Se despidió el Carnaval Jurdano con un sabor agridulce

Con las sombras de la noche, bien cuajadas ya, cubriendo la simpática y acogedora aldea jurdana de Peroti (en castellano, Pedro Muñoz), la que, en viejos documentos aparece como Pero Munio (munio es voz prerromana que significa cerro), se fueron alejando las algazaras de los cencerros, castañuelas y tamboriles.  Murió la Tía Rechonchona en el parto, sin que pudiera remediarlo el Doctol Marranu, pero el hijo recién nacido fue vitoreado, aupado hacia la límpida y azulísima bóveda del firmamento, tal que las pupilas de alguna que hizo mutis por el foro y no apareció por los Entruéjuh, pese a la romántica y poética invitación que ella releyó muchas veces.

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Tamborileru, El Machunu-Toreaol, Güella y otras carantóñah. Carnaval Jurdanu-2020. (Foto: Pedro Eizaguirre)

Y los hombres apalearon, castraron, ahorcaron y arrojaron a la hoguera al pobre Morcillu o Don Pericu.  Tenía que morir, para que, con él, se fueran todos los males y fríos del invierno, mientras Marcelu el de la Porra, envuelto en sus pieles de borrega, saltaba y aporreaba la tierra, para que ésta se despertara y brotara la vegetación con gran lozanía.  Y también tenía que perecer el Toreaol, al hincarle las astas el Toru Bardinu, el que está dotado de gran poder genésico y fertilizante; poderes que transmite, mediante la cornada, al del capote (armado también con un singular tamboril de corcha, relacionado con el mundo mágico de las brujas, las regórbah y las méngah).  Resucita el Toreaol cuando un paisano le da un largo trago de vino rojo, que, de manera metafórica, también es sangre trasvasada, y, fuera de sí, también realiza actos propiciatorios para fertilizar la tierra aún adormilada y momificada por las escarchas y los gélidos aires del norte.

Tiran con fuerza los güéyih (bueyes) del viejo arado romano, intentando clavar la reja (símbolo fálico) en la madre tierra, que no es otra que la gran vagina gigante, siempre receptiva a la semilla que desparraman los Araórih del rozu.  Y de la tierra surge, al pronto, la Cricona (crica, por tierras jurdanas, es el órgano sexual femenino), que deberá ser inseminada en una cópula realizada sobre el santo suelo.

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Muerte de el “Toru Bardinu”, que no tardará en resucitar con su fuerza fertilizadora. Carnaval Jurdanu-2020 (Foto: Vicente Martín M.)

Atrevida, heterodoxa y desinhibida estampa que, al igual que el enorme falo de El Morcillu, escandaliza a los mojigatos, a los gazmoños, a los estrechos y a los que desconocen por completo los cimientos y el armazón sobre el que se levanta el Carnaval Jurdanu, que, en su ignorancia, integrismo y santurronería, llegan a perder los estribos en las redes sociales.

Varios equipos de televisión, no solo españoles, que, a la vez que filmaban, encomiaban los indiscutibles valores de estas carnestolendas. Y también toda una gavilla de investigadores (antropólogos, etnomusicólogos, etnógrafos, folkloristas, estudiosos de la Cultura Tradicional…), que se relamían entrevistando a Manuel Presu y Hermilinda la Jurdana; a las Mózah del guinardu o a la Vaca Dulia, la que con sus enormes siete ubres amamantó a los Jáncanuh, de cuya casta había un buen ejemplar, con su único ojo en la frente, dentro de las corróbrah del Entrueju; a los Diabrílluh, que son horcas de palo venían a llevarse a alguno que estuviese ya en las últimas, para hacinarlo en los disiértuh del Tenebrón, guardados por el feroz perro Bigardu, o a la Jilaora, que, con sus cantos y su rueca y su uso propicia el emparejamiento de los mozuelillos.  A Pericu el de lah Júrdih Málah y a la Carantoña de lah bollágrah; al Arcardi Mozu y a los artífices de La Osa del Cabezu; al Tíu de la paja, al Zajuril, al Machu Lanú y, en fin, a toda una serie de carantóñah (personajes que se caracterizan por llevar pieles o ropas viejas, ir tiznados de negro, portar un cinto cargado de cencerros, tocar cualquier tipo de instrumentos pastoriles y hacer las gracias que le vengan en gana).

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La “Tía Rechonchona” ha roto aguas y está a punto de parir. Las comadres y el tamborilero la animan en el trance. (Foto. Vicente Martín M.)

El resquemor de lo agrio

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“Güéyih” y otros “cornúh” están tramando alguna de las suyas. (Foto: Vicente Martín M.)

El lleno fue total. Hablamos con varios que, según ellos, venían huyendo del carnaval consumista, muy glamuroso pero vacío de espíritu carnavalesco, al que les tenían acostumbrados las ciudades donde residían. Por la noche, nos comentaron que el Carnaval Jurdanu había supuesto para ellos todo un revulsivo y que volverían, sin falta, el próximo año. Había gente venida de los puntos geográficos más dispares.  Pero se notó, como ocurrió en la alquería de Horcajo en 2016, la negativa influencia de celebrar el mismo día un concurso de disfraces, que jamás puede ser considerado como un carnaval, en el cercano pueblo de Pinofranqueado, que también es cabeza de concejo.  Hasta tal punto incidió la celebración de ese seudocarnaval, lleno de mucha fruslería y farfolla colorista y sicodélica, que los jóvenes que tenían que haber representado, dentro del Carnaval Jurdanu, los rejuíjuh (cuadros escénicos de los Entruéjuh) de La Jilaora y loh mocínuh y aquel otro de La Madredama desertaron hacia el pueblo de El Pino, y la Jilaora y la Madredama se quedaron, lamentablemente, compuestas y sin novio.  Esa deserción lo dice todo y debe servir de meditación para más de dos.  No están Las Hurdes para perder más zonas pilíferas de sus raíces tradicionales, que ya han perdido bastantes. Ello ha motivado que los miembros de Estampas Jurdanas se nieguen a participar en la próxima edición del Carnaval Jurdanu que se celebre en el concejo de Pinofranqueado, en la alquería correspondiente, si el Sábadu Gordu del Entrueju se lleva a cabo ese desfile de disfraces que nada tiene que ver con la tradición carnavalesca de la comarca de Las Hurdes.

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El “rejuiju de la paja”. (Foto: Vicente Martín Martín)

La Mancomunidad de Las Hurdes se debe plantear muy seriamente si está comprometido y apuesta decididamente por el Carnaval Jurdanu.  Los vecinos de Peroti se han volcado en la fiesta de este año, con su alcalde-pedáneo a la cabeza, Francisco Domínguez Duarte, y hay que agradecérselo fraternal y mancomunadamente.  Pero no se encontró el Burru del Entrueju, que es pieza indispensable en el festejo; animal al que, por cierto, se le trata con gran mimo y aprecio en la fiesta.  Si el Rey del Carnaval no cabalga a lomos de un jumento, su categoría carnavalesca queda rebajada a la mínima expresión.  En Villanueva de la Vera, tuvieron un buen acuerdo para tener a mano todos los años un asno en el carnaval del Peropalo.  Pues que aprendan de los pencones.  Y  hay que buscar un espacio desahogado para poder llevar a buen puerto los consabidos rejuíjuh, con las vallas correspondientes para evitar las avalanchas del personal, aunque, ciertamente, frenar a estos desobedientes, contraventores y desaforados entruéjuh es como poner puertas al campo. Lo suyo sería que las teatralizaciones que se vienen realizando desde que se rescató y salvaguardó el Carnaval Jurdanu a finales de los años 80 del pasado siglo, pasaran a formar parte de los esquemas mentales de la totalidad de los jurdanos asistentes y éstos dieran el salto de espectadores a activos actores.  Pero para ello hay que tener muy interiorizado lo que entraña, significa y simboliza la fiesta, porque todavía se han colado gente con indumentarias que son anodinos e insulsos disfraces del Carnaval de Plástico.

Amacho Charra quesos plasenciaIgualmente, la Mancomunidad, Ayuntamientos, Centro de Documentación y alguna que otra asociación de la comarca deben velar porque se dote a dicho festejo de una megafonía en condiciones.  A algunos todavía nos dura la afonía de estar toda la jornada desgañitándonos para que no se desmandara lo que entendemos que es una organización desorganizada, pues todo auténtico carnaval que se precie de ello no puede estar sujeto a ortodoxas jerarquías y desfiles de tipo militar sino están impregnados de un incisivo sarcasmo, y, además, está reñido con todo lo que represente autoridad civil o eclesiástica.  Megafonía que se oiga de una punta a otra del territorio jurdano y un escenario en condiciones, ya que así lo exigen ciertas representaciones y que esté a una distancia prudencial de las barras de bebidas que se monten.  Y también, claro está, cuidar de las gastronomías que eran propias antiguamente de los días de los carnavales.  Sin olvidar tampoco que las asociaciones del concejo deben echar una mano a la alquería donde toca la celebración, pues ocurre que faltan, en muchas ocasiones, recursos humanos y no se pueden poner en pie ciertos personajes que son fundamentalísimos para el desarrollo de tales carnestolendas.  Este año nos hemos quedado sin el Obihpu Jurdanu, el Lagareru o el Padri Piolu del Conventu de Lah Batuécah.

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El gran cartel del “Carnaval Jurdanu” minimiza a la “carantoña” del “Pajeru”. (Foto: Vicente Martín Martín)

Aparte de la ausencia de alguna que otra musa, o más que platónica musa, de iris de salvias guaraníticas, que no vino al Carnaval Jurdanu como tampoco fue a la isla de Hydra a seguir las huellas de Leonard Cohen y Marianne Ihlen, también se han echado de menos a ciertas fuerzas vivas de la comarca.  En cambio, alcaldes hubo, tal que el de Azabal y el del mismo pueblo anfitrión (Pedro Muñoz; en jurdanu, Peroti), que se entruejarun y se enzamarrarun y confraternizaron con vecinos y forasteros.  A nivel regional, pudimos ver a la ingeniera agrónoma y diputada de Podemos en la Asamblea de Extremadura Irene de Miguel, disfrutando con la gran familia carnavalera que se agolpó en la mentada alquería.  Y esta enorme familia no desea más resquemores de lo agrio, sino que llama a muchos jurdanos a que abran las neuronas de su materia gris y sean conscientes y consecuentes con su identidad y las de sus hijos y nietos, pues se están negando a sí mismos y negando a sus descendientes el conocer, participar, amar e interiorizar el legado carnavalesco de sus antepasados y eso entraña, de alguna forma, el hacer trizas el testigo que les pasaron, vendiéndose por un plato de lentejas a un seudocarnaval que no es ni mucho menos, el fiel reflejo de las fidedignas, legítimas y acreditadas tradiciones de Las Hurdes, ni contribuyen en modo alguno a hacer comarca.

Imagen superior: La plaza del pueblo de Peroti (Pedro Muñoz) comienza a llenarse de gente.  Van llegando las “corróbrah”. (Foto: Vicente Martín M.)

Texto de Félix Barroso para su columna A Cuerpo Gentil. Las opiniones e imágenes publicadas en esta columna son responsabilidad de su autor

Publicado el 26 de febrero de 2020

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