Félix Barroso

Rompiendo carámbanos, San Sebastián llega al pueblo de Aceituna

Hay que romper una lanza en pro de aquellos pueblos que, pese al latigazo de la emigración y pasar a formar parte de la España vaciada, han sabido mantener el tipo y salvaguardar y poner en valor sus fiestas pertenecientes al ciclo invernal. Entre ellos, nuestro querido pueblo de los canchaléruh, del que más de una vez dijimos que eran duros como los propios canchálih (roquedos graníticos) de sus términos tanto para el trabajo como para la fiesta.  Son muchos los riscos granitoides que se desparraman por doquier y que, antes de la modernidad (mal entendida para muchos), eran también uña y carne del casco urbano.

Aceituna Félix Barroso

El pueblo de Aceituna puede presumir de una inmensa dehesa boyal de robles melojos, única en Extremadura. Por ello, cuenta con el Centro de Interpretación del robledal y se le ha concedido el título de Parque Periurbano de Conservación y Ocio. En la imagen, peña caballera en dicha dehesa. (Foto: F.B.G.)

Más al poniente, traspasando la frontera portuguesa, que está, como se suele decir, al alcance de la mano, se encuentra el pueblo lusitano de Monsanto, cuyos vecinos desecharon ladrillos cara vista, carpinterías de aluminio y fibrocementos y mantuvieron los peñascos que se metían casi en sus casas, sus poyos de granito a las puertas de las viviendas, sus calles enrolladas y lo vistieron con cientos de macetas de flores. Hoy en día, es todo un hito turístico, adonde acuden, en todo tiempo, miles de viajeros y curiosos, que dejan muy buenos dividendos.  Pero por tierras extremeñas, la falsa modernidad se zampó en un periquete nuestra arquitectura tradicional, renegando de la nobleza de la piedra y llenando las escombreras de piezas únicas, artesanas, laboreadas secularmente por los canteros y alarifes de la zona, que manejaban con diestra mano ya fuere la pizarra o la moleña.  Bien cerca de Aceituna está la comarca natural de Las Hurdes, con 45 núcleos habitados y donde la singular, heterodoxa, antiquísima, bioclimática y armoniosa pero mal llamada arquitectura negra va a la deriva, zozobrando dentro de un proceloso mar de pizarras que acabará por ahogarla, y todo por unas malas políticas de la Administración y por la falta de concienciación de los propios jurdanos.

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Foto-documento. Paisanos “canchaléruh” en otros tiempos. (Archivos de Josafat Clemente Pérez)

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“La Cruz del Agua” o la cristianización de un menhir. Aceituna goza de un relevante pasado prehistórico. (Foto: F.B.G.)

Pero, sin perder de vista los párrafos anteriores, vámonos a recibir a San Sebastián, que, rompiendo carámbanos, se va a acercando en estos días hacia el lugar de Aceituna.  Por estas tierras, siempre se dijo aquello de: De loh sántuh frioléruh, San Sebahtián el primeru.  ¡Detente, varón, qu,el primeru eh San Antón!  Será por aquello de que San Antón se celebra tres días antes, el 17 de enero.  Será el día 20 de dicho mes cuando nuestros nobles amigos los canchaléruh procesionen a San Sebastián, el que fuera capitán de la primera cohorte de la guardia pretoriana en el siglo III de nuestra era, en los años en que eran cooemperadores romanos Diocleciano y Maximiano.  Bajo los sones de los tamborileros (Aceituna siempre fue cuna de esos emblemáticos músicos populares), los vecinos ejecutarán el antiquísimo rito de Echal la bandera, siempre con emoción y con gallardía.  El santo, nacido en la ciudad francesa de Narbona y asaeteado en Roma, con el cuerpo semidesnudo y cubierto de flechas, permanece impasible sobre las andas mientras caracolea el pendón bermejo y suben hacia el firmamento las arcaicas notas (no se conoce letra a tal toque religioso, posiblemente de carácter bélico y militar en sus orígenes) de la flauta.

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Grupo de tamborileros, la mayoría “canchaléruh” (incluidas las dos tamborileras) en uno de los rincones más tradicionales del pueblo. (Foto: “Canchalera”)

Pero San Sebastián no moriría pese a tener el cuerpo completamente acribillado por saetas.  Lo recogería una hermosa dama, esposa de un cónsul romano, llamada Irene.  Pero los odios y las intrigas palaciegas y su conversión al cristianismo acabaron matándole a palos.  Su culto llegaría al pueblo de Aceituna en oscuras épocas de la Edad Media, tiempo de pestes, indigencias y otras malatías.  La antigua creencia consideraba que aquellos terribles males eran como flechas que el Sumo Hacedor, que formaba parte de sus divinidades, enviaba sobre la tierra.  Pues la mejor fórmula para librarse de tanta lluvia de dardos era buscar un abogado que hubiera sobrevivido a su asaetamiento.  ¿Y quién mejor que San Sebastián? El culto se extendió como mancha de aceite, que no había pueblo que no tuviera sus alifafes.  No hay que buscarle tres patas al banco, aseverando que vino con la Repoblación astur-leonesa, sin tesis cimentadas.

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Un chaval dispuesto a echar la bandera el día de San Sebastián “El Chicu”. (Foto. “Canchalera”)

Joaquín Sabina

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Tumbas tardoantiguas excavadas en la roca, en el paraje de “Loh Linárih”. De izq. a dcha., Eufemio Pérez Pérez, José Luis Gil Lorenzo y Josafat Clemente Pérez, alcalde de la localidad. (Foto: F.B.G.)

Las fiestas, sin embargo, echarán a andar el sábado, día 18, a eso de las 22, 30 horas, con un tributo a Joaquín Sabina, a cargo de Pongamos que hablo de Joaquín.  Y como la escarcha a esa hora andará haciendo de las suyas, el tributo a tan icónico, insurrecto y romántico cantautor, poeta y pintor se celebrará en la carpa instalada en la plaza de La Libertad, cuyo nombre viene al pelo.   El domingo, día 19, se llevará a cabo el X Torneo Tito Antón (Benjamín de fútbol-sala, en el pabellón municipal).  La jornada siguiente es la dedicada a homenajear al santo, cuya imagen, que todo hay que decirlo, se universalizó a partir del siglo XVI.  Pero todo apunta a que fue más por su atractiva iconografía que por razones piadosas.  El cuerpo joven, semidesnudo y sedosamente musculado en su apolínea compostura, embelesó a los ojos femeninos, que se volvieron chiribitas ante tan preciosa talla.  Después de los actos religiosos, mucho compadreo y comadreo por los bares del lugar y, llegando la noche, el grupo Musical Resaca animará con sus melodías verbeneras.

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Imagen de San Sebastián en la iglesia parroquial de Aceituna: talla de las que proliferaron a partir del siglo XVI. (Foto: Ángel Briz)

El martes, 21, se celebra a San Sebastián el Chicu, siendo los protagonistas los muchachos de la localidad, que serán quienes sacarán las andas en la correspondiente procesión.  Más tarde, el alcalde de la localidad, el buen amigo y colega Josafat Clemente Pérez, siempre abierto de brazos para acoger a vecinos y forasteros, hará entrega de las becas para los niños de 3-6 años de la escuela infantil El Canchal, escolarizados y empadronados en Aceituna.  Igualmente, se entregarán las Ayudas de nacimiento, destinada a los nacidos en el pueblo en el año 2019.   Por la tarde, todos a cantar y a bailar detrás de la charanga Selena, que para ello se portan solos todos los simpáticos, dicharacheros y farristas vecinos de ese pueblo del que cuentan que debe su nombre a que el antiguo enclave, que ellos denominan la ciudad de Ébura, fue dado de arder por sus cuatro costados y quedó negro como una acetuna de loh chiquéruh del lagal (aceituna de los algorines de la almazara).  Y, por ello, Aceituna fue el nombre del nuevo pueblo.

Félix Barroso

Iglesia parroquial de Aceituna. (Foto: Ángel Briz).

Imagen superior: Dehesa boyal de Aceituna, declarada como Parque Periurbano de Conservación y Ocio” (Foto: J.J. S. Alcón)

Publicado el 15 de enero de 2020

Las opiniones e imágenes publicadas en la columna A Cuerpo Gentil son responsabilidad de Félix Barroso, su autor

 

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