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Motivos de peso histórico para visitar la zona extremeña que ha sufrido el último incendio

Las razones, sobran. Esas ondulaciones altoextremeñas a caballo entre la Sierra de Gata y Las Hurdes, arboladas de miles de olivos y, sí, también de miles de pinos, enamoran. No es este el lugar para lamentar las repoblaciones de pinares del siglo pasado ni tampoco la escasa atención que sufre el medio rural en general y el monte en particular, pero quede dicho. Decíamos que los motivos son infinitos para acercase a aquella área intercomarcal del norte de Extremadura que ha sufrido un incendio calcinador de casi 10.000 hectáreas.

Lo de la naturaleza abrumante es una obviedad para quien se haya acercado al valle del Árrago o haya admirado el Chorrituelo de Ovejuela, por ejemplo. Lo de la gastronomía es otro escándalo. Las carnes se guisan de exquisitas maneras, el aceite Denominación de Origen Gata-Hurdes es uno de los mejores del mundo, y no es opinión mía. La miel, cuyos productores son los que más han perdido por las llamas, es de una calidad extrema. Las tradiciones, desde las “enramás” de Pinofranqueado o de Hernán Pérez hasta el canto del Miserere en latín de Robledillo de Gata, hablan del arraigo de aquellas gentes. Todo suena deliciosamente, a flauta y tamboril. ¡Y qué decir de la leyenda -la negra y la blanca- que inunda Las Hurdes!

No obstante, lo que quiero en estas líneas es resaltar el calado y el patrimonio histórico de este sorprendente rincón extremeño.

En el término de Hernán Pérez, en los últimos años se han volcado con la revalorización de su patrimonio arqueológico -uno de los más importantes de todo el Norte de Extremadura- y han excavado y hecho accesible el dolmen de Pradocastaño. Del mismo municipio proceden algunos ídolos y estelas de guerrero que remontan su origen a las Edades del Cobre y del Bronce. En Descargamaría y en Robledillo de Gata también aparecieron hace años este tipo de piezas pétreas que nos hablan del primitivo poblamiento de la zona. Hacia el lado hurdano, numerosos petroglifos señalan igualmente que esta tierra ha estado habitada desde los tiempos más remotos. Del paso de Roma es llamativa el ara dedicada a Júpiter Óptimo Máximo reconvertida en receptorio de agua bendita de la iglesia de Robledillo de Gata.

Durante gran parte de la Edad Media, estos espacios serranos ejercieron de tierra de frontera y se convirtieron en lugar de refugio y de pastores bajo la atenta mirada del gobernador del castillo de San Juan de Mascoras (Santibáñez el Alto) y de la Almenara de Gata. En el extremo norte del Valle del Árrago se encuentran los restos de lo que podría haber sido una torre-vigía en aquellas etapas medievales, el llamado Fortín de Robledillo. Incorporada la región al reino de León con el correr del siglo XII, las fuentes citan una enigmática aldea de Trasgas, probablemente en relación con el hidrónimo Tralgas. Los obispos de Coria y Ciudad Rodrigo establecerían sus límites entre Descargamaría y Cadalso. El curso alto del Árrago pasó a señorío laico mientras que el bajo quedaría para la Orden de Alcántara. Las Hurdes se integrarían a partir de mediados del XV en los dominios del Ducado de Alba.

Del siglo XIII restan algunas paredes del convento franciscano de los Ángeles -fundado por San Francisco de Asís, según la tradición-, en la sierra del mismo nombre que cobija a la localidad de Torrecilla. Muy cerca se halla el pizarroso Puente de los Machos. La Orden franciscana tuvo una vital importancia en estas tierras altoextremeñas. San Pedro de Alcántara frecuentó aquel convento ya en el XVI. Del siglo XIV dataría la llamada Casa del Rey en Cadalso, recreo de caza de Alfonso XI de Castilla. Otras historias medievales cuentan que un tal Golondro -de Descargamaría o de Torre de don Miguel-, criado de Alonso de Monroy, cortó de un tajo la cabeza a Francisco de Solís “el Electo”, en el contexto de las luchas por el maestrazgo de Alcántara que asolaron la región en el último tercio del siglo XV.  

A la Edad Moderna -siglos XVI-XVIII- corresponde el grueso de los edificios eclesiásticos, destacando la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Robledillo de Gata, la cual conserva interesantes muestras de arte religioso. La Guerra de Restauración de Portugal, mediado el XVII, puso fin a la vida en la aldea de Puñoenrrostro, también en Valdárrago. La de Independencia contra los franceses hizo estragos por estas comarcas. Y después los carlistas y los bandoleros. La vida no debió ser fácil para los habitantes de este mundo rural, con limitadas comunicaciones, dedicados al pastoreo de abejas y cabras o a la producción olivarera y aceitera. En Ovejuela se encuentra el centro de interpretación de la miel mientras que en Robledillo de Gata y en Hernán Pérez han sido remodelados en clave museística antiguos molinos para exponer a propios y extraños la memoria del trabajo oleícola de estas tierras. Por cierto, Robledillo está en la red de los “Pueblos más bonitos de España”, su arquitectura es pura magia popular.

Son solo algunas razones para visitar las esquinas quemadas de la Sierra de Gata y Las Hurdes. Hay muchas más, tantas como personas, tantas como experiencias sea capaz el lector o la lectora de acumular en su viaje. El contraste paisajístico del verde con el negro no enturbia el destino, es un motivo más. 

Juan Rebollo Bote

Lusitaniae Guías-Historiadores

Publicado el 23 de mayo de 2023

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