La Hungría del Imperio Austro

Tendemos a mirar las cosas siempre desde el mismo punto de vista. Unas veces, por cerrazón o estrechez de miras, pero otras muchas por pura pereza intelectual, porque nos acomodamos a una forma de contemplarlas que en algún momento nos resultó luminosa, que nos sirvió para alumbrar una determinada parcela del mundo y que preferimos mantener en lugar de probar otros enfoques. Al Imperio Austrohúngaro, por ejemplo, ese reino que, si pensamos en Sissi, nos empacha y, si pensamos en Berlanga, nos da un poco de risa, como si hubiese sido un reino de opereta, nos hemos venido asomando siempre a través de las obras de Stefan Zweig, Joseph Roth o Arthur Schniztler, autores austriacos que en unos casos parecen haber estado siempre ahí y que, en otros, han venido siendo rescatados con acierto estas últimas dos décadas por diversas editoriales independientes. Pues bien, una de esas editoriales, Libros del Asteroide, publicó también, hará cosa de diez años, la Trilogía transilvana (compuesta por las novelas Los días contados, Las almas juzgadas y El reino dividido) de Miklós Bánffy, un clásico de la literatura húngara prácticamente desconocido hasta entonces en nuestro país y que nos permite asomarnos a ese fenómeno histórico desde una perspectiva diferente, la del lado húngaro.

Lo que contiene, en sus cerca de 1500 páginas, la Trilogía transilvana de Bánffy, como La marcha Radetzky o La cripta de los capuchinos de Joseph Roth con las que tiene tanto que ver–, es, sobre todo, por encima de los avatares de sus protagonistas, una mirada al mundo del ayer (por utilizar, en esta ocasión, un título de Zweig). Las novelas fueron escritas entre 1934 y 1940, cuando ya se había desintegrado el Imperio, pero también, en la práctica, la nobleza de origen feudal a la que propio el autor, conde de Losoncz, pertenecía. Tal vez por eso, lo que sus libros contienen a menudo son descripciones pormenorizadas, con intención y precisión casi etnográfica y una cierta nostalgia, de bailes, fiestas o cacerías en las que quedan reflejados los usos y costumbres de un orden social desaparecido que el escritor veladamente defiende, sobre todo a través de la figura del protagonista, Bálint Abády, que lucha con denuedo por el bienestar de sus vasallos y por la prosperidad de su condado.

Este tipo de escenas jalonan la trilogía, a menudo como hitos de las dos historias principales, la relación amorosa (no diremos si feliz o frustrada) entre Bálint y su amada Adrienne, y la de su primo, László Gyerőffy, con la que retrata a una nobleza entregada a un vida regalada, alejada de la realidad, atrapada en ocasiones en las redes del juego, que descuida su hacienda y va dejando que se apoderen de ella administradores corruptos, ambiciosos, ansiosos por ocupar la posición de sus antiguos amos.

Y por lo que a la ruptura del Imperio se refiere, y que los tres títulos casi parecen anunciar, lo que en las novelas, por ejemplo, de Roth es sutil, latente, la existencia de tensiones profundas que amenazan con quebrar la calma superficial de un orden de cosas que, como el propio emperador Francisco José, parece llamado a ser eterno, en la novela de Bánffy es más que palpable. El protagonista es diputado independiente en el Parlamento húngaro, y eso nos va a permitir asistir a sus sesiones, observar la permanente desconfianza hacia Austria, la otra cabeza del Imperio, pero también la permanente inestabilidad política, las tensiones entre los partidos y las más graves tensiones étnicas, sobre todo con los pueblos de los Balcanes, que en esa época formaban parte del Reino de Hungría, y en las que se va fraguando lenta, inexorablemente, la I Guerra Mundial, con la que se acabarían por disolver no solo el Imperio Austrohúngaro, ese estado pintoresco que a mí a ratos se me antoja como pariente lejano de la Unión Europea, sino también la propia Hungría, reducida, después del Tratado de Trianon (en cuya negociación, por cierto, tomó parte el autor, Miklós Bánffy), a la mínima expresión, tras perder dos terceras partes de su territorio.

Leer la Trilogía transilvana de Bánnfy es, pues, sumergirse en un tiempo y territorio casi míticos, de topónimos impronunciables, casi ilegibles, mirar al mundo con unos ojos, los de una nobleza extinta, que hace mucho tiempo se cerraron y asomarnos a la deriva de una extraña nación, de un patchwork, como tantas veces se ha dicho, de naciones del que acabaría por depender, en gran medida, el futuro de Europa, nuestro pasado y, tal vez también, nuestro presente.

Trilogía transilvana

Miklós Bánnfy

Libros del asteroide

75 euros

Disponible en préstamo en la Biblioteca Municipal “José Antonio García Blázquez”, de Plasencia

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