memoria. Es como comerse un pueblo a bocados.






