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Con la Mochila al Hombro. Rutas Intrahistóricas y Heterodoxas: La Huella de Roma (IV)

La sombra de Teófilo Montero Martín, ‘Titín’, marca el paso al compás del trotacaminos, tal y como le acompañó en los dos capítulos anteriores.  Ahora, las huellas se van dejando por donde interaccionan los terrenos pizarrosos con los graníticos.Paraje de Arrocetuna’ o de ‘La Rocetuna’. Topónimo que, sin lugar a dudas, hace referencia al ‘Arroyo de la Aceituna’.  Y aceitunas cuelgan en abundancia en los otoños en las dos lomas que bajan a beber en sus aguas.  Tantas aceitunas me estomagan y, ciertamente, no son plato de mi gusto, por más que haya nacido en unas tierras donde miles de olivos cabalgan por tesos que se van volviendo montañas a medida que la aguja marca el norte. 

“Muru” o chozo pastoril, a piedra seca y con falsa bóveda, anunciando su inminente ruina.  Pese a que las normativas europeas instan a las diferentes Administraciones a velar por la conservación y el mantenimiento de la arquitectura tradicional-popular, incentivando a los dueños de las fincas donde se encuentra, NADA DE NADA se ha llevado a cabo en la práctica totalidad de la región extremeña.  (Foto: F.B.G.)

La margen izquierda del arroyo ya la pateó con sus botas el trotacaminos.  Ahora, hay que lidiar con la que se extiende en la ribera derecha.  Área granítica en su mayor parte, donde comienzan a verse algunos ‘puzaranconis’, palabra de estos términos y que viene a significar al modo de socavones, zanjas o excavaciones.  En este caso, se tratan de minados para la extracción de wolframita, el ‘golfran’, del que hablan los paisanos y cuya historia ya se relatará en otro de los capítulos de la serie.  Recuerde el trotacaminos que quien levantó la liebre, en los años 40 del siglo XX, los conocidos como ‘Años del hambre’ en la España que acababa de salir de una guerra de sedición cuya mecha la prendieron bárbaras y sanguinarias huestes golpistas, fue ‘Titín’, del que ya se dijo que siempre llevaba un martillo consigo.  Y es que el amigo Teófilo, por lo que oímos contar, tenía la virtud de distinguir los distintos olores de las piedras, sabiendo apreciar el valor de ellas.   La muerte, que no paró nunca desde que el hombre se irguió sobre el planeta Tierra, vino a por él la noche de Reyes de 1966.  ¡Menudo regalo le trajeron los Magos!  Un incendio de poca monta en su casa, que fue apagado prontamente por los vecinos, le asfixió con el humo cuando estaba dormido sobre una silla al pie de la lumbre del hogar.  Ya era setentón y se le iban los ojos al vino.  ‘Mozacus’ y ‘mozarangonis’ (mozuelos y mozos algo desmandados) se metían con él cuando le veían que andaba ‘embalagau’ (borracho).  Él les amenazaba con el martillo, pero era incapaz de matar a una mosca.  En alguna que otra ocasión, cuando llevaba la curda encima, le agarraban y lo metían en una cuba de vino vacía y la echaban a rodar barrera abajo.  Salía como un zombi, entontecido y cagándose en los mozos y en la madre que los había parido.  Había nacido un 27 de agosto de 1893, festividad de San Guarino, y era hijo de Fidela Martín García y de Lorenzo Montero Miguel.  De su vida y hechos, así como de su ingenio natural y sus cosmovisiones heterodoxas, como bien sabe el trotacaminos, se dio detallada cuenta en párrafos de otras páginas.

l trotacaminos, en su época de estudiante, encaramado, en plena siesta estival, en uno de las rocas plutónicas inmediatas al posible lagar rupestre.  (Foto: Lourdes González Batuecas)

Presa Lenticular Romana

El trotacaminos, en su época de estudiante, encaramado, en plena siesta estival, en uno de las rocas plutónicas inmediatas al posible lagar rupestre.  (Foto: Lourdes González Batuecas)

A título individual, pero totalmente opuesto a todo individualismo, el trotacaminos va milimetrando la falda de la loma que se descuelga en la margen derecha del citado arroyo y donde la huella de la romanización muestra su clara evidencia.  O puede que más que romanización se trate de auténticos colonos romanos, que llegan tras la invasión de sus ejércitos.  De esta manera, estaríamos ante una auténtica explotación colonialista, muy semejante, salvando las distancias, al colonialismo europeo practicado desde el siglo XV en adelante, hasta bien entrado el siglo XX, ya fuere en América, África, Asia u Oceanía. No quedaba a salvo ningún continente de las garras del ‘Primer Mundo’. Todo un fenómeno de convergencia cultural, impuesto por los colonizadores, que, si no se aceptaba de buen grado por los nativos, se imponía por las bravas.  Todo será controlado por la potencia colonial, que rapiñará las materias primas e impondrá sus cosmovisiones y sus cosmogonías.  La pirámide social es trastocada y se ahondan las diferencias sociales.  Se acentúa la esclavitud, que tampoco hay que descartarla en etapas precoloniales, pero mucho más mitigada.   Ahora, se patentizó aquella terrible exclamación ‘¡Vae Victis!’, atribuida a Breno, jefe de los galos, cuando cercó y se apoderó de Roma en el año 390 a.n.e.  Pero Breno solo repetía lo que había oído muchas veces a los propios romanos: ¡’Ay de los vencidos’! 

A tenor de los vestigios, suponemos que la loma que vierte aguas a la margen izquierda del arroyo, sustenta el núcleo realmente indígena, aunque también se rastrean fragmentos de ‘dolias’ e ‘ímbrices’ (tejas planas y curvas, respectivamente).  No es que los ‘ímbrices’ tuviesen una curvatura muy conseguida, ya que se limitaban a piezas de forma ondulante.  Evolucionan con los años y se llega a una curvatura más perfecta con la teja árabe.  Curiosamente, el molde que empleaban la mayoría de los ceramistas árabes para fabricar este tipo de tejas eran sus propios muslos.  Surgen después las tejas híbridas, pasando a las tejas ‘monje’ y ‘monja’ (tejas de tipo medieval, cóncavas y convexas, colocadas alternativamente; una encima de otra, muy propias de construcciones conventuales).  Este último tipo de teja todavía las encontramos en viejos edificios, ya sean urbanos o campestres.  Llegaría, finalmente, en el siglo XIX, la fabricación de tejas de modo industrial, pero esto ya es otro cantar.

Vista del mortero excavado en la roca, una vez limpiado; al fondo,se observa la lagareta.  Hilando fino, si el “Trotacaminos” da los fósiles-directores, a lo mejor hay que otorgar a este espacio un carácter ritual. 

No solo ‘tégulas’ e ‘ímbrices’ de muy buena calidad se aprecian en este asentamiento de ‘La Rocetuna’, sino que, en el propio camino que lleva hacia el paraje de ‘La Froría’, hemos observado, encajadas entre los ripios pedregosos que conforman esta rústica calzada, varios ‘pondus’ (pesas de telar) y fragmentos de cerámicas varias, sin excluir restos de una especie de vasija hemiesférica de ‘sigillata hispánica’ (vajilla fina de mesa, época altoimperial.  S.I. a.n.e. ‘Ritt.8, Dragg. 24/25’). Bien sabe el trotacaminos que, al plantar una viña el vecino Antonio Calvo Dosado, más conocido en el lugar por ‘Ti Antoniu el Correu’, hace ya muchas lunas, cuando él ni siquiera había dado el primer vagido, aparecieron, según le contaría más tarde, siendo estudiante y cuando la viña ya tenía cepas bien desarrolladas, que ‘al jadel las bochas, ansomarun cachus de tinajonis y de otras escullas más chiquininas, y cajetonis cumu si juesin tumbas y otrus achipierris tós jerrumbientus’.   Antonio había formado parte, junto con sus vecinos Juan Pérez, ‘Pelleju’, Gabriel Plata, ‘Gabrielón’ y Pablo Clemente, de la Guardia Cívica que se estableció en el pueblo para defensa de la República Española, como herencia del ‘Pueblo en Armas’, movimiento institucionalizado en España durante el llamado ‘Sexenio Democrático’ (1868-1874).  Al tomar el pueblo los sublevados, en agosto de 1936, fueron llevados, maniatados, junto con otros 18 paisanos, entre ellos cuatro mujeres, por las calles y subidos a la camioneta, a fin de darles el ‘paseo’ (asesinatos sin causa judicial abierta).  Gracias al coraje del alcalde, médico e hijo del pueblo, Fulgencio Corrales Martín, y del cura párroco, Rufino García Flores, que se presentaron en la plaza armados con una pistola y una escopeta de caza, respectivamente, no se perpetró el crimen.  Los verdugos, encabezados por Julián García Albarrán, ‘Chiripa’ y Vicente Sánchez Blanco, ‘El Meón’, eran militantes del partido reaccionario y ultraconservador ‘Acción Popular’, al igual que los que martirizaron y le arrancaron la vida al insigne y universal poeta Federico García Lorca.  Este partido acabaría integrándose en la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA).  Dichos elementos, camuflados detrás de una camisa azul que no les pertenecía, perpetraron auténticas canalladas por las comarcas del norte cacereño, sin que ninguno pagara por ello.  Pero don Fulgencio y don Rufino los espantaron y no volvieron a asomarse por el pueblo.

Pila granítica, destinada para abrevar el ganado, atiborrada de fragmentos de “tégulas”, de algún borde de “dolia” y otros materiales latericios.  Foto de la época de estudiante del “Trotacaminos”.  Hoy, la pila, que ya estaba fuera de uso en aquel tiempo, no contiene ni un insignificante fragmento.  (Foto: F.B.G.)

En la conjunción de las dos lomas amesetadas, entre un perfil paisajístico de olivares, viñedos, carrascales y viejos huertos que se regaron antiguamente por el sistema de cigüeñal, se forma una vega muy rica en capas freáticas, que hoy han pasado, en su mayoría, a transformarse en pastizales.  También se aprecian algunos prados, donde se levantan fornidos robles.   Llama la atención el ensanchamiento que presenta el arroyo, que, en este tramo, se denomina ‘La Rocetuna’.  Más al norte, en la cercana dehesa boyal y comunal, donde inicia su recorrido por el aporte de aguas de varios regajos, justamente en los parajes del ‘Valli Maragil’ y ‘Las Cravellinas’, tomará el nombre de este último topónimo.  En sus tramos finales, pasará a denominarse ‘Arroyu de las Juntanillas (fontanillas) y ‘Arroyu de la Juenti (fuente).   El ensanchamiento producido pone de manifiesto que, en época posiblemente romana, a juzgar por los restos de ‘opus caementicium’ (tipo de hormigón de aquellos tiempos) y algunas piezas graníticas a medio desbastar, se alzó allí un muro para embalsar el agua.   Los aglutinantes del mortero para fabricar tal hormigón debieron de traerlos de la zona de ‘La Calera’, en términos de Santacruz de Paniagua, donde hay depósitos de arcillas blancas, que, a veces, aparecen en las intersecciones de rocas fracturadas (granitos y pizarras), a lo largo de los planos de falla y como fricción de los bloques rocosos.  No iríamos descaminados si nos atreviéramos a afirmar que allí se levantó una modesta presa de gravedad, aprovechando un escalón en el cauce del riachuelo.  La planta sería recta y su sección de tipo lenticular.  Tendría sus correspondientes contrafuertes y el característico espadón de tierra.  Con el paso de los siglos, se colmató la presa.  La corriente fluvial se dividió en dos ramales y dejó una fértil vega de aluvión, de poca extensión, donde, según le contaban al trotacaminos, era muy apta para la siembra de las patatas.  Hoy, ya se ha convertido en un espacio boscoso, que impide imaginar la estructura de este reducido embalse.  Gran parte del material constructivo de la presa sería aprovechado para abancalar los terrenos en pendiente y otros habitáculos agropastoriles, como se puede apreciar en la actualidad.  Las fotos aéreas detectan con gran nitidez el lugar que ocupó este pequeño pantanillo.

Detalle de la perforación practicada en la roca, creando canal de desagüe  en el lagar rupestre, a fin de trasegar el líquido.  La foto, realizada recientemente (6 de julio de 2024) conllevó el limpiar la tierra y broza acumulada, a fin de dar con el agujero, lo que demuestra el abandono del recinto, al haber perdido su funcionalidad.  El asiento, donde se colocarían las vasijas para almacenar el líquido, está completamente enterrado.  (Foto: F.B.G.)

Lagar Rupestre

Vivienda que fue de Teófilo Martín Montero, “Titín”, mentado varias veces a lo largo de los tres últimos capítulos, por las razones que se apuntan.  (Foto: F.B.G.)

Hablando de prensa, y no de presa, que esta ya la quedamos dos renglones atrás, vamos rematando estas páginas de investigación de campo.  No nos salimos de la viña que fuera de ‘Ti Antoniu el Correu’, y aquí, en un conglomerado plutónico lindero a la pared que delimita la finca por su parte oeste, cerca de un antiguo ‘muru’ (chozo pastoril de falsa bóveda y a piedra seca), el trotacaminos os puede indicar lo que tiene todas las trazas de ser un atípico lagar rupestre.  Hablamos de una especie de prensa laboreada sobre la superficie de una plataforma granítica, con su correspondiente orificio para la salida de los líquidos procedentes de los frutos estrujados, mediante el macerado a base de golpe de pisón o por los propios pies humanos, como se ha venido haciendo con las uvas por muchos pueblos, para obtener el mosto de forma artesanal y abastecer sus modestas bodegas.  El receptáculo tenía su correspondiente orificio para que saliera el líquido.  Desde nuestras épocas de estudiante, no visitábamos estos lugares y, ahora, cuando lo hemos hecho, nos ha costado lo indecible encontrar tal orificio, ya que, por la falta de uso del pilón, este se hallaba totalmente colmatado de tierras y otras brozas, casi enterrado.  Durante muchos años, este posible lagar rupestre fue utilizado como comedero para los puercos, ya que se encuentra en un apartadizo, dentro de la viña, defendido por un alto muro de mampostería granítica, que se conserva en buenas condiciones.  Su espacio interior, actualmente, se halla completamente cubierto de una capa de hojas de las carrascas y alcornoques que lo circundan o que han nacido ya dentro del acotado espacio.  A unos tres metros, en dirección norte, aparece un magnífico mortero, nada de pilancón ni cosa que se le parezca, sino perforación realizada por la mano del hombre, de unos 30 centímetros de diámetro, conformado sobre la superficie granítica.  No alcanzamos a dilucidar los fines de esta estructura.  Para otorgar cierta categoría cultual a este espacio, nos faltan un puñado de eslabones.  Si los llegáramos a encontrar, quizás podríamos hablar de algo así como un humilde santuario rupestre, pero hay que atar muchos cabos y ahora, al trotacaminos le queda mucho trecho por andar.  Solo, sin musa que se decida a compartir sus polvorientos caminos y alumbrarle con las incandescentes brasas de sus iris, más lindos que los de la ‘Columbina cyanopis’, continuará dejando su pisada sobre las hondas huellas que dejaron culturas anteriores, fueran prerromanas, romanas o de este campesinado de frente sudorienta, manos como mazas, barba de cinco días, eructando a olla de garbanzos, que apenas conoció la mecanización del campo y al que conocimos en nuestras infancias.  ¡Vayan estas líneas en su memoria!

Fotografía superior: Vista cenital (fotografía aérea) del área estudiada.  Se aprecia el cauce del arroyo de “La Rocetuna”, con ese llamativo ensanchamiento, donde se ubicó una humilde presa lenticular, de factura romana. (Foto: SIGPAC)

Texto de Félix Barroso para su columna A Cuerpo Gentil, las opiniones e imágenes publicadas en esta columna son responsabilidad de su autor

Publicado el 7 de julio de 2024

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