El Capricho de Cotrina, la fantasía extremeña que evoca a Gaudí

El Capricho de Cotrina no tiene nada que envidiar al Parque Gūell. Aunque su creador ni conocía a Gaudí ni esta casa de cuento está en Barcelona, sino en el pueblo pacense de Los Santos de Maimona. Treinta años le llevó a Francisco González Grajera, un albañil que tuvo que dejar la escuela a los 13 años, pero que tenía un don especial y un tesón extraordinario. Tanto como que el original edificio que llama la atención desde la carretera lleva miles de visitas en busca del que llaman el Gaudí extremeño, fallecido hace cuatro años.

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Expertos como Rafael Romero Pinedo, Doctor en Bellas Artes de la Universidad de Barcelona y uno de sus máximos apoyos en vida, hablan de un estilo personal más que de una obra gaudiniana, pero lo cierto es que el Capricho de Cotrina evoca a Gaudí por sus formas y colores. Apenas tiene una línea recta y todo él es un juego de figuras ornamentales revestidas por mosaicos. Es pura fantasía arquitectónica que salió de la inventiva, las manos y el bolsillo de Francisco, apodado Cotrina.

Visitas guiadas que cuestan la voluntad y cuya recaudación será para terminar la obra

No pudo terminarlo pese a tanto trabajo y desvelos, pero sus hijos velan por su legado. Por suerte su hijo Roberto heredó las buenas artes y continúa la obra mientras el resto de la familia se ocupa de las visitas guiadas y de mantener viva la memoria de su padre a través de la web gaudiextremadura.es. Aquí se puede pedir cita. Visitarlo cuesta la voluntad, no escatiman en el tiempo porque dura una hora, y la recaudación se destina a terminar la obra que ha conseguido poner en el mapa artístico a Los Santos de Maimona.

El Capricho de Cotrina, de fama internacional

“Sabemos –explica su hija Sonia- que mi padre quería que se conociera su trabajo y ese es nuestro empeño, continuar su obra y reivindicar su nombre”. Ello pese a figurar en estudios internacionales como el de la experta de la Universidad de San José en California, Jo Farb, sobre Entornos de Arte y artistas autodidactas así como en la Encyclopedia de Outsider Art de la Universidad de Chicago.

Facilidades no tuvo, incluso lo tildaron de excéntrico porque quiso levantar una casa de cuento para una de sus hijas. “Somos siete hermanos y cuando mi padre compró la parcela – cuenta Sonia- una de mis hermanas se quejó porque en la de al lado, mi tío le estaba haciendo una piscina a sus hijos y entonces mi padre le dijo que ella iba a tener la casa que no iba a tener nadie”. Hasta vasos de tubo de plástico reunió para ponerse manos a la obra y fue buscando piezas de aquí y allá como si fuera un puzle de lo más ingenioso para dar forma a una edificación de formas caprichosas que concibió como la casa de sus sueños. De hecho tiene las dependencias propias de una vivienda y uno de sus dormitorios tiene forma de un gusano de fantasía.

Todo salió de la imaginación y las manos de un hombre extraordinario y se encuentra en la calle que hoy en día lleva el propio nombre de El capricho de Cotrina, en el cruce de la EX101 de Los Santos de Maimona.

Publicado en febrero de 2021

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