Razón de partido

La última, frustrada legislatura, abortada sin que se llegase a lograr formar gobierno, ha venido a demostrar –si es que todavía era necesaria demostración alguna– que en las democracias occidentales –pues no creo que sea el caso sólo de España– la razón de partido está por encima de la razón de Estado. En una grave situación política, social y económica marcada por el independentismo catalán y por el fantasma, aún, de la crisis económica, pero en la que hubiera resultado relativamente fácil, a partir de la mayoría del PSOE, negociar coaliciones por la izquierda o la derecha que diesen pie a un gobierno estable, los partidos políticos parecen haber estado más atentos a las posibilidades que les ofrecía la repetición de elecciones, a si podían dar lugar a recuperaciones, sorpassos o mayorías absolutas que mejorasen su posición, y, después de sopesar pros y contras auxiliados, sin duda, por sondeos y encuestas de opinión, han preferido probar suerte aun a riesgo de acabar provocando, como han provocado, una fragmentación política todavía mayor o de franquearle el paso al inquietante –como poco– populismo de extrema derecha. En estos meses, en definitiva, deben de haberse repetido con frecuencia, en cada vuelta de tuerca del proceso negociador y a medida que el tiempo para formar gobierno se agotaba, situaciones más que similares, asimilables a la que describe Rui Díaz en El cuento del espejo, relato con el que resultó ganador en 2018 del XXXVIII Premio de Narración Corta Felipe Trigo, publicado recientemente por la Fundación José Manuel Lara.

El cuento de Rui tiene lugar en un momento cercano a unas elecciones en las que el partido en el gobierno tiene pocas opciones de revalidar su mandato. En esas circunstancias se produce un hecho inesperado cuyas consecuencias pueden mejorar notablemente sus perspectivas, pero que implica tomar una decisión importante y de terribles consecuencias para la que es fundamental sondear a la opinión pública. Ahí es donde entra en juego la empresa demoscópica que protagoniza y en la que transcurre el relato. Ese sería, a grandes rasgos, el cuento, pero, ¿a qué espejo se refiere el título? En una acertada analogía con Blancanieves, Rui Díaz muestra a las empresas dedicadas a encuestas, sondeos y barómetros como el espejo mágico en el que los partidos políticos se miran para saber cómo son vistos por los votantes, poniendo de relieve la manipulación, el cinismo con el que, desde las propias empresas y desde los partidos, se juega con los datos y con los ciudadanos, todo ello en una ágil trama de enredo que acaba por resultar cómica y dramática al mismo tiempo.

Y hablo de comedia y hablo de drama porque entre teatro y narrativa se establece también en el libro un juego de reflejos, esta vez, metaliterario, pues, como el propio autor ha reconocido, El cuento del espejo fue una obra de teatro antes de transformarse en narración, y esa huella se nota en el predominio del diálogo, en el tono de acotación de muchas de las intervenciones del narrador, en la condición eminentemente dramática, a veces clownesca, de muchos de sus personajes y en alguna que otra alusión explícita a lo teatral que por momentos hace pensar que lo que estamos leyendo no es sino la descripción de una puesta en escena, con lo que uno acaba teniendo la sensación de que esa obra de teatro convertida en novela corta no es sino el reflejo de un reflejo, la ficción de una ficción, la mentira de una mentira que, como resultado de una imponente lógica matemática –menos por menos más–, acaba resultando intensamente verídica, mostrándonos a las claras una realidad que, como en otro cuento, El traje nuevo del Emperador, que aparece citado al principio y al final del libro, muchos conocemos, o imaginamos, pero callamos, quizá porque acaba por poner seriamente en entredicho, en estos tiempos tan difíciles, nuestro modelo de democracia, cosas estas todas, supongo, de las que hablaremos, si tienen la amabilidad de acompañarnos, en la presentación, el viernes 7 de febrero, en la librería La Puerta de Tannhäuser, de este libro estupendo, que por momentos hace recordar a episodios de una serie magnífica y terrible, Black Mirror, o a las escenas de una no menos magnífica y terrible obra de teatro, Contra la democracia, del dramaturgo Esteve Soler, maravillosamente puesta en escena, por cierto, por la compañía extremeña Teatro del Noctámbulo. Allí les esperamos.

 

El cuento del espejo

Rui Díaz

Fundación José Manuel Lara

8 euros

Cantero Abogados Plasencia

Publicado el 10 de enero de 2020

Texto de Juan Ramón Santos para su columna Con VE de libro

Con VE de libro columna de Juan RAmón Santos en planVE

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