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Cartas de amor por San Valentín al abrigo del cementerio alemán

Mis eventuales paseos en solitario por La Vera, me han llevado en un lunes de esos amorfos a acercarme al Cementerio Alemán, en las cercanías del Monasterio de Yuste. Es un baño de nostalgia, de sueños militares, de silencios mágicos… Y como anillo al dedo, en los umbrales de San Valentín rondándome en la mente, imagino la cantidad de historias y romances que deben camuflarse en las tumbas de los “veintiséis soldados que descansan de la Primera Guerra Mundial y los ciento cincuenta y cuatro de la Segunda Guerra Mundial, en parte pertenecientes a tripulaciones de aviones que cayeron sobre España, submarinos y otros navíos de la armada hundidos”, como cita el libreto que manejo.

 

Cartas de amor

Hace poco  leí en la prensa que una mujer había recibido una carta de amor de su novio  setenta y siete años después de ser escrita por un soldado británico a bordo de un barco que fue hundido cuando navegaba por el Atlántico en la Segunda Guerra Mundial. Ella se llamaba Phyllis Ponting, de 99 años, una abuela de siete nietos, casada dos veces,  que no dudó de aquella historia de amor de juventud se hubiera llevado a cabo con Bill Walker, el soldado fenecido autor de la carta. Y aunque nunca había respondido ahora había podido saber que Bill Walker lloró de alegría cuando se enteró que ella había aceptado su propuesta de matrimonio.

Ante aquella sorpresa tardía ella declaró: “Habría acudido directamente a mi domicilio”, dijo. “Y nos habríamos casado. Me amó mucho”.  Sobre todo al leer lo que él la decía: “Si solo pudieras saber lo feliz que me hizo, cariño…”, escribió Walker a su novia para transmitirle la felicidad que sentía con su compromiso matrimonial.

Cuántas historias en el cementerio alemán de La Vera

¡Cuántas cartas de amor se habrán perdido, cuantos amores habrán naufragado con resultados parecidos por los horrores de las guerras… pienso en mi paseo de noctámbulo entre las tumbas de aquellos soldados del Monasterio de Yuste. Haciendo extensivos esos amores defraudados a otras tantas tumbas, señaladas o perdidas en los campos de nuestra patria durante la Guerra Civil española.

Por eso, esta fecha de San Valentín me obliga a levantar mi copa junto a la de otros muchos amigos y paisanos por aquellas víctimas enamoradas y perdidas, con cartas o sin cartas, por los campos de España.

Y, de rebote, levantar una copa también por los corazones enamorados, mientras fumamos la grata pipa de la paz, esa que respiramos que todos deseamos.

Feliz día de San Valentín con amor y amistad. 

Publicado el 9 de febrero de 2020

Colaborador de planVE
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