Me sigo acordando

El escritormadrileño o emeritense (táchese lo que a cada cual le parezca menos oportuno) Elías Moro, cosecha del 59, ya abordó el género memorialístico en una colección de esas peculiares píldoras para el recuerdo que inventó el escritor francés Georges Perec y que él –Moro– recopiló en un libro que tituló como homenaje, claro, Me acuerdo, y que fue publicado primero por de la luna libros y luego por Calambur.

La eficacia de los me acuerdo de Perec –y de los de Elías más tarde– reside en reducir la memoria a la mínima expresión, extirpando de ella la anécdota, lo autobiográfico, lo que da lugar a textos muy breves y objetivos, aparentemente inanes, que parecen la semilla de un recuerdo, una semilla que, si logra ser interiorizada por el lector, puede brotar y florecer, recatando del olvido, vívida y emocionante, su propia experiencia personal. En Álbum de sombras, publicado por la editorial leonesa Eolas en 2017, Elías sigue el camino exactamente contrario y, en lugar de podar y condensar, da rienda suelta a todos sus recuerdos, tirando del hilo de la memoria y empleando para contarlo toda su rica ingeniería verbal, hablándonos por extenso de cómo era la vida –o la supervivencia, pues son muchos los textos en los que habla de la escasez, de la precariedad con la que convivían muchas familias por entonces– de un niño y, luego, de un adolescente en un barrio del Madrid de los años sesenta y setenta. Lo hace, además de con una prosa exhuberante, con demoledora ironía y con una saludable capacidad para reírse de sí mismo que a menudo aparecen teñidas, a pesar de su intención crítica, del severo juicio que hace de la España de esos años, con nostalgia de un tiempo tal vez no del todo dichoso, pero en el todo estaba por delante, por hacer, y del que, como dice una de las citas que abre el libro, del escritor Luis Sáez Delgado, se añora –no sé si sólo o si al menos– “la sensación de eternidad”, esa sensación que, a medida que pasa el tiempo, nunca más volvemos a tener. Y es curioso, pues, aunque Elías, al hablarnos de los “coches de choque”, la “caja de reclutas” “el corte de pelo” o “las series de la tele”, lo hace desde su tiempo y desde su espacio, poniendo en juego nombres propios, los de Anacleto, Barullo y Tasio, el de los recreativos Satur o el de Benito el peluquero del barrio, compañeros y escenarios de sus propias aventuras, su experiencia acaba siendo compartible, nos acabamos por reconocer, salvando el tiempo y la distancia, en su relato, con lo que, aunque siguiendo otros vericuetos, el efecto acaba por ser el mismo de aquellos sucintos me acuerdo, el hacer aflorar nuestro propio recuerdo, rescatar, del olvido, nuestro propio álbum de sombras, un ejercicio que vale la pena hacer leyendo este entrañable y nostálgico libro de Elías Moro.

Álbum de sombras

Elías Moro

Eolas Ediciones

17 euros

Texto de Juan Ramón Santos para su columna Con VE de libro

Publicado el 12 de agosto de 2022

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