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Verdad verdadera

Hay gente que escribe como habla. Eso puede resultar un inconveniente cuando se pretende poner en pie una ficción, pues en esos casos el lenguaje cotidiano a menudo no parece suficiente para sustentar el artificio, como si no fuese capaz, por sí solo, de transmitir verosimilitud a lo que se cuenta, algo parecido a cuando alguien se sube a un escenario sin dejar atrás antes al personaje que encarna en la vida cotidiana, haciendo que, como espectador, te resulte imposible creer que se ha convertido de pronto en Segismundo, en Hamlet o el tío Vania. En otras ocasiones, sin embargo, esa peculiaridad de escribir como se habla acaba resultando deliciosa, sobre todo —tal vez— cuando lo que se practica es la no-ficción, pues le otorga a la obra un cierto aire de diálogo, de estar hablando íntima, animadamente con el autor, y porque puede que ayude a reforzar la idea de que todo lo que se cuenta es verdadero. Es lo que sucede, por ejemplo, con el libro Ausencia, el cáncer y yo, de Carmen Rodríguez y Sergio Castro, publicado por la editorial Next Door y que he leído hacer poco del tirón, con la grata sensación de estar teniendo una larga, deliciosa charla íntima con su protagonista, la propia Carmen, que echa la vista atrás para hablarnos con increíble dulzura en sus páginas de un duro y decisivo paréntesis en su vida.

Lo que Carmen Rodríguez nos cuenta en su libroes demasiado sincero como para poder ser (por la completa ausencia de artificio) incluido en la llamada autoficción, pero también, diría yo, como para considerarlo biográfico, autobiográfico, pues no parece haber en él —como sucede muchas veces en ese tipo de textos— intento de justificarse, redimirse o exaltarse, sino de contar, sencillamente, las cosas como fueron. Y aunque las cosas fueron, sin duda, terribles (la lucha contra un cáncer que, siendo apenas una niña, la obligó a alejarse con su madre, Ausencia, del resto de la familia y a trasladarse de Ponferrada a Madrid para ser tratada en el hospital Ramón y Cajal, con toda la dureza que tanto el traslado —en un tiempo en que las diferencias entre la capital y la provincia todavía eran abismales— como el tratamiento —en un tiempo en que la lucha contra el cáncer estaba mucho menos adelantada que hoy— suponían en ese momento), Carmen las cuenta con naturalidad, frescura y un agudo y envidiable sentido del humor que hacen que el libro resulte ameno y divertido, con secuencias que nos hacen reír y simpáticos retratos costumbristas que nos hacen disfrutar, pero sin ahorrarnos escenas dolorosas o momentos de decidida protesta, de reivindicación, derrotas injustas y verdades como puños que la autora deja caer de vez en cuando con el mismo tono amable y bondadoso con el que está escrito el libro entero y que nos dejan absolutamente sobrecogidos.

“Han pasado muchos años hasta que he podido darle voz a aquella niña que lleva tiempo atosigándome para que cuente sus vivencias en el Ramón y Cajal de Madrid”, dice la autora en la faja roja que adorna la cubierta del libro, y, al releerlo y pensar en esa frase, me parece que es una suerte que, después de tantos años, ella haya reunido el aplomo y encontrado la voz adecuada para contárnoslo, porque es una suerte encontrarse con un libro tan sincero, duro y esperanzador como este, que nos recuerda que la vida puede volverse a veces una auténtica hijadeputa, pero también que alberguamos en nosotros mecanismos inesperados para enfrentarnos estoicamente a tanta repentina mala baba, y que además hay en el mundo —lo que supone una noticia extraordinaria— gente maravillosa como Carmen, capaz de deslumbrarnos con su bondad y de recordarnos sin rencores, más allá de nuestras quejas tontas, la suerte que por lo general tenemos.

Ausencia, el cáncer y yo

Carmen Rodríguez y Sergio Castro

Next Door Publisher

19,00 euros

Texto de Juan Ramón Santos para su columna Con VE de libro

Publicado el 7 de julio de 2023

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