De la hombría

El momento más intenso de El día de la lechuza, de Leonardo Sciascia (una novela, por cierto, que debería recomendar un día de estos) es el interrogatorio de don Mariano, un jefe mafioso que, en un momento dado del diálogo, le dice al capitán Bellodi –responsable de una investigación criminal en la que figura como sospechoso– que la humanidad se divide en cinco categorías: los hombres, los medio-hombres, los hombrecillos, los tomaporculo y los cuacuaracuá (“gli uomini, i mezz’uomini, gli ominicchidi, i (con rispetto parlando), pigliainculo e i quaquaraquà”, dice literal y muy gráficamente el autor en italiano). Una clasificación similar de la hombría, autóctona y más escueta, es la que hacía el padre del escritor Francisco Rodríguez Criado y que da título a su último libro, Hombres, hombrinos, macacos y macaquinos, su regreso al cuento, un género en el que ya es un veterano, con títulos como Sopa de pescado, Un elefante en Harrods o Los zapatos de Knut Hamsun.

Esta nueva colección recoge en total veintidós relatos que Fran Rodríguez Criado, fiel al título, divide en cuatro partes, “Hombres”, “Hombrinos”, “Macacos” y “Macaquinos”, epígrafes entre los que va distribuyendo a sus protagonistas, todos ellos personajes masculinos en momentos más o menos cruciales de sus vidas cuya altura moral a la hora de enfrentarlos es, podríamos decir, decreciente, como decreciente parece también la extensión que va a asignando a sus historias, desde el relato largo para los hombres (el primero de ellos, “Una profesión difícil”, ocupa casi la mitad del libro) hasta microrrelatos para los macaquinos (el último, “Lo maté porque se llamaba Max Aub” –todo un homenaje el género–, apenas tiene cuatro líneas). Y si la extensión es variable, también lo es el tono, que fluctúa entre el realismo sucio, lo insólito cotidiano y la pérdida de la magia, siempre desde un escepticismo y una distancia crítica muy propios de Fran Rodríguez Criado, muy reconocible también en guiños a la Literatura o al Arte como los que hace en “No existen las islas desiertas” o en “Leonardo, la máquina voladora y Sigmund Freud”.

El libro es, desde el título, el homenaje de un hijo, pero también una reflexión, entre líneas, sobre el lugar que ese mismo hijo ocupa, nel mezzo del cammin di nostra vita, en la escala moral tantas veces enunciada, medio en serio, medio en broma, por su padre. “Aquí estoy, tantos años después, sin saber muy bien si me habré convertido a sus ojos en un hombre, un hombrino, un macaco o un macaquino”, dice Fran Rodríguez Criado en la nota de autor que abre el libro. En este sentido, llama la atención que los cuentos más probablemente protagonizados por él, o, en todo caso, por algún un más que evidente alter ego (estoy pensando en “¿Y tú quién eres?” o en “Familia”), aparezcan en la parte final del libro, la de los “macaquinos”, haciéndose de menos tal vez por humildad, tal vez por algún tipo de reverencia casi kafkiana al padre, un puesto en el ranking que se me antoja más que injusto para alguien que ha demostrado sobradamente su altura, como escritor y como persona, sin ir más lejos en su anterior libro, El diario Down, de 2016, un libro valiente y conmovedor, que, como esta última colección de relatos con la que, felizmente, Fran Rodríguez Crido se vuelve a dejar ver el plumero, les aconsejo no dejar de leer.

 

Hombres, hombrinos, macacos y macaquinos

Francisco Rodríguez Criado

Ebook

2,99 euros

Disponible en Amazon

Texto de Juan Ramón Santos para su columna Con VE de libro

Publicado el 20 de marzo de 2020

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