Bienaventurados los poetas

“El lugar de los dignos”, el poema que cierra y da título al último libro de Mario Lourtau (Torrejoncillo, 1976), con el que ganó el XVIII Premio de Poesía José de Espronceda / Ciudad de Almendralejo, me recuerda, no sé muy bien por qué, a las Bienaventuranzas. Supongo que por su trasfondo ético, por su carácter enumerativo y por lo que tiene, al final, de augurio de una recompensa, con la diferencia de que, si los premios que Jesucristo prometía a los pobres de espíritu, a los mansos o a los que buscan la paz resultaban grandiosos, radiantes, trascendentes –heredar la Tierra, alcanzar el Reino de los Cielos, poder ser llamado Hijo de Dios, la promesa que Mario Lortau pone sobre la mesa al final de su poema y de su libro, la de haber vivido al cabo con dignidad, es mucho más estoica y más modesta, pero también mucho más humana y más digna –si se me permite la redundancia– no digo que las de las Bienaventuranzas, pero sí que las que, como un deliberado y engañoso espejismo, proyectan sin cesar sobre el horizonte de estas vidas nuestras, cada día más marcadas por la maniquea y aniquiladora dicotomía capitalista del éxito y el fracaso.

El lugar de los dignos se inserta así, a mi modo de ver, en esa especie de épica cotidiana de la que hablaba hace unas semanas al hilo del Viaje de invierno de Miguel d’Ors y a la que responde buena parte de la lírica contemporánea, la de mostrarnos la pequeña odisea de los héroes de a pie, enfrentados a la muerte, el olvido o el paso del tiempo conscientes de su carácter inexorable y con las limitaciones propias de su pobre humanidad. Así, con la dignidad que le da título, con un ritmo pausado y clásico, y con la grandeza con la que los hombres pequeños se enfrentan al destino, el libro de Mario Lortau nos lleva a recorrer, en su primera parte –la titulada “Raíz de la memoria” –, los paisajes del recuerdo, paisajes que nos resultan, además, exóticos, por lo desértico, fruto de la experiencia de su autor hace años como docente en Marruecos, para hacer luego homenaje, en “El reino escrito” a sus poetas de referencia –Miguel Ángel Velasco, Claudio Rodríguez, Leopoldo María Panero o José Hierro–, pero también, desde luego, a la palabra, la materia prima de su labor, sobre la que se pregunta, en su poema “Reino del delirio” si existe algún lugar más triste y luminoso / donde gozar la vida, y cantar por último, en “La estatura de un hombre”, al luminoso regalo de la paternidad y la familia, pero también a la fragilidad, a la pérdida o a la devastadora fuerza del olvido, avatares que emborronan la luz de la existencia pero tras los que nos esperan, si gozaste de amores / de unos cuantos amigos, de personas / que partieron, tal vez, antes de tiempo, o si supiste interpretar en las palabras / el signo que nos nombra erróneos e imperfectos / y llegaste a descifrar que en el enigma late / la dimensión exacta de la vida (…), la sensación de haber logrado algo / de ser alguien, / de alcanzar en la mesura de tus actos / el lugar de los dignos.

Que así sea, como nos promete Mario Lortau. Bienaventurados los poetas, que nos dan consuelo.

El lugar de los dignos

Mario Lourtau

Algaida

12,95 euros

Publicado el 8 de abril de 2022

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