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Vivir peor que nuestros padres

Tendría que comenzar, como en los chistes, con eso de que tengo una noticia buena y una mala. La buena noticia es que he leído el ensayo de la escritora y periodista Azahara Palomeque, Vivir peor que nuestros padres, publicado en la colección Nuevos Cuadernos de Anagrama, con los ojos muy abiertos, enganchado, y con la persistente idea de que libros como éste, directos, sinceros, serios, deberían llegar de forma urgente a la calle para zarandear las visiones de la realidad conformistas, de tal manera que los planteamientos ecologistas, avalados por la ciencia experimental y teórica, pudieran calar como soluciones sustentables, a no muy lejano plazo, en un mundo que se derrumba por los cuatro costados a un ritmo cada vez mayor.

El consumo frenético de los recursos naturales al que estamos habituados, ensimismados en nuestra sociedad de consumo, junto al pensamiento económico neoliberal, que avala el crecimiento continuo, acumulativo y depredador, aceleran el cambio climático que, de un tiempo a esta parte, se palpa en las prolongadas olas de calor o en las precipitaciones desmesuradas que, como muestra un protagonista indirecto de este relato ensayístico, el tío de la propia Azahara, trasunto de todos nosotros, hacen difícil la vida a la que estamos acostumbrados y nos generan un estado de ansiedad e indefensión.

La perspectiva de reversibilidad del cambio climático, apoyada en la confianza del desarrollo tecnológico y en la creencia generalizada de un progreso ad infinitum, resulta ingenua a tenor de las variables impredecibles y complejas que podrían acelerar los cambios en el medio ambiente, como la liberación de metano a la atmósfera, el gas asfixiante, a causa del derretimiento del permafrost, lo que puede provocar una mayor y más rápida subida de las temperaturas con nefastos resultados para la supervivencia de las especies, entre las que nos encontramos. Quizá Elon Musk y algún otro puedan alcanzar a vivir en el planeta rojo, pero la mayoría no.

Pequeños libros como este, un libro de bolsillo, con la suficiente esencia de visceralidad y realismo están diciendo a voz en grito que el rey se pasea desnudo y que el sudor que perla su torso depilado no viene del arrobamiento de su exposición sino de la temperatura que arrecia con sus incrementos constantes e inevitables.

Ante esta perspectiva, ¿cuál puede ser la mala noticia? ¿Hay alguna mayor? Este libro se sustenta, además, en una tesis que se revela como síntoma de esta verdad climática, incómoda y que afecta a todos. ¿Qué ha ocurrido para que la generación millennial se encuentre precarizada y dolida ante las dificultades de conseguir un trabajo estable, adquirir una vivienda digna o formar una familia cuando, sin duda, históricamente es la más formada y emprendedora de cuantas ha habido? ¿Se puede plantear en términos de conflicto intergeneracional, es decir, una confrontación entre la generación llamada boomer, aquellos nacidos entre los 40 y los 60 del siglo pasado, y las generaciones venideras? El libro de Azahara Palomeque se adentra en un análisis de esta situación partiendo de la experiencia personal y de aquella compartida por personas cercanas, que parece constatar una circunstancia generalizada, la devaluación del mercado de trabajo y sus condiciones, que afectaría no solo a los jóvenes españoles sino a todo el mundo occidental, presumiblemente democrático y garante de la sociedad del bienestar.

El acceso a las oportunidades que generaba el sistema y que contribuyó a una prosperidad holgada en los decenios pasados ha derivado en un cuello de botella que impide que muchos que han puesto su entusiasmo intelectual e inversión económica no puedan o no sean capaces de hallar el nicho laboral y económico apropiado a su formación y expectativas. La idea, no obstante, de la confrontación de generaciones a este lector le ha producido un intenso debate consigo mismo y con la autora, en tanto que a lo largo de estos últimos años ha observado cómo en momentos de crisis se produce una solidaridad entre ellas que ha permitido que miles de familias se sostengan en la difícil balanza de la contabilidad diaria, y esto abre una vía de percepción distinta, lo que no obsta, claro está, para que el  análisis socioeconómico propuesto por Azahara Palomeque sea contundente y manifiesto. La crisis climática, crisis laboral, crisis de identidad: un cóctel que puede acarrear consecuencias insospechadas.

La mala noticia es siempre la frustración. Y más la frustración que se destila de otra noticia incluso peor: la vida en la inopia de quienes tienen responsabilidades políticas y económicas, pues poseen un desconocimiento absoluto de la relación metabólica que mantenemos con el medio en el que vivimos, que es único, y del que nos estamos alejando enajenados por un sistema capitalista que nos entumece los miembros -y las responsabilidades-, seducidos por las fatuas melodías de sus cantos de sirena.

Vivir peor que nuestro padres es un libro que quisiera recomendarles por su estilo cercano, por la reflexión cercana, biográfica, posiblemente controvertida en algún aspecto pero sincera y atinada, sobre nuestro presente (y futuro) y porque, ojalá, sirviera de fermento, de levadura activa, para motivar los cambios necesarios en un sistema social y productivo-económico que está dando ya terribles coletazos de agotamiento sobre una playa contaminada por los residuos plásticos y los pesticidas.

¿Pero a todo esto, hay alguna buena noticia?¿Se pueden encajar los golpes con una chispa de optimismo? Sí, por primera vez -y cito de memoria a Jorge Riechmann, del libro Un lugar que pueda habitar la abeja, a quien, por cierto, va dedicado el ensayo- el ser humano dispone tanto de conocimientos científicos como de modelos de predicción y simulación informática que, al menos, nos permiten advertir por dónde viene el futuro. Se necesita voluntad (política, económica, laboral e intelectual) y creatividad para conseguir que la justicia social sea el motor que pueda restablecer los desequilibrios medioambientales. Ambos son necesarios. Y se necesita sobremanera a las generaciones presentes y futuras para esta tarea descomunal. Y no es un chiste.

Texto de Felipe Rodríguez Pérez para PlanVE

Publicado en junio de 2023

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