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Qué bien se está aquí

A mi hija Mafalda, que es buena lectora, no le gusta demasiado la poesía, y uno de los motivos que alega cuando hablamos de ello es que no sabe cómo leer un libro de poemas, si hay que hacerlo del tirón, si hay que leerlo dos veces o si debe hacer una especie de pausa meditativa cada vez que acaba un poema, antes de seguir con el siguiente, y creo que, en cierto modo, no le falta razón, pues nadie, en realidad, nos enseña a leer poesía. De hecho, cuando, de pequeños, aprendemos a leer, el proceso es una especie de competición cuyas metas son la comprensión y la rapidez, es decir, conseguir recorrer deprisa un texto enterándonos de lo que quiere decir, y tal vez eso condicione, para los restos, nuestra forma de acercarnos a la lectura, empujándonos a leer rápido tratando de entender, objetivos que muchas veces nos apartan del disfrute, también de la prosa, pero de manera especial de la poesía, para la que nada convienen la rapidez y la obsesión por comprenderlo todo, pues más bien requiere lentitud y una cierta suspensión del juicio, en el sentido de abrirse a la posibilidad de que no todo tenga que pasar por el filtro de la razón. Empiezo contando todo esto a propósito de “El buen lugar”, el último libro del poeta Basilio Sánchez, publicado hace unos meses por la editorial Pre-Textos, un libro hermoso y distinto del que tengo la impresión de que es más fácil decir qué no es que tratar de describirlo en positivo, y, en el sentido de lo que he venido hablando, lo primero que diría acerca de él es que no conviene leerlo del tirón y que, de las otras posibilidades que apuntaba mi hija, yo optaría por leerlo al menos dos veces haciendo, además, pausas después de cada fragmento, pausas que prolongaría dejando al medio aire y tiempo suficiente para disfrutarlos, pues es uno de esos libros que requieren de una lectura lenta.

También podría decirles que no es poesía, pero que tampoco es del todo prosa ni esa otra variante a caballo entre las dos llamada prosa poética. Digamos que es una prosa llena de poesía, entendiendo poesía en el sentido más amplio, el que abarca desde el cuidado extremo por la palabra hasta la actitud, la manera de acercarse a la realidad, y que, en ese sentido, no se aleja demasiado, ni por el tono ni por el estilo ni por los temas, de la excelente poesía a la que su autor nos tiene tan acostumbrados. Y diría también ―esta vez en positivo― que el libro tiene algo de musical, por la sucesión de ritmos de sus fragmentos, que van del largo al moderato o, como mucho, en algún caso, al allegro, pero, sobre todo, por la existencia de temas que reaparecen una y otra vez confiriéndole unidad al conjunto, convirtiéndolo en una suerte de sinfonía que es un placer disfrutar de principio a fin.

Ecotahona Ambroz Plasencia

Pero donde la cosa vuelve a complicarse es a la hora de establecer qué es o de qué trata exactamente el libro, porque yo diría que no es una poética, ni un ensayo sobre poesía, ni un tratado sobre el buen vivir, aunque, al mismo tiempo, contenga todo eso. Diría que, un poco al modo de las cajas chinas o de las muñecas rusas, El buen lugar es una suerte de ética, de afirmación de una cierta forma de enfrentarse al mundo, que a su vez contiene un ensayo sobre poesía, que a su vez contiene una poética, esa que no llega del todo a enunciar, pero que se deduce de todo lo que cuenta y que tiene como puntos cardinales ―entre otros― la lentitud, el silencio, la humildad, la atención a la pequeño, el cuidado por las cosas o el amor por la naturaleza y por lo humano, si es que realmente se puede diferenciar, temas todos ellos tan presentes en la obra poética del autor.

En definitiva, el de Basilio Sánchez es, como decía, un libro hermoso y distinto, empapado de poesía, narrado ―pues, aunque su protagonista sea la poesía, también hay en él mucho de buena narración, del arte de saber contar― con la voz modulada y cercana de su autor, un libro que conviene, además, leer con un lápiz a mano, pues está plagado de pasajes que querremos subrayar, pero también de referencias a pintores, poetas, narradores o ensayistas de los que nos van a entrar ganas de disfrutar, lo que lo convierte en un jardín de senderos que se bifurcan, en uno de esos libros que tienden al infinito por la ingente cantidad de lecturas y posibilidades de contemplación que nos sugieren, elementos todos ellos ―su hondo sentido poético, la calidad de la prosa, el pensamiento, la emoción, lo que tiene de invitación a la lectura y al disfrute― que lo convierten ―y se me viene a la cabeza el “¡Qué bien se está aquí!” que exclamaba, como salido del alma, el apostol san Pedro en el célebre evangelio de la Transfiguración― en un buen lugar, en un remanso, en un vergel en el que querrán habitar, se lo aseguro, bastante tiempo.

El buen lugar

Basilio Sánchez

Editorial Pre-Textos

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