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Oliva de la Frontera, el pueblo de La Pasión y las jaras como estrellas

Paseo de las Palmeras en Oliva de la Frontera. Foto Andy Solé / PlanVE

Oliva de la Frontera, enclavado en una enorme dehesa cuajada de jaras y encinas en la Sierra Suroeste de Extremadura, mantiene un ritmo acompasado que se acelera con la celebración de la Pasión Viviente en Semana Santa. Porque todo el pueblo se implica, de una u otra manera, en esta Fiesta de Interés Turístico Nacional.

Por otro lado, la paz en movimiento del enorme Campo Oliva moviliza a los vecinos durante el resto del año. Al recorrer su enorme dehesa parece que todo fuera inamovible, pero dentro se sucede una actividad económica y de ocio que no se detiene. El Campo Oliva, además, está cuajado de estrellas. El cielo, con Certificado de Destino Turístico Starlight, tiene su reflejo en el suelo durante el día, con las luminosas jaras en flor sobre el verde profundo de sus hojas.

“Camino a la crucifixión” en la Pasión Viviente de Oliva de la Frontera. Foto de Luis Chávez, cedida.

Oliva de la Frontera viaja en el tiempo con la Pasión Viviente de Semana Santa

Por los campos de Oliva de la Frontera han pasado durante su historia millones de viajeros, pero también ejércitos que en más de una ocasión arrasaron con un pueblo que supo una y otra vez reconstruirse. Sus actuales iglesias, casonas, paseos, plazas y su imponente Santuario de Nuestra Señora de Gracia sirven cada Semana Santa como escenario para la celebración de la Pasión Viviente.

Mural de la Pasión Viviente en la entrada de Oliva de la Frontera. Foto Andy Solé / PlanVE

En el Paseo de Palmeras, por ejemplo, Jesús hace su entrada triunfal en Jerusalén y en la Iglesia de San Marcos expulsa a los mercaderes el Domingo de Ramos. La noche del Jueves Santo estos mismos escenarios se reconvierten para acoger la Última Cena. La Plaza de España será entonces el Monte de los Olivos y las escalinatas del Ayuntamiento entran en escena porque allí se desarrolla el Juicio ante Caifás.

Parroquia de San Marcos Evangelista en Oliva de la Frontera. Foto Andy Solé / PlanVE

El Viernes Santo se suma como escenario la Ermita de la Virgen de Gracia donde tiene lugar la crucifixión, el mismo lugar donde se reunirán para celebrar el Domingo de Resurrección. Este día marca el fin de una fiesta en la que ponen muchas horas de trabajo más de 500 personas. En las escenografías, la elaboración de los trajes, los guiones, actuaciones y hasta en los extras, pues los vecinos se acercan vestidos con indumentaria de la época. El viaje en el tiempo de cada año queda además recogido por las cámaras fotográficas, muchas de estas imágenes participan en un concurso anual y son una prueba de la implicación de Oliva de la Frontera en su fiesta más grande.

Santuario de Nuestra Señora de Gracia en Oliva de la Frontera. Foto Andy Solé / PlanVE

Aunque ninguna otra festividad se iguala a la Pasión Viviente, Oliva de la Frontera mantiene cada 24 y 25 de abril la Candela de San Marcos, cuyo origen es tan remoto como la llegada de los celtas a estas tierras. La romería de San Isidro Labrador y la Feria de la Dehesa reivindican el carácter rural y la importancia del entorno. El Día de la Virgen y la feria de la localidad completan el calendario festivo.

Monumento a los mochileros en Oliva de la Frontera. Foto Andy Solé / PlanVE

La historia de los mochileros forma parte de la historia de La Raya

La frontera entre España y Portugal ahora difuminada fue durante muchos años el enclave para una actividad de subsistencia en toda La Raya, el contrabando. Muchas personas se arriesgaban durante las noches para cruzar sin ser vistos y volver del país vecino con su cargamento de café u otros productos. Era una actividad peligrosa que dio lugar al término mochileros por los sacos que cargaban estas personas a la espalda con hasta 30 kilos de peso. Para recordar a los que participaron en esta actividad y que dieron de comer a muchos de los habitantes de la localidad, en la Casa de la Cultura se encuentra el Centro de Interpretación Las Fronteras, con elementos de la época, historias y anécdotas. Tiene información en español y portugués, que pone en evidencia una vez más la íntima relación entre países.

Museo de las Fronteras en Oliva de la Frontera. Foto Andy Solé / PlanVE

Desde casi todos los puntos altos de Oliva de la Frontera se ve el pueblo portugués de Barranco que acogió a muchos vecinos durante la guerra civil, la postguerra y con el que sigue habiendo una relación tan estrecha que hay hasta una ruta senderista que los une. Entre Oliva de la Frontera y el país vecino solo hay un pueblo en territorio español, Valencia del Mombuey, tan cercano a Oliva que lo llaman Valencita y sus jóvenes se conocen desde el instituto. Al ser una localidad de frontera no nos extraña escuchar términos como “fechar” por “cerrar” o “buraco” por “agujero”, porque la lengua como el campo se alimenta cada día de lo que recibe.

En las dehesas del Campo Oliva pasta el ganado y crecen las encinas y las jaras

La Finca Comunal Campo Oliva, refugio y sosiego de Oliva de la Frontera

El enorme campo Oliva es una extensión de más 10.300 hectáreas de tierras comunales que gestiona el Ayuntamiento y que vigilan sus guardas, entre ellos Manuel y Marcos, que cuentan con pasión su vida en estos campos. En estas inmensas dehesas se siembran cereales, pastan cabras, ovejas y vacas y se produce leña y carbón. Además, crecen las setas y los espárragos y es también un lugar de esparcimiento, con rutas senderistas por parajes de ensueño y sitios para el descanso. El paisaje está salpicado de encinas y entre ellas se levantan antiguos chozos o casetas donde hasta mediados del siglo pasado vivieron familias de la zona. De la tierra aparecen, a veces afiladas y desafiantes, las lanchas, enormes piedras de pizarra que marcan territorio. Las jaras ganan espacio entre todo esto, plantas de distintos tamaños, algunas de ellas más altas de lo común, que en primavera impregnan todo con su olor dulce en una explosión de luz entre los colores tierra y verdes de distintas tonalidades.

Chozo rodeado de jaras en Oliva de la Frontera. Foto Andy Solé/ PlanVE

El Club de Senderismo Los Mochileros organiza rutas los fines de semana a las que se pueden apuntar socios o visitantes. Recorren los caminos que utilizaron los contrabandistas o se dirigen al paraje del Molino Domiciano, que lleva el nombre del último molinero del lugar, y que está sobre el río Ardila que hace de frontera natural entre Portugal y España. También hay rutas a Villasirga, una charca excavada en la dehesa que es un oasis en el trayecto. La ruta del Espárrago se llena de olores de jara y pinares, pues el Cerro Gordo es un inmenso bosque de pinos. Además, el astroturismo es una actividad en potencia en estas extensiones de tierra.

Otro lugar de esparcimiento es el embalse Zaos, con merendero y un llamativo y antiguo puente en su cola. Está a los pies del imponente Santuario de la Virgen de Gracia, edificado posiblemente sobre una basílica visigoda, en la que destaca su altiva torre y donde se cobija una imagen traída por los templarios.

El Molino Domiciano en el río Ardila en La Raya, Oliva de la Frontera. Foto Andy Solé / PlanVE

La Venta, un complejo rural rodeado de estrellas

El Complejo Rural La Venta, gestionado por el Ayuntamiento de Oliva de la Frontera, es un antiguo cuartel desde donde se vigilaban las fronteras. Ha sido adaptado a las necesidades actuales y sirve como casa rural. Ofrecen casas de distintos tamaños, tiene piscinas y mucho espacio para el recreo. Está ubicado en lo alto de un cerro y desde allí la vista se pierde por los cuatro puntos cardinales. La población portuguesa de Barrancos parece hecha de lentejuelas en la noche y las estrellas iluminan el cielo profundamente oscuro. Al silencio solo lo atraviesa de vez en cuando los sonidos de los animales nocturnos.

Complejo Rural La Venta en Oliva de la Frontera. Foto Andy Solé / PlanVE

La niebla baja a primera hora del día y poco a poco el lugar se despereza, alguna cigüeña recorre el campo sobre sus zancos y vuelan pájaros de todos los tamaños. Por la carretera pasa de vez en cuando un coche solitario o un par de ciclistas. Con la luz, el corazón del campo vuelve a latir acompasado y las jaras brillan de nuevo sobre la oscuridad como lo hicieron las estrellas durante la noche.

Complejo Rural La Venta en la carretera BA-102, Oliva de la Frontera. Foto Andy Solé / PlanVE

Publicado en marzo de 2023

©Planveando Comunicaciones SL

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