Tamurejo es uno de esos pequeños, pero grandes pueblos de Extremadura. Tan grande es su hospitalidad como su situación, en plena falda de la Montaña del Morro en la que está completamente integrado. Tan grande como que un pueblo de no más de 200 habitantes ha peatonalizado su calle principal y acaba de restaurar su viejo molino para recreo de los vecinos y sorpresa de los viajeros.
Tamurejo en el corazón de la Reserva de la Biosfera de la Siberia
En sí mismo Tamujero sorprende por su abundante vegetación a un paso de los inmensos paisajes azules de los embalses de La Siberia extremeña y con permiso de la cercana Reserva Regional del Cíjara y sus 25.000 hectáreas de exuberante verde. Porque además del coqueto encanto de Tamurejo, este pequeño pueblo tiene grandes vecinos que invitan a alargar la escapada en el corazón de la Reserva de la Biosfera de la Siberia.
A media hora tiene también el Cerro Masatrigo, la rotonda más bonita de España y más grande, le dicen, de Europa y a menos de una hora la playa Costa Dulce, en Orellana la Vieja, Bandera Azul doce años consecutivos. Aunque la más cercana, a cuarenta minutos, es la playa de Peloche, la playa por excelencia de la Reserva de la Biosfera de la Siberia, muy cerca de La Barca del tío Vito, que es todo un clásico de la comarca donde disfrutar de los atardeceres en un delicioso chill out.
La recomendable puesta de sol desde el Morro
Aunque para puestas de sol también recomendable es la del Mirador del Morro de Tamurejo, donde se puede llegar en coche o dando un paseo de seis kilómetros. Un plan ideal para visitar el pueblo, como pasear también por la calle de las flores. En realidad son las calles San Pantaleón y Comercio, llamadas así por el patrón y la actividad comercial de la vía donde transcurren los grandes momentos de la que es, en realidad, toda una Villa desde que Felipe V refrendó su separación de Siruela. Fue un 18 de julio, pero de 1741.
El rincón de las flores de Tamurejo
Tamurejo es un pueblo con historia, desde sus primeros asentamientos romanos antes de Cristo, y con historias, como la de la calle de las flores, que tuvo un final feliz pese a no tener buen comienzo.
En 2011 el ayuntamiento quiso reparar el firme y lo hizo con un toque más estético que un mero asfaltado, que incluía unos pivotes para mayor protección de los vecinos. Vecinos a los que no les gustó tener que abrir y cerrar los pivotes por mucha llave que el ayuntamiento les proporcionó. Pero al aproximarse el Corpus Christi, y quizá por esa afición a adornar sus puertas y fachadas con retamas y flores, la decisión municipal de llenar de macetas la calle les llevó a decidir: plantas o coches. “Los propios vecinos nos pidieron que no quitáramos las macetas– resume la alcaldesa, Rosa María Araújo— de manera que el ayuntamiento los proporciona y los vecinos se ocupan del riego y de tenerlas preciosas”.
Lo cierto es que es un rincón con encanto que aquel Corpus Christi lució para orgullo del vecindario, el ayuntamiento y el pueblo entero. Una pequeña, gran historia a la que corresponde una placa de reconocimiento allí mismo y que la propia Diputación Provincial de Badajoz ha reconocido también en su promoción.
Corpus Christi, por cierto, que en este pueblo de la Diócesis de Toledo y a solo un kilómetro de Ciudad Real, se vive con la misma tradición que en toda Castilla-La Mancha cada mes de junio anunciando el verano. Verano en el que las casas se encalan, los vecinos disfrutan de coquetas terrazas en el pueblo, se bañan en el cercano paraje de Tabla Corta en Garbayuela o, cada vez más, buscan en el viejo molino uno de los sitios de su recreo.
Publicado el 1 de junio de 2021
@Planveando Comunicaciones S L
1 comentarios
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