Felix Barroso

El pueblo jurdano de Peroti (Pedro Muñoz) eligió al ‘Rey de loh Entruéjuh’

Si viviera Hipólito Panadero Azabal, Tíu Polu el Jurdanu, cumpliría los 100 años en este 2020.  Muchas veces hablamos con él. Nos cantó viejas coplas y romances, nos relató cantidad de cuentos y leyendas y nos abrió las puertas al mundo mítico de estas quebradas montañas que aún guardan muchos arcanos en sus corazones pizarrosos.  Ciertamente, no acabamos de entender cómo a este hijo de la alquería de La Fragosa le decían El Jurdanu los propios vecinos de Caminomorisco (anteriormente, Las Calabazas), un pueblo al que le salía y le sale por sus costuras auténtica savia jurdana.  Tampoco lo entendía él muy bien.  La complejidad del antiguo entretejido socioantropológico de la comarca de Las Hurdes nos llevaría muchas páginas, aunque algunos cineastas y escritores, cegados por sus prejuicios, resolvieran el asunto con cuatro crapulosos y mendaces fotogramas o renglones.

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Reyes Martín Iglesias, vecino de «Peroti» y que será elegido «Rey del Carnaval Jurdanu» el próximo 22 de febrero. (Foto: Fco. Domínguez Duarte)

Tío Polo siempre oyó contar a los antiguos que cierto año, allá cuando llevaba las riendas de la comarca jurdana el rey Batuecu, que siempre andaba peleándose con los Jáncanuh por un quítame allá esas pajas (eterno y antiquísimo mito de los enfrentamientos entre pastores y agricultores), pues vino un invierno no malo, sino peor.  Parecía que el diluvio universal había llegado a la zona.  Se perdían los sembrados, se venían abajo los terrenos abancalados, las cabras morían del peeru y de la zangurriña y la gente enfermaba y creía que llegaba el fin del mundo.  Aconteció que, en las entrivíhpirah de los carnavales (en cuántih pasorin luh rejuíjuh de la primé entruejá, alreó del Juévih de comadri, según nos relata Tío Polo, que, por cierto, aquel nebuloso año ni siquiera se celebraron), vieron bajar a un hombre con un borriquillo, que había traspuesto el Picu de la Correra, El Regaju y El Lombu de la Pina.  Vestía con harapos y tenía pinta de pidiol (mendigo de oficio).  El primer pueblo en el que entró fue La Fragosa.  Pidió que le dieran posada por una noche para el burrito y para él, una lumbre para secarse las ropas, pues venía empapado de arriba abajo, y algo para comer.  Y Tío Polo refería que el pobre hombre les dijo a los vecinos: –Si asín lu jacéih, en cuántih amaneza, me lu agradeceréih. Los vecinos abrieron sus brazos y mostraron su secular hospitalidad.  En cuanto amaneció, la gente no daba crédito a lo que sucedía: el sol salía con enormes ímpetus y la tierra comenzaba a secarse con gran rapidez.  Era el Sábadu Gordu del Entrueju.  Entonces, todo el vecindario consideró que aquello era como un milagro que había obrado el triste limosnero.  Y decidieron en concejo abierto que había que nombrarle Rey de luh Entruéjuh y que aquel año se celebrarían los carnavales como nunca jamás se habían celebrado.  Fueron en busca de él y, aunque se mostró reacio y se negaba rotundamente a pasar de indigente a rey, aceptó por fin y, subiéndole en el burro, lo pasearon por toda la alquería, aclamándole como el Rey de luh Entruéjuh.

Reyes Martín Iglesias

Felix Barroso

El gran amigo José Bautista Crespo, que se nos fue en junio de 2016, tan solo dos años después de que fuera elegido rey del «Carnaval Jurdanu» en su pueblo de Martilandrán. En la foto, en su papel de mendigo o de «pidiol», antes de que lo entronizaran como rey. (Foto. F.B.G.)

Que sepamos, por primera vez en la larguísima historia de los carnavales jurdanos, ha sido elegido por el pueblo como rey un vecino llamado Reyes.  Todo queda en casa.  Reyes Martín Iglesias es de la alquería de Cambrón, en el concejo de Caminomorisco, pero él ha residido desde que se casó con Regina Guzmán Martín, en el pueblo de ésta, que no es otro que Pedro Muñoz (para los jurdanos, Peroti), en el concejo de la villa jurdana de El Casar de Palomero.   Pues Reyes, el rey entre los reyes, aguardará, con sus indumentarias harapientas y su botella de vino en la mano, en una destartalada vivienda de Peroti desde primeras horas del día.  Luego, cuando el gentío haya calentado motores con el aguardiente y los matajámbrih y hayan sido deleitados sus oídos con las tonáh de loh entruéjuh que entonarán, acompañadas por sus zambombas, las mujeres peroteñas, comenzará la furriona.  Todos, en tropel, marcharán en busca del infeliz pedigüeño e intentarán que les abra la puerta de la casa, para vitorearle como rey.  Pero él se aferra a las mohosas paredes de la casa, teniendo que intervenir el Zajuril, un legendario personaje que, históricamente, siempre fue respetado por la comunidad jurdana.  Éste logra convencerle y, una vez que le cantan la Ronda del Carnaval las Mózah del guinardu, lo aúpan al burro y todo son tamborileos, atronar de cencerros, rejínchuh y acuquéuh.  Vuela la paja por el aire, como símbolo de fertilidad y, a la vuelta de cualquier esquina, aparece el Toru bardinu o el Machu Lanú, la Osa de El Cabezu o La Madredama y loh quíntuh fanfarrónih, Marcelu el de la Porra o el Padri Piolu del conventu de lah Batuécah, el Obíspu jurdanu, el Arruverdi o la Jilaora y los mocínuh, el Jáncanu y Hermelinda la Jurdana…  Todo un sinfín de rejuíjuh (cuadros carnavalescos) que, en auténtica organización desorganizada, se arrimarán, de vez en vez, a la cuba del ponchi jurdanu y darán fe, delante del Arcardi-mozu, de que quien, en el entrueju, no abranda el galgueru, ni tieni halbeliá ni tiene saleru y de que máh vali moril en el entrueju jartu qu,ehtal tó el añu con loh mócuh colgandu.

Felix Barroso

El rey saliente, José Luis «El Tabarru», que fue entronizado el pasado año en la alquería de El Cabezo, cabalgando a lomos del «burru de loh entruéjuh». (Foto: «Tabarra»)

Por la tarde, después de que los Araórih del rozu y la Cricona se echen a la plaza y representen uno de los rejuíjuh más señeros y más desinbidos del Carnaval Jurdanu, de que la Tía Rechonchona rompa aguas y se ponga de parto, muriendo en el intento pero pariendo un muchacho lozano y colorado (siempre presente la dualidad muerte-resurrección en las carnestolendas jurdanas) y que otras carantóñah, como los Diabrílluh, con sus horcas de palo, hagan de las suyas, entonces se marchará al que será entronizado como nuevo rey de la comarca.  En el fondo, un rey que tiene más de republicano que de monarca antidemocrático, al haber sido elegido asambleariamente en concejo abierto y estar sujeto, según mandan los cánones tradicionales, al control del pueblo a lo largo de su año de mandato.  El rey saliente, el que fue elegido el pasado invierno en la alquería de El Cabezo, José Luis Domínguez Marcos, será el encargado de entronizar a su sustituto, entregándole la corona, la capa, la espada y un gran collar de ajos, a fin de espantar, en el año de regencia, a las brujas, méngah, encorujáh, pelujáncanuh, diáñuh y malgüehtriah que anden rondando por el territorio jurdano.  Mientras tiene lugar la entronización, se lee el Pregón del Entrueju, en donde se glosa la vida y hechos del nuevo rey.  Luego, los antiguos reyes del Carnaval Jurdanu presentes en la plaza, ejecutarán la Danza de loh garrótih, bajo el son de los tamboriles y las gaitas.  Y después de que los reyes entrante y saliente se pavoneen montados en el mismo asno y den una vuelta en redondo, se oirán al fondo las puyas, los gritos, los cánticos y las llantinas de los que, atropelladamente, van detrás de El Morcillu o Don Pericu, el gigantesco pelele, mitad macho cabrío, mitad hombre, que se erige, posiblemente, en el más emblemático antropomorfo de todo estos Entruéjuh, hoy declarados de Interés Turístico.  Pero de ello ya daremos cuenta en el último capítulo dedicado a estos festejos populares, con raíces, cimientos y armazones tradicionales, a años luz del Carnaval de plástico, vertebrado por la sociedad consumista-capitalista y al que da de lado cualquier territorio que se jacta de su identidad acrisolada por los siglos.

El «burru de loh entruéjuh» engalanado para la ocasión. «Carnaval Jurdanu» celebrado en Azaba (2017). (Foto: «Prenda»)

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Imagen superior: Antiguos reyes del «Carnaval Jurdanu» posando para la cámara. (Foto. F.B.G.)

Texto de Félix Barroso para su columna A Cuerpo Gentil. Las opiniones e imágenes publicadas en esta columna son responsabilidad de su autor.

Publicado el 12 de febrero de 2020

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