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Ambroz: frontera y zaguán

Hubo un lugar que antiguamente se llamaba Ambroz y que a finales del siglo XII pasó a denominarse Plasencia por iniciativa refundadora de Alfonso VIII, rey de Castilla. No lejos de allí, hacia el norte, el mismo nombre se dio al río que, nacido en las montañas coronadas por el Pinajarro, bajaba hacia el Alagón regando suelos cargados de historia.

Y por Ambroz conocemos hoy al valle bañado por el curso alto de aquel río, si bien el resto de su discurrir se adentra mansamente en las llanuras de la comarca vecina, la de Tierras de Granadilla. El topónimo e hidrónimo altoextremeño es de indudable raíz arábiga -derivado a su vez del antropónimo Amrus- y conjuga la mezcolanza cultural -fronteriza- que caracteriza nuestro territorio. Esencia de frontera que encierra en sí mismo el término Extremadura y que cobra en el Ambroz su sentido más profundo.

Valle del Ambroz en otoño

Recuérdese que estas altas sierras actuaron de barrera orográfica entre el poder cristiano del norte y el poder musulmán del sur durante la Alta Edad Media o que la calzada romana -Vía de la Plata- que atraviesa el valle ejerció de línea divisoria entre León y Castilla hasta 1230. Tierra de transición entre reinos y también entre diócesis -de Coria y de Plasencia-, luego entre señoríos -de los Alba y de los Zúñiga- y hoy entre provincias y comunidades autónomas.

En La Abadía se produjo un encuentro de monarcas de ambos reinos, en Baños y Aldeanueva se repartieron cada obispo una parroquia, Hervás siempre dependió de la salmantina tierra de Béjar y ésta se insertó en la extremeña diócesis de Plasencia. En el puente de Romanillos, en el Camino, confluían todas las jurisdicciones y podían haberse reunido los diferentes reyes, obispos o señores, cada uno asistiendo desde su propio dominio.

Extendiendo la expresión que Unamuno escribiera para la villa hervasense, toda esta comarca puede ser considerada el zaguán de Extremadura. Zaguán con acceso a unos baños de ninfas caparenses, a un chozo abovedado, a un pozo de nieve y a un corral de lobos. Decorado con la escultura zoomorfa de un verraco, con un baúl de populosos textiles y con un cuadro de malparadas ruinas pero sotofermoso. Impregnado de castaño, de cerezo y de pimentón. Y con un corredor de Plata, trashumante y de traviesas retiradas que penetra en el resto de una casa de encinas cargada de más historia y de más patrimonio.  

Más allá de la exuberancia paisajística, de los colores que dibuja un otoño verdaderamente mágico o de la atracción que despierta un precioso barrio mal judaizado, el valle del Ambroz guarda un alma que trasciende la superficialidad de los eslóganes turísticos. Es frontera y es zaguán, es un valle de límites ilimitados.

Juan Rebollo Bote

Lusitaniae – Guías-Historiadores de Extremadura

www.guiashistoriadorex.com

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Publicado el 17 de octubre de 2022

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