Villar del Rey, la magia de un destino inesperado

Villar del Rey tiene reservado  cada año unos minutos en televisión. Es la única localidad del mundo mundial donde, desde hace más cuatro décadas, cada cinco de enero, los Reyes Magos, con pajes y pastores, reparten a domicilio regalos a abuelas y nietos, padres, nueras y yernos y hasta a los cuñados. Más de mil regalos llegados de Oriente gracias a la participación de un centenar de colaboradores, que nunca se han confundido en el reparto.

A 31 kilómetros de la capital pacense y a 17 de Alburquerque, los valores medioambientales y etnográficos de Villar del Rey la hacen singular en las estribaciones de la Sierra de San Pedro.

Villar del Rey, el pueblo de la pizarra que da de beber a Badajoz

Por muchos es conocido como el pueblo de la pizarra, por la productiva cantera de esta piedra  y de granito negro que tiene en un término municipal. Pero no todo el mundo sabe que, desde el siglo XIX, la localidad da de beber a Badajoz y hasta el invento del frigorífico refrescó las neveras de sus casas señoriales.

El Pozo de las Nieves de Villar del Rey, un tesoro. Foto de Sara Casares Rodríguez.

Uno de los neveros mejor conservados de España

Próximo a la vieja ermita de Rocamador, guarda uno de los neveros mejor conservados de España, de interior circular y hermosa bóveda de ladrillo visto. El Pozo de las Nieves, construido en 1630, fue declarado Bien de Interés Cultural en 1994. Perfectamente recuperado, se puede visitar y existen numerosos paneles explicativos sobre su funcionamiento, aunque el pozo, por seguridad, está cerrado.

Su acústica es tan buena que, desde 2008, en verano celebran ‘Villar del Folk’, único festival especializado de toda la provincia. Pero, como nos cuenta Estrella García, gestora cultural del municipio, detrás de ‘Villar del Folk’ también se esconde la intención de dar a conocer el patrimonio cultural villarense. Por eso, la fachada pétrea de Nuestra Señora del Rosario sirve también de escenario para bandas de gran prestigio como De Mar a Mar, Kök o Rubén Jarramplas, aunque este año Enverea o Acetre  actuaron en el recinto ferial para garantizar las medidas de seguridad.

Además de refrescar a los pacenses, desde principios del siglo XX, Villar del Rey también les da de beber embalsando las aguas del río Zapatón.

La Peña del Águila junto a la presa, un lugar emblemático de Villar del Rey. Foto de Sara Casares Rodríguez.

Piraguas y avistamiento de aves en la Peña del Águila

Cuando se abren las compuertas de la Peña del Águila, es un espectáculo ver el al afluente del río Gévora saltar  desde los 236 metros de altura de la presa, construida a finales de los 80 sobre la infraestructura anterior, cuyos restos pueden llegar a asomar en época de sequía.

El ayuntamiento dispone de piraguas y organiza salidas para el avistamiento de  aves. La orilla del pantano es idónea para observar buitres y águilas o garzas y cormoranes. Al otro lado, mirando al norte, el castillo de Azalaga. La tranquilidad del entorno es una tentación para los aficionados a la pesca del black bass, el barbo o el lucioperca.

Rutas en plena Cañada Real

A ras del agua al pie de la Peña del Águila. Foto de Ismael Bejarano.

Otro de los parajes especialmente recomendados por nuestra cicerone, Estrella García, es el paseo hasta la Ribera del Albarragena, cuyos márgenes son transitables. La propuesta nace en la carretera de Alburquerque y regresa al pueblo por el camino de La Molinilla en un recorrido circular de cinco kilómetros.

En plena Cañada Real, Villar del Rey ofrece un amplísimo y señalizado catálogo de paseos, casi todos accesibles.

En enero, se celebra la Ruta de las Coladas, en cuya última edición participaron unos 400 dorsales. Otra propuesta interesante invita a conocer los restos de la cultura dolménica en la finca del Espartal, junto a la dehesa boyal, dirección Badajoz. Camino de Aliseda también hay restos de arquitectura megalítica y cerca del pueblo, en Las Gardonas, se encuentra el dolmen más famoso y mejor conservado: la Piedra Jincá.

Citas igualmente apetecibles son la ruta de la trashumancia, que el ayuntamiento organiza habitualmente en abril, o las rutas botánicas y silvo-gastronómicas del programa municipal ‘Mayo primaveral’

Villar del Rey late entre campos de labor, olivares y dehesas y se refresca en riberas, embalses y manantiales. De uno de ellos brota El Pilar, que nunca ha dejado de manar en la fuente situada en la calle homónima.

Curiosidades en la ribera de Villar del Rey. Foto de Estrella García.

Los vecinos de Villar del Rey representan a Luis Chamizo

El primer sábado de octubre allí se celebra la fiesta de Las Luminarias “tan antigua como el tiempo”, donde el fuego es el gran protagonista. Como parte del programa, se representa Las Brujas, obra original de Luis Chamizo y actualizada hace cinco años por Pilar Roa y Marta Recio. La primera adaptación fue escrita hace dos décadas por Manu Sequera y, desde entonces, más de cien vecinos participan en una representación que incluye música coral.

De Villar del Rey son famosos, además, sus carnavales, con concursos de murgas y comparsas, y su romería en honor a la Virgen de la  Encarnación o de La Ribera. El domingo de Resurrección, abre la temporada de las citas campestre en la comarca de Tierra de Badajoz.

Renombre tiene también el cross Peña del Águila que atrae, el primer domingo de agosto, a corredores de toda la península. Este año, de forma excepcional, la XXXIII cita con la velocidad se celebra el 5 de diciembre y ya hay apuntados más de 150 atletas, 40 de ellos niños.

Un pueblo con más de 10 asociaciones para 2.000 habitantes

La nieta de la señá Trini. Foto cedida por su hija, Salor García.

Inmersos sus paisanos en mil planes (existen más de diez asociaciones en una población con 2.103 habitantes), organizan un buen número de propuestas a lo largo del año para celebrar las tradiciones y rescatar muchas de ellas del olvido. En Villar del Rey, alrededor de cada cita, ya sea musical o senderista, deportiva, cultural o gastronómica, se celebran talleres y demostraciones para aprender desde el ordeño y la elaboración del queso, pasando por las virtudes gastronómicas de las plantas silvestres o sus usos curativos, hasta  el manejo de un kayak en el pantano o los antiguos oficios.

Desaparecidos ya los tratantes de ganado, el espartero o el bayonero, su recuerdo permanece en las calles villarenses. Así lo recoge en ‘Villar del Rey, geografía historia y tradiciones’, el referente local Antonio Bueno Teodoro,  recientemente fallecido. Según el escritor, el barrio del Bayonal recuerda al gremio de artesanos que recogían esta especie de junco o enea (hoy protegida), en las riberas de Albarragena.

Antes de abandonar la localidad pensando en regresar, el viajero debe  visitar la churrería virrata y probar los bollos de pascua de la ‘señá’ Trini, recatados del olvido por su nieta Pauli para regocijo de sus vecinos en Semana Santa.

La matanza tradicional, la caza grande y chica, la pesca, los espárragos, las setas y mucho más en un lugar donde al sacapuntas lo llaman aguzalapi, resbaleta al tobogán y a una buena comilona lo llaman apoipar.

Foto de cabecera de Sara Casares Rodríguez

Turismo Extremadura

Publicado el 1 de diciembre de 2021

@Planveando Comunicaciones SL

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