César Martín Ortiz, poeta

No es la primera vez que traigo a César Martín Ortiz hasta este rincón de libros de PlanVE. En él han aparecido, en estos últimos años, reseñas del libro de relatos Cien centavos y de las novelas Necrosfera, De corazones y cerebros y A sus negras entrañas, hitos de la encomiable labor de rescate que la editorial tinerfeña Baile del Sol ha venido haciendo de su obra, una labor a la que se suma ahora la Editora Regional de Extremadura, que publicó hace unos meses su Poesía completa en su magnífica colección de poesía, en una cuidada edición de José Luis Bernal Salgado. Como ya he dicho, pues, en otras ocasiones, dos son las características más sobresalientes de este autor y que a primera vista podrían parecer antitéticas: una extraordinaria calidad y la renuncia, a partir de un determinado momento, a ver publicada su obra. En el ámbito de la prosa, llegó a publicar los volúmenes de cuentos Un poco de orden, Nuestro pequeño mundo y Paso de contarlo, dejando para siempre en el cajón los libros antes mencionados, y en el de la poesía, como este reciente libro nos descubre, sucedió exactamente lo mismo: publicó en 1990 Dedicatoria o despedida, Premio Leonor de la Diputación Provincial de Soria, y, en 1995, Toques de tránsito, accésit del prestigioso Premio Esquío de Poesía, y a partir de ese momento deja, sencillamente de hacerlo, sin que ello supusiera, como en el célebre caso de Bartleby, una renuncia a la escritura, pues dejó terminados (o razonablemente terminados, pues es difícil, y en muchos casos imposible, saber si estaban cerrados del todo), al menos ocho libros de poemas. Llama la atención, en el pormenorizado prólogo de Bernal, cuando, al hablar del que a todas luces sería el tercer libro de poemas de Martín Ortiz, La plenitud y la miseria, “datado a principios de los noventa”, dice que “es el único libro que se ha conservado encuadernado en el archivo del poeta, aparentemente dispuesto para su presentación a un certamen poético, lo que resulta verosímil a la luz de la suerte de los dos libros anteriores”. Uno, que es dado a la fabulación, no puede evitar imaginar el momento en que el escritor, después de encuadernar ese libro con idea de enviarlo a algún concurso, decide, simplemente, no hacerlo, y se le antoja uno de esos momentos estelares secretos de la historia de la Literatura que Vicente Valero tan exquisitamente nos contó en El arte de la fuga, un momento grandioso en el que el autor llega, quizá, a la conclusión de que no merece la pena el esfuerzo, sin que ello suponga, en absoluto, una renuncia a la escritura, sino a la publicación, a hacer público ese quehacer, y, con ello, a la vida literaria. Las razones de tan peculiar decisión no las conocemos, aunque cabe intuirlas en las palabras de una amiga del escritor, Emilia González, en un artículo que publicó en el diario La Gaceta poco tiempo después de la muerte de César Martín y que José Luis Bernal recoge en su prólogo, cuando habla de su vida en Salamanca y dice que “por aquel entonces admirábamos a Aníbal Núñez y criticábamos ya el mercantilismo que lastra y oscurece toda creación verdadera”. Pues bien, cabe pensar que, en un determinado momento, César decide sacudirse el lastre del mercantilismo, renuncia a la publicación y se dedica, sin ambajes, a la creación verdadera, y el resultado es una obra secreta y extraordinaria, que sólo comenzaría a ver la luz varios años después de su inesperada y temprana muerte, y que, tanto en poesía como en prosa, se caracteriza –y utilizo palabras de Bernal Salgado, que lo dice de forma hermosa y muy acertada– por “una mirada crítica, dura, descarnada y si contemplaciones sobre el mundo y la aventura de vivir, una mirada sumida en una suerte de pesimismo lúcido que afortunadamente es salvada por el arte en sus múltiples manifestaciones” y por “la forma cincelada de sus textos, que proviene de su clarividencia creativa: su mimo del lenguaje; su incansable indagación en sus posibilidades expresivas; su confianza y esfuerzo sin tasa en decir bien; su rigor expresivo sin concesiones y su exigencia continua”. Mucho más no tendría que decir, sólo que, con la lectura de sus libros de poesía éditos e inéditos, uno llega, de nuevo, a la conclusión de que César Martín Ortiz tenía un dominio absoluto del lenguaje literario, pues arriesga y se permite experimentar con diversas formas de decir poético, e incluso cuando se dedica a hacer un poco el gamberro –y estoy pensando en los fragmentos de un presunto poema épico titulado “La Catatónida” y publicado ahora en el apartado de “Poemas varios”, por más que puede que tenga más de ingenioso que de bueno–, lo hace con una apabullante brillantez, y que eso tal vez le hubiese permitido publicar lo que le hubiese dado la gana. Sencillamente no lo quiso, pero sus herederos, por fortuna, no han querido respetar esa terca voluntad de silencio, pequeña traición que nos viene permitiendo, primero gracias a la labor de Baile del Sol, ahora gracias a la Editora Regional de Extremadura, disfrutar de todo ese magnífico, deslumbrante, quehacer secreto.

Poesía completa

César Martín Ortiz

Editora Regional de Extremadura

18 euros

telecarne Bernal Plasencia

Publicado el 2 de diciembre de 2022

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