Barranqueras de Loh Conjónih de Crihtu: un encuentro con la Prehistoria (II)

Acabábamos el capítulo primero haciendo alusión a las leyendas que rodean ese paraje que ostenta el extraño, estrambótico y casi surrealista topónimo de Loh Cojónih de Crihtu.La mayor parte de los paisanos que andan por estos breñales señalan a dos bolos graníticos, hundidos en el río Alagón, sobre cuyas aguas solo se observan sus casquetes superiores.  No hay que olvidar que las aguas en este tramo del río tienen gran profundidad, debido al embalsamiento de las mismas entre el pantano de Gabriel y Galán y aquel otro donde se asienta la central hidroeléctrica de El Saltu del Guiju.  Y refieren los lugareños que tales bolos estaban situados en lo alto de las quebradas que se alzan a sus espaldas, hacia el poniente.  Pero cierto movimiento sísmico acaecido en años que no concretan hizo rodar esos enormes canchos plutónicos y no pararon hasta caer en el río.

La arqueóloga Bea Comendador Rey observando pormenorizadamente la visera de una covacha. (Foto: F.B.G.)
Fabriciano Palomero Batuecas, el paisano que, entre otras leyendas, nos narró la de “Loh Cojónih de Crihtu”. Toda una joya de la Cultura Oral. (Foto: Archivo familiar Palomero García)

Que este espacio está mitificado lo pone de manifiesto la leyenda que recogimos en su día a Fabriciano Palomero Batuecas, en tiempos en que íbamos a todas partes con la grabadora en la mano.  Fabriciano (de mayor, Tíu Fabricianu) era un guijarreño (nacido en el antiguo Guixo de Granada) que se casó en un pueblo muy cercano al suyo, con la santibañeja Marcelina García Corrales.  Residía en este pueblo cuando lo entrevistamos y aquí era Ti (sin la u de Tíu) Fabricianu. La leyenda que nos narró tiene mucha miga.  En síntesis, viene a decirnos que, en tiempos de Maricastaña, vivían por esas agrias arroyadas dos hermanos: uno se llamaba Jonán y era agricultor, alto como un gigante, pendenciero y fanfarrón.  El otro se llamaba Jonún y era pastor, no tan fuerte como su hermano y muy buena persona.  Los dos estaban enemistados, ya que Jonán no cuidaba sus huertos y sus cercas estaban llenas de portillos, por lo que los ganados de Jonún, a veces, entraban en tales predios y le comían los sembrados.  Jonán siempre estaba borracho y renegando porque, al no cuidar sus plantas, se le mareaban, y él se cagaba en El de Arriba.  En cambio, Jonún jamás decía una palabra más alta que otra y le daba todos los días gracias al de Arriba por velar por sus ganados.  A tanto llegó el odio que Jonán tenía a Jonún, que un día le salió al encuentro, con el fin de matarlo.  Pero El de Arriba amparó a Jonún, que era el güen pahtol, y le envío una bocaná d,airi: ‘Airi del cielu abajó /y en lah suh pártih le diera; / lo c,ántih era carni, / agora se golvía piedra ‘ (Ti Fabricianu acompañaba el relato con algunos fragmentos de copla o romance antiguo).  Los testículos de Jonún comenzaron a hincharse y endurecerse.  Se volvieron gigantescos. O sea, se golvió un hombri con loh cojónih bién puéhtuh (palabras textuales de Fabriciano).  Al observar aquella increíble transformación, Jonán echó a correr y, pol lo que cuentan, entoavía no ha parau de correl.

Bifaz de tipo amigdaloide, de posible factura achelense, hallado dentro del paraje de “Loh Cojóníh de Crihtu”. (Foto: F.B.G.)

Como se comprueba fácilmente, la leyenda está asperjada por el agua bendita de la cristianización.  El mismo informante creía a pie juntillas que Jonún no era otro que Jesús, el hijo de José y María, según la tradición cristiana; es decir, Cristo, catalogado también de buen pastor.  Pero la realidad antropológica nos lleva a otros tiempos más arcaicos.  Los términos Jonán y Jonún nos lleva a pensar en los Jotun, gigantes de la mitología nórdica, pero desmigajar este asunto necesitaría muchas cuartillas.  También se entrevé en el relato cierto trasfondo del mito de Caín y Abel, extendido por varias culturas de tiempos remotos.  El historiador y científico Isaac Asimov traslada este mito a épocas neolíticas o de la Prehistoria reciente, cuando ya existían ciertas diferencias entre los clanes de agricultores y los pastoriles.  Las disputas serían frecuentes a causa de la expansión de la agricultura y los terrenos destinados a pastos.  Tiempos en que se amasan leyendas, las cuales han perdurado a lo largo de los siglos, o milenios, y han llegado hasta nosotros bastante mixtificadas.  No obstante, sabiendo ver con sagacidad y un sexto sentido lo que hay detrás de estas leyendas y sus símbolos, podemos obtener valiosa información sobre hechos históricos.  En la leyenda narrada por Fabriciano no aparece el mitema del fratricidio, cuando en relatos semejantes, sean de la mitología nórdica, en la persa, la griega o la romana (el caso de los hermanos Rómulo y Remo es bien significativo), sí suelen estar presentes y dejan traslucir, igualmente, la dualidad entre el bien y el mal.

El autor de estas líneas a la entrada de uno de las covachas del mencionado paraje. (Foto: I.C.G.)

Encuadre

Un núcleo Levallois hallado superficialmente en una terraza fluvial de los parajes mencionados. (Foto: F.B.G.)

Narraba Fabriciano (falleció el día 17 de abril de 1983, a los 88 años) que Jonún fue bautizado en las aguas del río Alagón y que dejó como recuerdo de su presencia en la tierra aquellos dos enormes bolos graníticos, que, en su origen legendario, eran sus dos testículos petrificados.  No podía faltar el correspondiente relato legendario, sobeteado a conciencia por los clérigos, en unos parajes con tanta huella de los tiempos paleolíticos y de la Prehistoria reciente.  El hecho de situar la leyenda en estos parajes de Loh Cojónih de Crihtu no es casual.  Los mecanismos de la tradicionalización son muy complejos, pero siempre impregnan o están impregnados por su entorno.  El encuadre de estos riberos que bajan hasta el río Alagón, de los que ya dimos cuenta en el capítulo anterior, va tomando sus adecuadas dimensiones con la aportación de la paleoleyenda que hemos sintetizado al máximo.

cartel palacio carvajal girón plasenciaEn el recorrido que llevamos a cabo la pasada primavera por estos predios de Loh Cojónih de Crihtu la arqueóloga Bea Comendador Rey (de amplio currículum en estas lides) y el que traza estas líneas, con la visita puntual del químico e investigador de pinturas rupestres, Alejandro González Pizarro, pudimos comprobar el halo fascinante que empapa a este corredor granítico que discurre por ambas márgenes del mencionado río y que se extiende por el de su afluente: el río Ambroz o Cáparra.  Todo un abrazo con multitud de vestigios, no solo de nuestras etapas prehistóricas, sino también de épocas romanas y tardoantiguas.  Lamentablemente, alguno de ellos prácticamente borrados del mapa, como es el caso del castro calcolítico de El Cahtilleju, arrasado al haber sido utilizado de cantera para levantar el muro de la presa de El Saltu del Guiju y explanado para servir de basurero municipal durante un buen puñado de años.

Los bolos plutónicos de “Loh Cojónih de Crihtu” asomando su cabeza por cima de las aguas del río Alagón. (Foto. F.B.G.)

Los numerosos cováchuh, que así denominan los lugareños a los abrigos rocosos, constatan una antropización continua a lo largo de los tiempos, desde nuestros antepasados prehistóricos hasta refugio del maquis o guerrilla antifranquista en los años de la posguerra.  Era paso obligado para que los componentes de la partida guerrillera de Pedro José Marquino Monje, El Francés, pudieran pasar de las comarcas de Sierra de Gata y Las Hurdes a las cordilleras de Gredos, vadeando el río Alagón.   Hoy, sabemos que algunos molineros, cuyas aceñas ya quedaron bajo las aguas embalsadas de tal río, eran unos valiosos enlaces de la guerrilla.  Casi todos ellos guijarreños (hijos del pueblo de Guijo de Granadilla), una localidad donde las ideologías de izquierda cuajaron en los años 30 del pasado siglo y fue sometida a una dura y cruel represión.  Más de 25 vecinos fueron detenidos, encarcelados y sometidos a consejo de guerra en Cáceres.  Solo un milagro, como fue la intervención de un abogado de un pueblo cercano, con gran ascendencia y autoridad dentro del bando franquista, evitó que se cometiera una masacre.

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Fotografía superior: Vista general de uno de los complejos rocosos del paraje de “Loh Cojónih de Crihtu”. (Foto: Bea Comendador Rey)

Lee también: Barranqueras de Loh Cojónih de Crihtu: un encuentro con la Prehistoria (I)

Texto de Félix Barroso para su columna A Cuerpo Gentil, las opiniones e imágenes publicadas en esta columna son responsabilidad de su autor.

Publicado el 23 de agosto de 2021

 

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