Trevejo es uno de esos rincones de la Sierra de Gata lleno de magia. En cualquier momento del año, a cualquier hora del día, siempre tiene una luz especial.
Es una pequeña villa ubicada a poco más de 6 kilómetros de su municipio matriz, del que depende Villamiel (y no San Martín de Trevejo como erróneamente creen algunas personas).
Una coqueta calle empedrada da la bienvenida al viajero que puede perderse entre sus rincones con encanto. La sencillez de sus casas de piedra entre peñascos o de sus coquetas macetas invitan a pasear y sentir la vida slow life. Es muy fácil encariñarse con Trevejo y sus gentes y sentir que se ha parado el tiempo.
Todo el visitante que llegue el norte de Cáceres no puede dejar Extremadura sin conocer Trevejo, sus calles empedradas y por supuesto, su castillo.
Desde la cima de la colina se otea parte de la Sierra de Gata y en los días despejados se divisan los campos portugueses. Por desgracia, el castillo de Trevejo no se encuentra en buen estado de conservación.
Los restos que aún siguen en pie demuestran la importancia de la fortaleza en la historia. A sus pies, varias tumbas antropomorfas, muy cerca de la iglesia de San Juan, se datan en la época de las órdenes militares.
Para subir a lo alto del castillo hay que hacerlo con cuidado y cierta precaución. El itinerario es sinuoso y está lleno de piedras que se desprenden de los muros del recinto. Al final del recorrido, las vistas merecen la pena siempre.
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Publicado febrero del 2022