La caverna al revés

La Cueva que da título a la última novela del escritor Jorge Ávila, es, en cierta medida, el reverso de la célebre caverna que aparece en la República de Platón, pues, si los personajes de esta vivían en la oscuridad, entregados a las sombras, incapaces de salir a la luz y contemplar, diáfana, la verdad, los de aquella, ilustrados habitantes del mundo así llamado real, deciden de manera consciente y voluntaria recluirse en una cueva, transformar el piso donde viven en una gruta y convertirse, ellos mismos, en una suerte de clan del oso cavernario, persiguiendo, con ese excéntrico viaje en el tiempo, vislumbrar algún tipo de ontología, de razón de ser, rescatar, quizá, la visión del origen de las cosas, de nuestra condición de hombres.

El proyecto, sin embargo, no acaba de parecer nunca del todo claro, con un salón convertido en una caverna de cartón piedra, con su fuego y sus pinturas rupestres facsimilares, que convive con dormitorios, camas y cuartos de baño, con teléfonos móviles y libros que tardan en desaparecer del todo de sus vidas, y con un fin último que para Palmiro –uno de los promotores– es de tipo filosófico, mientras que para Galo –el otro de ellos– es de carácter más práctico, más antropológico.

Puede que sea esa indefinición, ese deseo vago de alcanzar, sin saber nunca muy bien del todo cómo, algo que, por muchos esfuerzos conceptuales que hagan, al final se les escapa de las manos, y para el que los motivos últimos de cada uno nunca acaban de parecer del todo claros, los que hacen que, cuando se suman nuevos cavernícolas a la aventura (primero Naváis, un estudiante que acaba de terminar Psicología deslumbrado por los afanes provocativos y eruditos de los otros dos; y luego María, la cronista de la historia, una hermosa muchacha, no menos deslumbrada por el saber, que llega al piso-cueva desorientada, huyendo de una oscura amenaza), el tinglado filosófico o antropológico se desbarate y la convivencia troglodita se vaya transformando, poco a poco, impulsado por el viejo asunto del amor y de los celos, en una especie de Gran Hermano intelectual en el que más de uno, en el fondo, desea ser nominado.

Y hasta ahí puedo leer, o escribir, sobre Cueva, una novela declaradamente intelectual en la que los personajes parecen, por momentos, protagonistas de diálogos filosóficos (esos artefactos narrativos con los que se pretendía alcanzar –imitando por escrito la peculiar forma de razonar de Sócrates– la verdad última de las cosas), y que utiliza la ficción, o la fábula, de un modo que a ratos hace recordar a Nietzsche, para indagar en nuestra mente, en nuestra conciencia, en lo que en el fondo somos, y con la que Jorge Ávila, autor, hasta la fecha, de la novela corta Tambores de Pareja y del libro de relatos Conversaciones antes del despertador, da un ambicioso paso adelante en su carrera literaria.

 

Cueva

Jorge Ávila

Siete Pisos

16,95 euros

 

Texto de Juan Ramón Santos para su columna Con VE de libro. 

Publicado el 17 de abril de 2020

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