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A Torrequemada vas a comer cochinillo y descubres mucho más

A Torrequemada, un pueblo a 18 km al sureste de Cáceres, suele ir gente de la ciudad a comer cochinillo los fines de semana. No solo de la capital de la provincia, también de Madrid, del norte del país, de Sevilla… y quien no reserve con antelación, se perderá uno de los mejores cochinillos de España.

Antonio Morgado en su horno de leña de encina de Torrequemada

El cochinillo de Torrequemada, de los mejores de España

La corteza crujiente del cochinillo de Torrequemada es célebre. Antonio Morgado lleva 27 años ofreciendo cochinillos asados en horno de leña de encina en el Café Bar Plaza, uno de esos templos gastronómicos que son todo un reclamo turístico y en cuyas paredes cuelgan fotos en blanco y negro que indican que en este pueblo, de no más de 600 habitantes, hay mucho más por ver: más de 200 corralás de cerdos en una dehesa digna de recorrer, una ermita cuyo interior es un alarde arquitectónico, un puente medieval y varias sorpresas más por el camino.

Corralá de Miguel Arroyo que en algún momento sirvió de hospital de animales

Más de 200 corralás hechas en piedra seca

Sorpresas del mundo rural. La dehesa boyal o el prao de Torrequemada por sí misma merece una visita, son 270 hectáreas de grandes encinas, alcornoques y monte bajo donde comen los cerdos en la montanera y pastan las vacas. Al típico paisaje de la dehesa extremeña le suma Torrequemada un Bien de Interés Cultural en la categoría de Lugar de Interés Etnológico. Se trata de Las Corralás, que salpican la dehesa de cercados circulares. Hay unas 230, hechas antiguamente por los vecinos con muros de piedra seca y utilizadas especialmente para guardar a las cerdas en el tiempo de cría. Hoy en día es todo un monumento natural a la piedra seca, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Información sobre las corralás en el “prao” de Torrequemada

La ruta a la ermita del Salor por una dehesa llena de patrimonio

Por aquí transcurre una ruta de no más de diez kilómetros hasta llegar a la ermita del Salor. Es un camino llano donde aguardan más sorpresas, señalizado y en perfecto estado incluso para quien tenga que ir en coche.

Caminando el entorno es una delicia, porque atraviesa una dehesa con breves lomas que la llenan de encanto y charcas donde vemos a las aves beber. Es zona ZEPA y en los cielos sobrevuelan el águila calzada, el buitre o el milano negro.

Encina marcada por su propietario en el prao de Torrequemada
Las Corralás de Torrequemada

El caminante curioso se entretendrá recorriendo Las Corralás de distintos tamaños y observará las iniciales que hay en algunos troncos de las encinas. Entre ellas una “S” o una “I”, indican que esos árboles pertenecen a Severiano, a Isidra o a sus descendientes. En la dehesa de Torrequemada cada árbol tiene su propietario, como Las Corralás. El ayuntamiento, dueño de la tierra, entregaba el permiso correspondiente para que los vecinos pudieran hacer sus corralás y meter sus animales. Así se fueron multiplicando estos círculos de piedra en la dehesa, hasta conformar un interesante conjunto. Entre ellas encontramos la corralá de Miguel Arroyo, amplia y con un pequeño caseto blanco, que en algún momento llegó a servir de hospital de animales. Otra pequeña casa figura como la vivienda del porquero, la persona contratada por los criadores para encerrar cada noche a los animales. También, muy cerca del camino, vemos una de las más grandes corralás, la del ayuntamiento, para aquellos vecinos que no tuvieran la posibilidad de tener la suya propia.

La Pila de los Novios en el camino a la ermita del Salor

La Pila de los Novios donde pararse a pedir un deseo

Las sorpresas del camino incluyen la Fuente de los Novios, que sirvió para el cortejo de tantos vecinos camino de la ermita. No está indicada, pero la identifica un banco de piedra que la cubre al borde de la pista.

Puente medieval sobre el río Salor, camino a la ermita

Poco más adelante aparece el puente medieval. El río Salor corre bajo sus piedras delimitado por canchos blancos y lisos, la dehesa se extiende a lo largo y ancho, vigilada por la ermita a la que da acceso y cubierta por siglos de historia que recogen estas tierras.

Cruzarlo es toda una experiencia. Como la de pararse unos pocos metros más adelante en la llamada Pila de los Novios. Es una pequeña piedra horadada en los muros que circundan la ermita, a cuyos pies se ven muchos guijarros blancos que la tradición manda recoger, tantos por años, para ser arrojados a la pila mientras se pide un deseo.

Ermita del Salor, a donde acueden feligreses de Montánchez, Albalá y Torrequemada

La ermita del Salor, una joya en su interior

Enseguida se llega a la ermita del Salor, que está en lo alto de una loma, a donde acuden los feligreses de tres pueblos a celebrar sus romerías, Montánchez, Albalá y Torrequemada. Por fuera es coqueta, pero por dentro es una auténtica joya repleta de sorprendentes galerías de arcos y frescos que cuentan la vida de Jesús. La enorme nave es una interesante muestra del arte mudéjar muy antigua – hay referencias desde el siglo XIII- que cautiva nada más cruzar el umbral. En la cabecera, posterior al siglo XVI, con pechina en azul y linterna, se alza la figura de Nuestra Señora del Salor, que sale en procesión en las fiestas de cada uno de los pueblos que la veneran.

Interior de la ermita del Salor, de estilo mudéjar

En la puerta que mira a Torrequemada hay un fresco de una virgen de leche, a donde iban las madres con sus bebés recién nacidos para pedirle poder amamantar también ellas a sus hijos. La puerta preside un amplio merendero con vistas excepcionales. Aquí el primer lunes después de Semana Santa invita el Ayuntamiento de Torrequemada a vino y queso en la Fiesta de la Pica y cada 8 de septiembre celebra el pueblo su tradicional romería.

En verano llegan vecinos de distintos países, hasta de Alemania. En el pueblo muchos de los mayores hablan alemán, porque hasta allí emigraron en el siglo pasado y han vuelto una vez jubilados.

Torrequemada tiene un colegio al que acuden 35 niños y un Centro Cultural dedicado a Juan José Narbón, un artista que tiene entre canchos, encinas y corralás un homenaje en forma de dos cilindros de piedra en la dehesa boyal.

Homenaje a Juan José Narbón en la dehesa boyal de Torrequemada

La torre de Torrequemada

La torre que se ve en lo alto de otro cerro, grande, abandonada y decorada con un escudo de los duques de Abrantes, se yergue en propiedad privada y no tiene nada que ver con la torre que da nombre al pueblo.

Se piensa que la torre estaba donde ahora se ubica la Torreziela, que los torrequemeños llaman la Atalaya y que en algún momento de la historia aquella torre se quemó.

En la dehesa hay varias charcas y en el mismo centro del pueblo encontramos una de ellas, donde las ocas toman el sol y se quedan atentos ante nuestra presencia por la posibilidad de algún delicioso bocado de pan.

Vamos a Torrequemada para comer leitão e descobrir muito mais

Fotografías de Andy Solé

Publicado en diciembre de 2023

© Planveando Comunicaciones SL

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