Qué descansada vida

A mí el título de la última novela de Santiago Lorenzo, Los asquerosos, se me antoja el de una película setentera, con grano grueso, rostros grasientos y sudorosos y mucha violencia gratuita, no sé si ambientada en el oeste o en los bajos fondos, algo que nada tiene que ver con lo que en realidad cuenta, la historia de un chaval que, huyendo de un posible crimen, se refugia en el campo, en Zarzahuriel, un pueblo abandonado de la así llamada España vacía donde aprende a vivir con lo imprescindible.

Casi por ponerle alguna pega a una novela con la que he disfrutado mucho, las circunstancias que obligan a Manuel, el protagonista, a huir de Madrid resultan un tanto forzadas, no tanto el hecho concreto y accidental de que acuchille a un antidisturbios (no estoy haciendo spoiler alguno, pues es lo primero que se lee en la contraportada), sino la presencia de ciertos detalles que se hacen expresos para justificar el cómo y el porqué de la escapada y también, en buena medida, el desenlace, tratando de dejar tan atados los hilos del relato que acaban por verse demasiado las costuras, que es algo que hace temblar la verosimilitud pero que en realidad se disculpa, pues responde a la necesidad de situar de manera radical y repentina a un urbanita en mitad del campo, reduciéndolo casi al estado de naturaleza, en una obra que, como el propio estado de naturaleza filosófico, mucho tiene también de parábola, de fábula, de mito, de reflexión sobre nuestra forma de vida, sobre nuestra inagotable necesidad de poseer y sobre las distintas formas de regreso a lo rural.

Hablando de estado de naturaleza, de mito, fábula, parábola y reflexión, quizá cabría pensar que Los asquerosos es un libro sesudo, una novela de tesis espesa y poco asequible, cuando nada más lejos de la realidad, porque se trata de una obra enormemente divertida, escrita con una prosa estupenda, con mucha gracia verbal, rica en aciertos lingüísticos, y en la que se alternan (a cuáles más interesantes) las pintorescas peripecias de la suerte de Robinson Crusoe moderno que la protagoniza con certeros retratos sociológicos trazados con una afilada ironía y una más que considerable dosis de mala leche por parte del narrador.

Y hasta aquí, como diría Mayra Gómez Kemp, puedo leer. Me quedo con ganas de contar más, pero no creo que resulte conveniente, pues, aunque se trate de un libro en el que tanto importa la trama como la manera fresca y festiva en la que está contado y que se puede disfrutar (verbo de no poca importancia en la narración, por cierto) aun conociendo el final y lo que sucede al medio, no es conveniente privar al lector de la sorpresa, del placer de ir descubriendo y disfrutando por su cuenta las curiosas aventuras de Manuel. Lo único que diré es que no he hecho más que terminar y ya estoy deseando leer Los huerfanitos, Los millones, Las ganas, las tres anteriores novelas del autor.

 

Los asquerosos

Santiago Lorenzo

Blackie Books

21 euros

Disponible en préstamo en la Biblioteca Municipal “José Antonio García Blázquez”, de Plasencia

Publicado el 1 de mayo de 2020

 

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