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Cosas del Emperador, en el 464 aniversario de su llegada a la Vera

Este año 2020, a pesar de no celebrarse oficialmente la ruta de Carlos V de Tornavacas a Jarandilla, en la Vera, debido a la pandemia que padecemos, nos acercamos, a mitad de noviembre pasado a Tornavacas en solitario para conmemorar,  al menos el inicio de aquel último viaje imperial hasta llegar a la Vera …

En Tornavacas visitamos antes la casa donde se hospedó el rey de medio mundo y nos dejamos empapar por el otoñal paisaje que rodea a la población: robledales, castaños, jaras, cantuesos… entre riscos y piedras, y un camino tapizado de la dorada hojarasca que no hicimos.

–Digo yo, mi querido Guillermo –le comentó Carlos V, a su ayuda de cámara, Guillermo Van Male– que bien podíamos atravesar la sierra y hacer en una sola jornada lo que tardaríamos tres siguiendo el camino real por Plasencia…

–Pero es una travesía difícil, larga y cansada, Majestad –le contestó el ayuda de cámara.

Eso a mi no me importa porque a mí me lleváis en andas, a modo de parihuelas cubiertas para protegerme del frío…

Y así se hizo, de acuerdo con su fiel Luis Méndez de Quijada y su secretario Martín Gaztelú, que prepararon la marcha de manera que el Emperador fuera llevado a hombros de soldados y lugareños durante los 27,5 kilómetros que distancian a Tornavacas del castillo de los Condes de Oropesa de Jarandilla de la Vera, en su parihuela cerrada y cubierta a fin de evitar el frío serrano, mediado el mes de noviembre de 1556.

Cosas del Emperador.

Hotel Alcor del Roble

Cuentan las crónicas que llegado a la altura de la sierra conocida por el Puerto de las Yeguas, le sorprendió la hermosa vista de la Vera, y ante su belleza pronunció aquella memorable frase: “Ya no franquearé otro puerto sino el de la muerte. Y no es mucho que tierra tan buena y sana como la de Yuste cueste tan cara de alcanzar”.

Otra salida del Monarca, porque mira que acordarse de la muerte cuando tenía “in mente” una vida placentera retirado de la corte y el mundo, según la oda que a él le había dedicado Fray Luis de León sobre la vida retirada:

 ¡Qué descansada vida

la del que huye del mundanal ruido,

y sigue la escondida senda,

por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido.

Carlos se las gastaba así: sus crónicas están llenas de situaciones y frases cargadas de humor, difíciles de entender por unos súbditos que continuaban teniéndolo en el pedestal con su cetro en la mano.

En otra ocasión, dando un paseo por los infinitos parajes de la Vera, se le abrió el apetito a pesar de los veinte platos que le elaboraba su cocinero Adrián Guardel para almorzar (nada que ver con los aperiticos de hoy) y preguntó si no habría por allí algo que llevarse a la boca.

–Ahí cerca hay un caserío, Majestad, pero no tienen más que pan y es de hace días –le contestó uno de los soldados de la guardia que le acompañaba.

Pues venga para acá ese pan que, como dicen los castellanos, a buena hambre no hay pan duro.

Y se lo comió con tanto apetito que le supo a gloria. No obstante tenía sus preferencias: le gustaban sus quehaceres con Juanelo Turriano, mimar sus plantas, entretenerse con sus animales, visitar la cocina donde se confeccionaba y probaba el famoso “papin”, departía unas lonchas de jamón de Montánchez o saboreaba unas rajas de melón, la fruta que tanto gustaba a su abuelo Maximiliano, precisamente fenecido a causa de un hartazgo de esta fruta de la que el Emperador solía decir: “Es mejor un ruin melón que un buen pepino”.

Ya digo: cosas del Emperador.

En otra ocasión en la que le enviaron una cuba de anchoas que se habían estropeado en el traslado, su ayuda de cámara le dijo que no debía probarlas porque parecían vomitajo de perro, a lo que él contestó:

Eres un bribón; me dices tal para que me dé asco y no las coma. Y no le hizo caso, las comió, enfermó y se vio obligado a hacer dieta durante más de un mes.

En cierta ocasión, llegó a Yuste desde Milán un galeno famoso llamado Giovanni Andrea Mola que, tras examinarlo, le prescribió que renunciase a la cerveza y acortara la ración de comida. A lo que replicó:

Para un flamenco es demasiado exigir, casi un insulto –y poco más que le mandó a freír espárragos.

En fin, cosas del Emperador que en este 464 aniversario de su llegada a la Vera nos gusta recordar.

Ecotahona del Ambroz

Texto de José Serradilla para su columna Bitácora Verata

Publicado el 7 de diciembre de 2020

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