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Denominación de origen

Cuando un libro está escrito con pasión se nota, pero cuando está escrito con más de una pasión se nota aún más. Digo esto a cuenta de “La almazara de Catón. Olivos y aceite en Grecia y Roma”, de Rafael Fontán Barreiro, publicado por ediciones Godall, en el que da entusiasmada rienda suelta a dos de sus pasiones, el cultivo del olivo y el mundo clásico. En el libro, su autor, licenciado en Filología Clásica, profesor, autor de libros como Los romanos en Hispania o Iberos y traductor de libros mayúsculos, fundamentales, como La Eneida de Virgilio, hace una extensa introducción sobre el cultivo del olivo y la producción de aceite en la Antigüedad clásica revelándonos cosas como que el olivo es un árbol terco, que tiende a asalvajarse, a reproducirse recobrando su condición originaria de acebuche, que es fruto de una labor de domesticación del ser humano y que se fue extendiendo poco a poco por la cuenca mediterránea, pero también otras como que el primer uso del aceite fue cosmético, por sus excelentes virtudes para el cuidado de la piel —ese uso que a todos nos parece tan moderno, tan reciente, tan new age— o que los romanos ya recomendaban prensar la aceituna enseguida, sin dejarla agostarse en los almacenes, si se quería obtener un producto de calidad, eso que hoy llamamos AOVE —algo que, al parecer, sólo recientemente hemos (re)descubierto—, curiosidades que nos demuestran a los soberbios ciudadanos del siglo veintiuno, detentadores absolutos de la ciencia y el conocimiento, que hay que ser humildes y mirar las cosas con perspectiva, pues no todo lo hemos descubierto nosotros. En la segunda parte del libro, después de ponernos en situación, Rafael —ahora en labores de traductor— nos ofrece una cuidada selección de fragmentos de escritores agronómicos, entre ellos Teofrastro, Paladio, Plinio el Viejo y, sobre todo, Catón, centrados en el olivo y el aceite y que resultan enormemente interesantes, pues de la época clásica conocemos más o menos bien la filosofía, la poesía, el teatro o el derecho, pero no —por lo general— la labor de los tratadistas, menos aún la de los que escribieron sobre asuntos agrícolas, una selección que sorprende no sólo por la modernidad de sus consideraciones o por su carácter ambicioso y exhaustivo —pues estas páginas dedicadas al olivo y el aceite no son sino una pequeña parte de extensas monografías que incluyen todo tipo de cultivos—, sino por su extrema generosidad, por el deseo latente de compartir todo ese conocimiento por el bien de la República, lo que resulta enormemente chocante en estos tiempos en los que todo se mercantiliza y en los que el saber a menudo se esconde, se reserva o se encripta para aprovechar al máximo las ventajas competitivas que ofrece. Una ocasión extraordinaria en definitiva, esta de este hermoso libro de Rafael Fontán Barreiro, para ponernos en nuestro sitio y recordarnos que el saber viene de antiguo, que no somos el fin o el culmen de la historia, que no siempre hemos sido como somos y que, para bien o para mal, es bueno mirar, para aprender, hacia el pasado.

La almazara de Catón.

Olivos y aceite en Grecia y Roma

Rafael Fontán Barrero

Ediciones Godall

Publicado en julio de 2025

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