Que uno no puede estar a la vez en la procesión y repicando las campanas, es cosa más que sabida. Y eso le pasó al que garabatea estas líneas el pasado 8 de noviembre.
Era sábado y la Iglesia de Roma celebraba a San Diosdado y Santa Eufrosina. En Guijo de Granadilla, su pueblo natal, se presentaba el libro del buen amigo Jorge Sánchez Mohedas. No cabía ni un alfiler en la casa de la cultura. Me perdí tan cálido, emotivo y amistoso encuentro. Mandaba la agenda y tenía que aposentar mis posaderas en otras butacas a varias leguas del lugar donde yacen los restos de José María Gabriel y Galán, el poeta charro que nos dio una de cal y otra de arena.
Sería muy largo de explicar; pero que nadie se mese los cabellos ni se rasgue las vestiduras.
Al acto asistieron, lo cual les honra, el presidente de la Mancomunidad, que, diciendo la verdad, no sé quién es; supongo que algún alcalde de los quince que conforman dicha institución, que nada tiene que ver con la demarcación comarcal de la histórica Tierra y Villa de Granadilla. A su vera, la presidenta del ‘Ceder Cáparra’, a la que tampoco le pongo cara. Igualmente, se acomodaron en sus asientos, el vicepresidente de la Diputación cacereña y alcalde de Ahigal; así, como el propio alcalde de Guijo de Granadilla, a los que creo que conozco sobradamente, aunque yo sea un descreído y no acostumbre a ser políticamente correcto.
Nos alegramos por tan viva, emotiva, didáctica, afectiva y ruralizada presentación. ¿Cómo no íbamos a alegrarnos porque, ¡¡por fin!!, se le hacía justicia a la magistral pluma del guijarreño, de quien estoy más que seguro que ama de verdad a su pueblo, ya que, en realidad, le duele? Felicitamos de corazón al ‘Ceder Cáparra’ por haber auspiciado la publicación del libro ‘De un tiempo de pulgas y esperanza’. Personalmente, y no me arrepiento de ello, le insistí varias veces a Jorge que debería publicar aquellos magníficos relatos que nos iba entregando a través de las redes sociales. Preciso era que buscara una ‘tallera’ (también decimos, en nuestra Lengua Estremeña -con S aspirada-, ‘rejendija’) para meter el brazo y entregar los folios a quienes de veras sabían apreciarlos y tenían los fondos para publicarlos. Le duele a Jorge el lugar donde vio la primera luz. Dolores los hay de muchas clases. No es que el dolor de él fuera el dolor que le acometía a Unamuno respecto a España, en todo un desgarro regeneracionista. Su dolor es el generado, al cabo de los años, porque la nostalgia de unos tiempos vividos, a veces con flagelante crudeza, se le volvió amada añoranza.
Jorge vivió una infancia y pubertad cuando la ponzoñosa dictadura del que se hacía llamar ‘Caudillo de España por la Gracia de Dios’ aún seguía fusilando, aunque hubiesen desaparecido las cartillas de racionamiento. Pero las infancias y pubertades tienden a ser idealizadas, lo cual no es óbice para que se reconozcan viejos valores que se conservaban en nuestros pueblos y que, hoy, la modernidad llegada de mala manera está guadañando de raíz para mayor gloria de una sociedad individualista y consumista, hija legítima del alienante y explotador capitalismo. Oigamos la voz de Jorge, en la sinopsis de la contraportada del libro: ‘Aquí encontraréis, en fin, los fotogramas de una época cargada de asperezas, sin concesiones, sin concesiones a la delicadeza, pero repleta de cercanía y afectos humanos, de naturaleza en todo su esplendor, de olores, colores y sensaciones nunca más vividas. Un tiempo donde la dignidad pudo abrirse paso entre las tribulaciones, como la luz de una cerilla en la oscuridad de un corral. Los niños, dentro de todo aquello, tuvimos la astucia, sin saberlo, de transformarlo todo en risas y alegrías, hasta lograr vivir, quién sabe, algunos de los momentos más felices de nuestra frágil existencia’.
Un dolor de pulgas y esperanza


Hemos sido muchos los que esperábamos, como agua de mayo, el siguiente relato de aquellos tiempos que conocimos y que han constituido todo un corpus de 66 fotogramas (la pluma convierte los textos en imágenes), que fueron desfilando por esa red social de ‘Facebook’. Si usamos la cabeza no para embestir, sino para pensar, aprenderemos a desechar el lastre ferrugiento, viscoso y muchas veces sesgado que acompaña a tales plataformas telemáticas. Quedándonos con lo bueno, escojamos esos tiempos en los que las pulgas cabalgaban tan campantes en las ‘seronás de viciu’ (cargas de estiércol en los serones), y, si les apetecía nuestra sangre, nos picaban, produciéndonos muchas ronchas y rasquiñas. Pero Jorge, el que estudió Diseño Gráfico e Ilustración Artística en Valencia y acabó de Educador Ambiental, Ocio y Tiempo Libre, sobrepone a los espinosos cardos y gatunas, como metáfora a los ambientes sombríos, de silencios que iban por dentro, de los miedos que todavía perduraban, de una represión sórdida, de una falta de libertades, de un nacionalcatolicismo rampante…el valor de la Esperanza. Nunca se pierde la Esperanza. El sudor chorreaba por las frentes de aquellos humildes campesinos, la mayoría pegujaleros, que trabajaban de sol a sol, pero doblaban la rabadilla con ilusión y con ganas, haciendo bueno aquel adagio que corre por estos pueblos: ‘siempri c’ha llovíu, ha escampau’.
Con la mochila a cuestas, el guijarreño (de acuerdo con su gentilicio) fue dejando huellas en diversas ciudades: Alicante, Valencia, Madrid, Salamanca… No obstante, sacaba tiempo debajo de las piedras para escaparse a su pueblo. Aquí, en el estío, en comandita con el Ayuntamiento, viene desplegando toda una serie de actividades campamentales para niños y jóvenes, enfocadas principalmente a rutas nocturnas de senderismo por los variopintos parajes que conforman el término municipal de Guijo de Granadilla. Su afán por recuperar la memoria de esta población le ha llevado a embarcarse en toda actividad que redunde en la positiva consecución de tan loable objetivo. A gala puede enorgullecerse del espíritu altruista que le caracteriza, como lo pone claramente de manifiesto los años que lleva participando, como voluntario, en un proyecto de apoyo escolar y tiempo libre para niños de primaria, a través de ‘Cáritas Salamanca’.
Segunda edición
Ciertamente, Jorge no esperaba tanta afluencia el día de la presentación. Como el trato prefijado de antemano anunciaba la entrega de un ejemplar a cada uno de los asistentes, hubo que entregar más del doble de los previstos. Pocos han quedado de esa primera edición gestionada por el ‘Ceder Caparra’. Volaron de las manos o, como dicen por estas tierras, se los llevaron ‘a barrel’. El libro, prologado por la guijarreña Teresa Berrocal Palomero, seguramente vuelva a salir a la calle en una segunda edición, por lo que el ‘Ceder Cáparra’ debería traspasar sus derechos de explotación. Pero mientras llega ese momento, Jorge pretende llevar a cabo una segunda presentación en la próxima primavera en su pueblo y, a poder ser, en un local con mayor aforo. Incluso, una tercera en la cercana localidad de Ahigal, que se erige en el pueblo más cosmopolita de toda la zona.


No hace falta añadir que quienes hemos seguido y comentado escuetamente los relatos de Jorge catapultados a las redes sociales, como parte de su blog ‘De un tiempo de pulgas y esperanza’, que ha dado título al libro, esperamos que los relatos continúen, porque la tela por cortar todavía es mucha. Con su buena pluma, tan aclimatada a estos pueblos y estos campos y tan afilada para penetrar entre las nieblas de esas ruralidades de años que nos tocó vivir, Jorge puede aspirar a metas literarias más altas. La añoranza no consiste simplemente en recordar. La urdimbre que espera ser tejida lleva una gran carga de memoria y emoción, a la vez que se impregna de un extraño dolor por esa imposibilidad de volver a recuperar un pasado que ya se convirtió en nostalgia. A todos nos gusta que nos corretee el escalofrío de los recuerdos de aquellos años en que nos conformábamos con poco y formábamos parte de una tribu, cuyos miembros nos enseñaron a luchar por la vida y a no olvidar cimentados valores, como la solidaridad, la hospitalidad y el apoyo mutuo. Por desgracia, la despoblación rural ha venido de la mano de dinámicas estructurales, propias de sistemas capitalistas, que transforman, lamentablemente las economías rurales en simples espacios de extracción y dependencia, donde los valores tradicionales son arrasados por el individualismo, cuyo lema es ‘vales lo que produces’, dando paso a que el dinero y el poder sean los protagonistas indiscutibles, consolidando un modelo de desarrollo desigual y explotador.
Foto de encabezamiento de la presentación del libro en la casa de la cultura de Guijo de Granadilla. En el estrado, la presidenta del Ceder Cáparra y el autor. (Foto: Archivo J.S.M.)
Texto de Félix Barroso para su columna A Cuerpo Gentil, las opiniones e imágenes publicadas en esta columna son responsabilidad de su autor
Publicado en diciembre de 2025





