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Entre la niebla, se escucha el galopar de “El Jascu”

(A Trixy R.D., a quien atrapó la niebla hace hoy, efemérides de los Santos Inocentes, 3.285 días, y solo nos dejó el más ensordecedor de los silencios)   

La dehesa bajo la niebla. (Foto: Víctor Manuel Pizarro)
Gabriel Crespo Crespo, de Riomalo de Arriba, embutido en su indumentaria como “Rey del Carnaval Jurdanu”. Edición año 2000.  (Foto: F.B.G.)

Tenían que arribar las nieblas, enraizarse en la tierra y conformar esa masa grisácea y andrajosa que ahúma el paisaje y nos transporta a cuentos y leyendas que nos narraban de pequeños, junto a la lumbre, en los seranos del invierno.  Ya las tenemos consigo.  Mañana fue esta en que hubo que encasquetarse el gorro de lana y hacer frente al frío relente que, a la chita callando, se nos introducía y escalaba nuestras anatomías.  Las manos, ateridas, se aletargaban y no es fácil garabatear versos o prosas sobre el cuaderno que nos acompaña a todas partes.  Pero las brumas nos envuelven en romanticismos que nos conducen al borde de la melancolía.  No a la boca del acantilado a la que es arrastrada la mujer de cierto relato emocional por la invisible fuerza de supuestos garfios que desgastan su mente y le impiden ser ella misma.  Desesperada, clava sus agujas de tricotar, al modo de piolets, sobre la dermis de la tierra, evitando caer al despeñadero, que acaba tragándosela.  ¡Cuántos sudores le costará, clavando y reclavando las agujas, para escalarlo y volver a la tranquilidad de su silla!  Solo así podrá seguir tejiendo, como la fiel Penélope, un manto para su amado, pero no sabe, en realidad, quién es el que de verdad la ama.  Más que seguro que su verdadero amor, al que ella le paga con el silencio, no tiene arte ni parte en esas fuerzas invisibles que se esconden en el precipicio.  Ya decía el escritor y filósofo vasco Miguel de Unamuno aquello de: ‘Tu desconfianza me inquieta y tu silencio me ofende’.  No será un servidor el que diga lo contrario.

Tío Ramón Bravo Bejarano, “Bolino”; tamborilero de la alquería de El Cabezo.

Esta mañana de los Inocentes no nos ha dado ninguna inocentada.  Las neblinas no tienen nada de candorosas, ya que el antiguo refrán precisa que ‘nieblas en diciembre, traen el solano en el vientre’.  Pero no seamos agoreros y vayámonos con el celebrado pintor francés Óscar-Claude Monet en busca de las calinas, donde bien creía él que se escondían ciertas musas.  Y si él lo decía, que fue el mejor pintor de los neblinosos paisajes, continuemos trotando, con el bloc bajo el brazo, por las estrechas veredas que serpentean entre las encinas.  A una de mis musas – ¿quién no las tiene? – la bauticé con el nombre de ‘Ojos Añiles’.  No hace mucho, volví a verla reencarnada en una sublime escena de la oscarizada película ‘Casablanca’.   Ella se metía en la piel de la guapa actriz sueca Ingrid Bergmand (Lisa Lund, en la película).  El avión está a punto de partir de Casablanca.  No puede perderlo, pero desea quedarse con Humphrey Bogart (interpreta a Rick Blaine, un expatriado, cínico y amargado).  La escena tiene varias lecturas.  ¿De qué obra es ella, la musa, Ingrid Bergmand, parte indisoluble?  Puede que el ser uña y carne de esa obra le dé sentido a su vida.  Ha sido encumbrada en sus páginas y no se perderá en la nada de los tiempos.  La falta de decisión puede que le pese para el resto de su vida.  Y la película, como no podía ser por menos, se va alejando de las pupilas entre una blanquisucia niebla que va engullendo paisaje y paisanaje.  Refería el escritor y dramaturgo turco Mehemet Muran Ildat que ‘A veces, cuando pierdes el camino entre la niebla, ¡terminas en un lugar hermoso!  No tengas miedo de perderte’.  Volviendo a ‘Casablanca’, la pregunta de rigor pende del aire: ‘¿Siempre nos quedará París…?’

 Fotograma de la película CASABLANCA.  Escena protagonizada por Ingrid Bergmand y Humphrey Bogart).  (Archivos CXT)

“El Jascu”

Colaborador de planVE

Las brumas invernales, de modo especial las de diciembre, traen con ellas a tétricos personajes, como ‘La Canduela’, que, a tenor de lo que nos narraron jurdanos entrados en edad, suele aparecer las noches de ‘niebra zajina’ (niebla espesa, que casi se puede cortar con un cuchillo).   En tales noches, brotan de la tierra los muertos y van caminando guiados por la luz que desprende esa mujerona, sin brazos ni piernas, y que va encabezando la comitiva fúnebre, montada en una especie de carretón, del que tiran algunos muertos.  La acompaña un ‘durdu’: perro desgarbado, reseco y de malas pulgas.  Pero también, por estas tierras jurdanas, como recogimos en otras aldeas, salía en estas noches de pegajosas neblinas una mítica mujer, que era el polo opuesto de ‘La Canduela’.  Era ciega, pero ‘vía hasta de nochi con los ojos que tenía endrentu el alma’, como nos decía ‘Tía’ Rosa Iglesia Lorenzo, de la alquería de El Rubiaco.  Al modo de una curandera, que conocía cientos de remedios, visitando en el rigor de diciembre las majadas, para consolar y sanar a los enfermos.  Un curioso dicho corre por la zona: ‘Pol Santa Lucía, la Titiritaña; el que non tenga leña, de fríu s,engaraña’.

“Arborá de los Reyis”, en Casares de Las Hurdes.  (Foto: Archivo Asociación de Mujeres)

Sin lugar a dudas, hay un personaje legendario, que debió tener gran relieve en tiempos pasados por estos territorios jurdanos, tan ricos en arcaicas tradiciones.  Aparece en varios etnotextos y relatos de diversa índole.  Nos referimos al ‘Jascu’ o ‘Dejerrau’.  Caballero a lomos de su caballo gigantesco y de pelaje tordo (otros dicen que era blanco, como la nieve), donde destacaban unas enormes alforjas, repletas de naranjas, nueces, almendras, higos pasos, bollas de pan con anises…  Caminaba de noche por los caminos de las sierras, retuertos y asomándose al precipicio.  Se guiaba por las ‘jogarás’ que levantaban los paisanos, los cuales le recibían alumbrándose con ‘jachas’ y ‘jachonis’ (al modo de antorchas fabricadas con plantas y arbustos del monte) y al son de zambombas, panderos, tamboril y gaita.  Todo apunta a que llegaba a los perdidos caseríos de las abruptas cordilleras jurdanas en torno a la Noche de Reyes, cuando en el concejo de Casares de Las Hurdes celebran, antes de venir el día, ‘La Arborá de lus Reyis’, con mucha fanfarria, mucho castañueleo, muchos cantares y bailes, mucha ‘ensalá de limón’ y mucho vino de ‘la polienta’.

 Antigua vivienda jurdana en Riomalo de Arriba, perteneciente a la característica arquitectura castreña, semejante a las que levantaron sus antepasados: el pueblo “Rucón”.  (Foto: Víctor Díez)
La antiquísima comunidad pastoril de Las Hurdes se considera descendiente de los remotos y legendarios “rucones”.  (Foto: F.B.G.)

Gabriel Crespo Crespo, de la alquería de Rioamalo de Arriba, que sabía más de la ‘antigüeá antigüísima’ que los ‘ratonis culuraus’, de los que dicen que de ‘lus viejus que son, perdiorin la cuenta al tres y non’ (desconocen su edad verdadera), nos relataba que al caballo de ‘El Jascu’ le había arrancado las herraduras el ‘Rey Anduela’, que también lo llaman ‘Andola’.  Por la cuenta, este fue un rey ‘rucón’ (los jurdanos siempre se tuvieron por descendientes del enigmático pueblo de los ‘rucones’, que algunos investigadores los sitúan en las montañas y zonas aledañas del septentrión de la actual Extremadura) que no cumplía con los mandatos de ‘La Viga Madre’ ni lo que estaba escrito en ‘Las Garañas’.  Se rebelaron contra él y lo destronaron.  Dieron en correr la voz que ‘El Jascu’ fue uno de los cabecillas de la revuelta, al ser el enlace que iba de pueblo en pueblo dando los avisos pertinentes.  Por ello, los compinches del ‘Rey Anduela’ le arrancaron las herraduras al caballo.  Sin embargo, como comentaba ‘Tíu’ Ramón Bravo Bejarano, ‘El Bolino’, celebrado tamborilero que fue del pueblo de El Cabezo, llevó el caballo a un fraile, que también era herrero, del convento de la Peña de Francia, y este le preparó unas herraduras de plata, imposibles de arrancar por la fuerza de los hombres.  Tía Epifanía Montero Gil, de la alquería de La Muela, decía que fue San Pedro de Alcántara el que le preparó las herraduras.  Bien se nota el agua bendita de los clérigos aspergiendo remotas leyendas, a fin de sincretizarlas, volviéndolas a lo divino.

Deseando a todos los que den por bien empleando el tiempo leyendo estas líneas, cargadas de nieblas navideñas, unas alegres Nocheviejas y que ‘El Jascu’ le traiga lo que se merece en la noche de Reyes, vamos cerrando las puertas de casa.  La lumbre, que es ‘media vida’, como dicen por estos pueblos, nos aguarda.  Al fondo, a lo lejos, remontándonos a nuestras musas, que andan perdidas entre las brumas, oímos un fragmento de un poema del vate Lupe Lope de la Ópera:

Ah, mis añilados ojos gatunos, aquí estoy, anhelante.

Nací para ser tu abrigo en los meses del invierno

y tu toples en los tiempos del estío.

Es mi sino.  Si no fuese así, ¿de qué me sirve haber nacido?

Si necesitas mis pies para correr, aquí los tienes.

Todo lo mío es tuyo.       

¡Oh, mi benefactora madrina de los gatos del mundo entero!

 (Poema: ‘Taberna’)

Foto superior: Foto-felicitación de la “Corrobra ESTAMPAS JURDANAS”, felicitando el Año Nuevo, a todos los lectores de la revista PLANVEX.  Montaje fotográfico: Enrique González Tena.

Texto de Félix Barroso para su columna A Cuerpo Gentil, las opiniones e imágenes publicadas en esta columna son responsabilidad de su autor

Publicado en diciembre de 2023

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