Algunos pinchadiscos tienen alma de cantautor

“Me da -por lo que me cuentan de ti- que ambos somos de los que ponemos los discos para que otros no paren de bailar”, me decía José Ignacio García en uno de sus primeros correos, hace unos meses, a cuenta de un intercambio de libros, y enseguida me sentí identificado con él, con sus palabras, consciente de que los dos somos en buena medida, como los del magnífico ensayo que publicó Antonio Sáez hace unos buenos años en Llibros del Pexe, corredores de fondo, personajes discretos que ayudan a que funcione el tinglado literario. Escritor y crítico, con sección fija en el periódico leonés La Nueva Crónica, José Ignacio es un incansable agitador cultural, el alma, entre otros proyectos, de “Contamos la Navidad”, una iniciativa con la que desde 2009 lleva reuniendo a escritores e ilustradores en una preciosa antología de relatos navideños suyo solo objetivo de fomentar el hábito de la lectura, labor encomiable que ensombrece tal vez a ratos su propia obra, ya extensa, integrada por la novela Mi vida, a tu nombre y por los libros de relatos –género por el que tiene marcada predilección– Me cuesta tanto decir te quiero, Vidas insatisfechas, Entre el porvenir y la nada (Premio Miguel Delibes de Narrativa, 2009), La sonrisa del náufrago, El secreto de su nombre, El cuento que quisera escribir contigo o Algunas historias no sirven para escribir canciones de amor, el más reciente, del que quería hablarles hoy en este rincón de libros de PlanVE.

El libro, en palabras de su autor, es “un repertorio de historias corroídas en general por el óxido del fracaso”, diecinueve relatos que ponen de manifiesto su interés por –utilizando el título de uno de los cuentos del volumen– los héroes de hojalata, por todos esos héroes anónimos que, sin músculos de acero, se ven obligados a enfrentarse a los reveses del día a día, construyendo así una sorda épica cotidiana, y es que, como señala acertadamente Tomás Sánchez Santiago en su prólogo, la “persistencia en querer iluminar las esquinas del alma de los débiles” es marca de la casa, es uno de los rasgos característicos del autor, que –como también dice el poeta zamorano– trata a sus personajes con compasión, “como si tratase de convencerlos a ellos de que aquello que les ha sucedido no ha sido para tanto, de que merece la pena seguir viviendo”, que lo hace incluso, diría yo, aunque pueda sonar a paradoja, cuando trata de ser cruel con ellos.

Sánchez Santiago habla también en su prólogo de “una pasión expansiva por el hecho de contar” que se aprecia, a mi modo de ver, en el estilo de José Ignacio García, un estilo demorado, que parece recrearse en cada frase, que nos sorprende cada dos por tres con comparaciones inesperadas que llenan de viveza el relato, consciente, sin duda, del poder de encantar que tienen las palabras, llevado –utilizando esta vez el título de un libro menor de García Márquez que me gusta citar a menudo– por “la bendita manía de contar”, que está en el origen, sin duda, de cada uno de estos diecinueve cuentos, que constituyen una muy buena oportunidad de acercarse a la obra, a la música propia de este entusiasta pinchadiscos, que anda estos días haciendo sonar Fiesta, la última entrega de su “Contamos la Navidad”, por las mejores discotecas de Castilla y León.

Algunas historias no sirven para escribir canciones de amor

José Ignacio García

Péñola Narrativa

18 euros

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