Sándalo curativo

En el apartado de agradecimientos que cierra el libro “La intención del frío”, la poeta Carmen Sánchez de las Heras da las gracias “a la poesía, (…) por otorgarme el doloroso placer de este viaje. También a la filosofía, la música, la Naturaleza, la astronomía y todo aquello que me interpela, que despierta mis sentidos y señala el lugar donde respira la belleza, la verdad y lo infinito”. Si comienzo a hablar del libro a partir de estas palabras finales, en principio exteriores al poemario, es porque me parece descubrir en ellas elementos de lo que podría ser una poética. En primer lugar, porque lo que subyace a la imagen del quehacer poético como un viaje, a la vez, placentero y doloroso, es, a mi modo de ver, una concepción que podríamos llamar analgésica de la poesía, en la medida en que nos ayuda a soportar las heridas que infligen la vida y la muerte, convirtiéndose en lugar para el consuelo. Pero, además, las referencias a la filosofía, la música, la Naturaleza, la astronomía y a “todo aquello que me interpela” nos hablan de una poesía reflexiva, fruto de la contemplación de lo que nos rodea, pero también de lo que contenemos, en un movimiento de ida y vuelta que busca, en último extremo, “la belleza, la verdad y lo infinito”, deleite, conocimiento y trascendencia. Diría que “La intención del frío” encaja bien en los parámetros de esa suerte de poética. En primer lugar, porque gira, en buena medida, en torno a a pérdida, la mayor herida que provoca el paso del tiempo, y se intuye en muchos de sus poemas una cierta intención de exorcismo, de redención a través de la palabra (“eres el sándalo curativo”, dice en ese sentido la autora “Intentos”, un poema en el que habla sobre la escritura). Pero, además, en sus poemas, Carmen Sánchez de las Heras mira hacia lo alto, hacia el sol, hacia el cielo, pero también hacia la tierra (el agua, la hiedra, el camino, el cerezo) y hacia el cuerpo, el propio y el de los demás, el de los seres queridos, fijándose en cada gesto, en cada reacción, como tratando de arrancar un significado al conjunto de elementos que entra en juego en el concreto momento en que sucede el poema, pero también de retratar esos instantes con detalle, en toda su intensidad, a cámara lenta, con vocación de conocimiento, de verdad, pero también de recuerdo, con un tono que fluctúa entre la elegía y la celebración, resultando de todo ello un conjunto de poemas bellos, luminosos y delicados como la imagen que ilustra la portada, que son fruto, sin lugar a dudas, de muchas lecturas y muy bien asimiladas, organizados con mimo, sabiendo bien lo que se pretende, tan bien armado que sorprende que se trate –como se trata– de un primer libro, lo que explica que llegara a ser finalista del prestigioso premio Loewe en su edición de 2021. “La intención del frío” es, como afirma en su web su editorial, RIL, “un viaje poético entre la muerte y el amor, entre Urano y Venus, (…) un libro único, donde el mar tiene sed y los pájaros parecen clavículas”, en el que –añado yo– asoman a menudo, por cierto, la Vera y el Valle del Jerte, comarcas por las que se extienden las raíces de esta poeta tan cercana a nosotros, y en el que cabe adivinar el comienzo –esperemos– de una fructífera trayectoria literaria.

La intención del frío
Carmen Sánchez de las Heras
RIL Editores
13 euros

Texto de Juan Ramón Santos para su columna Con VE de libro

Publicado el 26 deagosto de 2022

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